El Diario de Gualeguay
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Miércoles, 12 de diciembre de 2018
SEGUNDA SECCIÓN • PROF. PIAGGIO
1929
domingo, 03 de marzo de 2013
Presentación de Berta Singerman en Gualeguay
Interesante velada artística ofreció la renombrada visitante hacia fines de 1929. Berta Singerman llegó a nuestra ciudad siendo una estrella de la declamación y una actriz de reconocidos quilates.-
Berta Singerman nació el 9 de setiembre de 1901 en Rusia. A los 5 años llegó con su familia a Buenos Aires. Desde muy pequeña hacía obras de teatro con sus hermanos y vecinos que ella dirigía. A los 8 tuvo su primer papel de huérfana en una obra de teatro y a los 10 años integró un elenco que dirigía el actor judío norteamericano Moris Moskovich, de paso por Buenos Aires. En los veranos Berta salía con su padre haciendo parte de grupos de teatro que visitaban las colonias agrícolas judías de Santa Fe y Entre Ríos. La familia era pobre pero Berta consiguió becas de estudio por su afición a la Literatura y la Historia y su capacidad para recitar. A los 15 años se hace novia del que fuera luego su marido, Rubén Enrique Stolek. Con Berta, formaron parte del grupo Anaconda, del que hacían parte el escritor Horacio Quiroga, la poeta Alfonsina Storni, Emilia Bertolé, Arturo Capdevila y otros pintores y artistas. De los contactos y amistades del grupo nacieron las primeras presentaciones públicas de Berta. El primer gran éxito lo tuvo en 1918, con solo diecisiete años, en Montevideo; allí conoció a la poeta Juana de Ibarbourou, de la cual adoptó el poema El dulce milagro y al poeta Carlos Sabat Ercasty. De ahí en adelante el éxito de Berta Singerman fue meteórico. De regreso a Buenos Aires, se casó y viajó con su esposo – y nuevo manager - a Chile, donde debutó en el Teatro Municipal. La primera noche la sala estaba casi vacía; pero en ella estaba el poeta Pablo Neruda y el pianista Carlos Arrau. En pocos días, Berta logró repetir la hazaña de Montevideo al lograr llenar el teatro en las noches subsiguientes cuando la prensa comenzó a elogiar sus presentaciones. Su estilo fue bastante teatral, en el sentido que Berta personificaba cada poema y aunque hacía cambios de vestuario, eran pocos y más que todo era el uso de un chal, un manto, una pañoleta, lo que ella cambiaba. Su voz era fuerte, sensual, melodiosa y la sabía manejar con soltura. Berta estuvo en casi todos los países de América Latina en su larga carrera. Cosechó éxitos incluso en el Brasil donde en su primera presentación en Río de Janeiro, a teatro lleno, no recitó un solo poema en portugués. Visitó dos veces Israel donde recorrió el país declamando poemas en idish, en español y en otros idiomas. Fue amiga de los grandes escritores de la época, que alabaron su arte. Se convirtió en la primera mujer argentina en aparecer de solista en el Teatro Colón, en 1937. Recibió la Orden de San Carlos del gobierno colombiano, la Orden Rubén Darío del gobierno de Nicaragua, la Orden Cristóbal Colón de la República Dominicana. En 1979 el Pen Club Internacional le entrega su máximo galardón: La Pluma de Oro. Falleció a los 97 años el 10 de diciembre de 1998.
Las gestiones de Javier E. Coudannes, Presidente de la Sociedad Fomento Educacional habían resultado exitosas. La actriz Berta Singerman era esperada en Gualeguay con notable expectativa en los finales de 1929.
Las entradas para su actuación en el Teatro Italia, que fue anunciada para el sábado 6 de diciembre, podían retirarse anticipadamente en la Biblioteca Popular por cuanto la Sociedad Fomento era la patrocinadora de la función. EL DEBATE, en los días previos publicó el poema que la poetisa chilena Gabriela Mistral le dedicara. También se hacía eco de los juicios críticos altamente favorables a sus cualidades interpretativas. “Berta Singerman ha creado el género teatral de la declamación, construyéndolo en un espectáculo independiente y único”, decía Manuel Machado en La Libertad de Madrid. “Admiro a Berta Singerman el lirismo personal que pone en sus interpretaciones; vibración musical ante todo, lo más esencial de toda obra lírica”, Jacinto Benavente en El Sol de Madrid. “Dueña de una justa figura, de su perfecta actitud, de su gesto acorde, de su expresión bellísima, de su gracia diferente, de su voz inverosímil, de su completa emoción”, Juan Ramón Jiménez.
El 3 de diciembre, “EL DEBATE” publicó el programa a desarrollarse. Primera parte: La rosa niña, Rubén Darío; Aleluya, Luis G. Urbina; Hay que cuidarla mucho, Evaristo Carriego; De las propiedades que las dueñas chicas han, Arcipreste de Hita; Alegrías del mar, Carlos Sabat Ercasty. Segunda parte: Nanas, coplas de cuna, Anónimo; Pedir y tomar, Anónimo; El canto de la angustia, Leopoldo Lugones; La dicha, Paul Fort; Éramos siete hermanos, Gabriel D’Annunzio; Hombres necios que acusáis, Sor Juana Inés de la Cruz; Amor, Lope de Vega. Tercera parte: El canario se muere, Juan Ramón Jiménez; Bambo Bambú, motivo popular del Brasil, Anónimo; Silencio, Edgar Lee Masters; Romance de la infancia, Anónimo; Capricho, Alfonsina Storni; Las campanas, Edgar Alan Poe.
La sala del Teatro Italia estuvo repleta en la noche del sábado 6. El público ovacionó de pie a la eximia artista, haciéndole objeto de sus más expresivas demostraciones de afecto, de aplauso, de admiración y de simpatía.
La Singerman no se había limitado a decir los versos. Arrancó de ellos el potencial del alma. Los sintió, los animó, los vivió, los interpretó, consustanciada con lo que dicen, los representó, asegura la crónica.
Vivía en escena el poema con la verdad humana, el sentimiento, el gesto, la comunicativa elocuencia de una verdadera actriz.
A las 22 hs del día 7 dio comienzo en el Club Social una recepción en honor de la notable visitante, de ella participaron los más conspicuos y caracterizados personajes del ámbito cultural de Gualeguay en 1929.
Berta era hermana de la reconocida actriz Paulina Singerman, quien también se presentara con su compañía teatral en nuestra ciudad, décadas más tarde, con resonante éxito.-