El Diario de Gualeguay
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Martes, 21 de noviembre de 2017
REGIONALES • ACTUALIDAD
domingo, 16 de julio de 2017
La corrupción y la campaña.-
Los temas que se instalan en momentos previos y concomitantes a las campañas electorales suelen guardar, en los últimos tiempos, algunas llamativas similitudes. Lo que no debería llamar la atención si se tratara de discusiones políticas o ideológicas, de planes de corto y mediano plazo y sus correspondientes asignaciones presupuestarias, de los recursos derivados a la salud, a la seguridad o a la previsión social, circunstancias o aspectos que necesariamente reflejan el rumbo que los partidos o alianzas políticas desean imprimir a la distribución de la renta. Dicho en otros términos, qué sectores sociales se verán mejorados o castigados al momento del reparto de los bienes que la sociedad produce en su conjunto.
Lo que calificamos como llamativo es que, en verdad los apuntados temas quedan en un segundo plano, como si el bien común, la equidad, la independencia del Estado y sus poderes fueran ajenas o relegables a un segundo plano en la perspectiva política que la oferta electoral traduce. Porque todo ello se ve esfumado por las denuncias de corrupción contra los funcionarios, actuales o pasados, lo que de ninguna manera debe ser minimizado. Pero cuando gana el centro de la escena y diluye la discusión de lo que se hace, lo que se debe hacer o se omite, puede resultar más peligroso que la corrupción misma. Es el triunfo de la antipolítica que en los últimos años ha justificado la degradación más profunda de la sociedad argentina.

En las elecciones que consagraron democráticamente presidente al ingeniero Mauricio Macri, las tapas de los diarios, los programas televisivos y radiales de los principales medios, se dedicaron a privilegiar las irregularidades que se denunciaban en el quehacer de funcionarios públicos que ostentaban puestos de relevancia y, en aquella oportunidad, tuvieron como centro la persona del ex presidente Amado Boudou. En las propuestas del candidato que resultara vencedor se prometía a la ciudadanía que no se iba a devaluar la moneda; que se frenaría abruptamente la inflación con la llegada de inversiones; que no habría despidos; que se haría una defensa irrestricta de la industria nacional; que las decisiones a adoptarse tendrían como finalidad arribar a la pobreza cero; que el argentino futbolero seguiría gozando del futbol para todos. Podríamos continuar con la lista de los compromisos de campaña que ya pasado más de un año y medio de la asunción de nuestro presidente permite avizorar que en verdad aquellas propuestas se transformaron en un fraude ideológico similar al que protagonizara el presidente Carlos Menem. Que muy suelto de cuerpo llegó a confesar que si decía en su campaña lo que iba a hacer, la ciudadanía no lo acompañaría con su voto.

Hoy nuevamente tenemos a la corrupción como tema central, que aparece esencialmente personificada en la figura del ex ministro Julio De Vido. Para que no se malinterprete lo que se trata de significar, dejamos señalado de manera enfática y contundente que la corrupción es uno de los males que por su transversalidad y profundidad dificulta y hasta impide el funcionamiento normal de las instituciones de la República. De manera tal que enfrentarla con independencia del sector político, social, sindical, etc al que pertenezca el corrupto es un deber ciudadano que debe ser priorizado. De manera absoluta.

Para ello es necesario que la batalla sea seria y que no se utilice para desviar la atención y, de esa manera, soslayar las verdaderas cuestiones políticas que la ciudadanía debería debatir. Y en ese marco entendemos que los planteos anticipatorios de los grandes medios y de quienes se erigen en fiscales de la República no solamente no es serio, sino que tiene como objetivo excluyente esconder aunque, sea parcialmente, la realidad cotidiana. Ello se visualiza con claridad si vemos que en el gobierno que presidía la Dra. Fernández de Kirchner formaron parte Randazzo, Rodríguez, Timerman, Barañao, Parodi, Rossi, Fernández, Casamiquela, Kicillof, sobre los que en verdad no media una ostensible persecución judicial y, en algunos casos, ni siquiera se los menciona como autores o partícipes de ningún ilícito. Para no hacernos los distraídos no nos olvidamos de los bolsos del señor López, de los dólares de Felisa Miceli, ni de los enjuagues de Schiavi y otros funcionarios de la anterior gestión.

En algo más de un año y medio, Cabrera, Buryaile, Lombardi, Aguad, Sturzenegger, Ibarra, Dietrich, para nombrar algunos, se encuentran señalados como rozando conductas delictuales. También podríamos aludir a Fernando Niembro, a quien nuestro presidente y nuestra actual gobernadora de Buenos Aires, siendo jefe y vicejefa del gobierno porteño, le permitieron distraer unos veinte millones de pesos para el pago de una inexistente publicidad en un medio televisivo misionero y para que tampoco se nos repute de olvidadizos, recordamos la cuestión del dólar futuro, el soterramiento del Belgrano, el Correo Argentino, para no retrotraernos a las cloacas de Rouselot , que tuvo a nuestro primer mandatario como el suscriptor del contrato por la empresa familiar con el municipio de Morón.

La frase “se robaron todo” que se utiliza como caballito de batalla por los grandes medios seguramente contiene algo de verdad. Lo que no cabe duda, es que con relación a la actual gestión es claramente autorreferencial.- De cualquier manera, insistimos, es la manera mediante la cual se intenta abortar la discusión de los temas importantes y, de esa forma, que nuevamente triunfe la antipolítica.-
CATÓN