El Diario de Gualeguay
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Martes, 21 de noviembre de 2017
SUPLEMENTOS • GUALEYOS
sábado, 08 de julio de 2017
Ivana Recalde: “Mi viaje en moto”
Continuamos con la travesía de Ivana Recalde y su compañero ecuatoriano Francisco Sepúlveda por el territorio brasileño, en una moto Vespa 1997. Ya habían disfrutado del paisaje y costumbres de pequeños pueblos y en especial de Torres donde se encontraron al fin con hermosas playas. Después de estar allí durante una semana, iniciaron el viaje hacia Florianópolis, distante unos 600 km.
¡Hacia allá vamos con estos recuerdos!
“Floripa” para los lugareños, pronto nosotros fuimos lugareños y dejamos de ser turistas. Aunque nunca fuimos turistas, ¡éramos viajeros! Nunca dormimos en hotel, ni comimos en restaurant, no nos compramos ningún sourvenirs de todos los países donde anduvimos en moto… El único propósito era ser parte de cada lugar que visitábamos y desenvolvernos como uno más de ellos y, de esa forma, conversando, compartiendo, ¡se vive el lugar!!! Así fue que, en “Floripa” estuvimos más de tres semanas; conocimos tanto que llegamos a lugares que los habitantes quedaban sorprendidos. “Floripa” se caracteriza por sus playas, pero nosotros encontramos más atractivos más allá de sus playas ya que cuenta con gran cantidad de “cerros” para escalar, su gastronomía marítima es codiciada, mezcla perfecta entre playas azules, arenas blancas y cerros verdes. Uno puede escoger a qué punto de la isla ir; nosotros escogimos…. ¡Todos….!!! Primero nos alojamos en casa de un amigo en el centro de la isla que nos dejó la llave del departamento dentro del motor del “fusca”, auto escarabajo. Pasamos una semana allí en su casa, nos esperó con la heladera llena de comida y unas cervezas artesanales del lugar. Como él se fue con su novia a surfear, nunca lo vimos. Al irnos le dejamos las llaves en el mismo lugar, y nos despedimos con una nota. Ésta fue una de las primeras experiencias alocadas que nos tocó, una gran demostración de confianza de una persona que vimos unas dos horas una noche cenando.

Cosas así, sólo en Brasil. En el centro de “Floripa”, nos manejábamos con “carona” (dedo), pero lo particular, es que antes que uno haga carona, los mismos autos paran y preguntan ¡si quieres que te lleven! Así nos paso durante la semana completa. Salimos a distintas playas, y las personas nos llevaban sin siquiera sacar nuestro dedo. De estas carona nos llevamos bellos recuerdos, por ejemplo una señora alemana nos contó su vida en Brasil; una chica que andaba sola nos llevo contándonos su vida de pareja y con su niño recién nacido; una pareja de chicos en una combi, ella era surfista y el azafato, nos llevaron a una playa escondida; historias, historias y más historias quedan de estas experiencias. En esta zona de “Floripa”, se encuentra una playa al mejor estilo de Leonardo Di Caprio; es una playa escondida, virgen, sin luz, ni agua, a la que sólo se llega de dos maneras, en barco o caminando. Obvio que nuestra economía era baja, y somos aventureros, entonces… a caminar.

Cruzamos un “morro” (cerro) durante 6 horas, llevando carpa, cocina, comida y 5 litros de agua. Un morro que cambiaba la vegetación pasando de ser árido y un verde tropical, se perdía la huella, luego bordeaba todo el mar, más tarde terminábamos rodeados de más montañas… Pensando que estábamos perdidos, empezamos a visualizar la playa a lo lejos. Realmente hermosa “Lagoinha del este”, una playa en forma de herradura, donde claramente no había acceso, pero nunca más deseada. Tiene la gran particularidad de que en un punto se mezclaba el agua salada del mar, y agua dulce de un lago que había. No había nadie en esta playa, solo una pareja que estaba estudiando ecosistemas del lugar. Acampamos dos días, se terminó el agua y no podíamos estar sin ella, así que decidimos volver a la ciudad, pero como estaba rodeada de morros, preferimos volver por otro lado, para ver donde salíamos… ¡Gran sorpresa la nuestra!, por este lugar que decidimos volver, cruzamos el morro ¡en solo una hora!!!!!! Nuestro asombro era tal, que no nos podíamos ni reír, ¡habíamos hecho el camino largo y equivocado!!! Luego de pasar una semana por el centro de la isla, probar comidas tradicionales, como la feijoada, pao de quijo, churrasco, tapioca y bebidas como batidos de coco, y guaraná, que la encuentro exquisita y una mezcla que hacían era quitarle a la sandia toda la carne, agregarle caipiriña y leche condensada… que es la bebida típica de la playa, nos fuimos hacia el norte de la misma. Aquí paramos en una playa llamada Praia Do Ingleses, un lugar muy turístico nos alojamos en una casa de otro motociclista, a una cuadra de la playa. Las playas para el lado norte me resultaron más cálidas, el agua celeste, azul arenas blancas y finas, muchos morros donde la vegetación verde tupida hacia de ésta una excursión imperdible. Morro da araña, fue uno de los más complicados y altos que hicimos en esta zona. Al ser viajeros y no comunicarnos tan bien, siempre terminábamos haciendo caminos más largo, pero el gusto está en la vista, los paisajes son exquisitos.

Luego de tres semanas en “Floripa” creímos que era hora de irnos de allí; el peligro está en querer quedarse, alguien nos dijo eso una vez, y tenía razón. De aquí nos fuimos con unos 5 kg. menos, y no era precisamente por no comer, porque siempre nos atendían muy bien las personas que nos recibían en sus casas; era por nuestra constante actividad, nunca nos quedábamos quietos en un punto.