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Lunes, 10 de diciembre de 2018
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domingo, 05 de mayo de 2013
El regreso del Cuarto Poder
Durante estos días, unos de los grandes temas de la agenda mediática fue el tratamiento intensivo de ciertas operaciones de lavado de dinero y corrupción, que vincularon a personajes de la farándula y la política. El desencadenante, fue un informe presentado por un conocido programa nocturno de los domingos emitido por Canal 13, donde se intentó demostrar diversos giros y negocios millonarios. Esto nos hace reflexionar sobre el poder que han adquirido los medios de comunicación y el propio periodismo que, ante una justicia muy cuestionada y con pocas respuestas, comenzó a desempeñar un antiguo papel, el de Cuarto Poder.
Hace ya varios años, la prensa y los medios de comunicación, representaron un recurso de los ciudadanos contra el abuso de poder. De esta manera, tras las fallas y malas actuaciones de los poderes tradicionales -ejecutivo, legislativo y judicial- es que se llegó a considerar a la profesión periodística como el Cuarto Poder, como aquel que velaba por los derechos del pueblo y denunciaba las diferentes violaciones de los mismos. Le daba así, la posibilidad a los habitantes para criticar, rechazar o enfrentar ciertas decisiones injustas o inocuas; tanto, que llegaron a constituirse como la voz de los sin-voz.
Muchos son los ejemplos de esta corriente, que nació en los años previos a la Revolución Francesa y perduró hasta hace poco menos de quince años, donde se vio desplazada por la globalización e instauración de grandes empresas mediáticas. Argentina no quedó aislada de esta forma de hacer periodismo; en 1957, y de la mano de Rodolfo Walsh, revolucionó al país una especie de novela periodística que recibió el nombre de “Operación Masacre”; la misma, fue publicada en varias entregas por el Diario Mayoría, y tuvo como propósito desmantelar y poner en tela de juicio accionares de los protagonistas militares de la llamada Revolución Libertadora. Dicha saga, le otorgó al trabajador de prensa nacional el carácter de servidor a favor de la equidad y la verdad.
Como dije, la globalización hizo que los instrumentos de comunicación masiva, tiendan a agruparse en inmensas estructuras para conformar grupos mediáticos de alcance mundial, con los cuales convivimos en nuestro día a día. Pero al parecer, esto está comenzando a cambiar; si bien el desarrollo de estas megaempresas continúa en pie y su crecimiento es cada vez mayor, el papel de sus integrantes, ante un gran desorden social, se ha vuelto mucho más participativo. Hoy los periodistas están ocupando ciertos lugares y realizando tareas que los demás poderes no pueden o no muestran interés por desarrollar. Ya es común observar, en los diferentes formatos, monumentales informes de investigación que abordan tópicos sobre diferentes cuestiones que abruman la realidad política y social de nuestra comunidad.
Si bien la tarea de los formadores de noticias es necesaria para conocer lo que sucede en el mundo a través de su mirada, no tienen porque tomar dichas posiciones, que en un sistema democrático ensamblado y competente, no deberían ocupar.
Me resulta oportuno remontarme a las ideas del semiólogo y periodista español Ignacio Ramonet, quien en uno de sus tantos escritos, invita a la audiencia a construir lo que denomina “Quinto Poder”, cuyo objetivo es desmantelar las funciones y mecanismos de este pseudo cuarto poder por medio de la formación de una fuerza cívica, que a partir de la participación activa y una visión crítica, pueda denunciar el superpoder de los medios actuales de comunicación.
La situación planteada puede parecernos normal, ya que hemos naturalizado esta nueva labor de los productores de la información. Pero tenemos que luchar para que cada instancia del Estado cumpla satisfactoriamente sus funciones y que el hombre de prensa, represente tan sólo una profesión más entre las tantas existentes. Así, quitándole ciertas presiones económicas y políticas, el periodista se dedicará a su quehacer principal, el de ser dualista para que el mundo se vea a través de sus ojos y constituirse como un democratizador del conocimiento.


Agustín Curuchet