El Diario de Gualeguay
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Lunes, 21 de agosto de 2017
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 23 de julio de 2017
La autoestima en nuestros hijos
Como es imposible hacer felices a los hijos evitándoles cualquier tipo de contratiempo, es bueno prepararlos para afrontar la adversidad en el futuro. Comprender cómo se sienten, guiarlos con atención y cariño constantes, no exigirles más o algo distinto para lo que están dotados y, en cambio, apoyarlos para que hagan rendir al máximo sus cualidades, es una manera aconsejable de ayudar en su autoestima.
Para identificar un problema de baja autoestima en los niños hay que estar atentos a los gritos silenciosos. Los niños no son capaces de verbalizar sus emociones por lo que hay unos indicadores que nos pueden dar pistas:
- Habitualmente, los niños siempre quieren decirnos lo bien que hacen las cosas y cuando un niño tiene problemas de baja autoestima no suele hablar de sí mismo o si habla, habla mal.
- Estos niños suelen atribuir el éxito a factores externos y el fracaso a valores internos.
- A veces, se muestran impulsivos, tienen muy poca tolerancia a la frustración.
- Otros niños se muestran agresivos, molestan a los demás, les pinchan porque son inhábiles socialmente y están canalizando su frustración haciendo enojar a los otros- Suelen aislarse, evitan la comunicación y obtienen un rechazo por parte de los demás. -Cuando todos estos indicadores perduran en el tiempo, hay que pensar que nuestro hijo tiene un problema y es cuando se debe pedir ayuda.

Algunas veces, los problemas de baja autoestima vienen porque los padres están exigiendo demasiado al niño y él se está frustrando, no saben transmitir bien el amor o no se esfuerzan por reforzar positivamente a sus hijos. Normalmente, se interviene con los padres para obtener el refuerzo y para que el niño aprenda habilidades sociales que le permitan acercarse a los otros, convivir en su entorno y adaptarse.

Viene muy bien este aprendizaje cerca de la adolescencia, donde adquiere importancia el grupo. Se les enseña estrategias y habilidades sociales y cómo generar soluciones alternativas en su pensamiento ante un problema. Es lo que se conoce como debate del pensamiento, un ejercicio que les permite ver que, abriéndose pueden ser valorados. Cada caso es particular y no hay una receta básica.

Si valoramos a nuestros hijos, ellos se valorarán, como en espejo. Por supuesto que no es necesario decírselos abiertamente y todo el tiempo, corremos el riesgo de exagerar y no ser creíbles, debemos encontrar el equilibrio porque con un exceso de refuerzo positivo, el niño se hace excesivamente dependiente de la aprobación externa, no construye su propio criterio y está siempre intentando que le validen los demás.

A los niños hay que quererlos simplemente por el hecho de ser, pero a veces no vale solo con eso y hay que potenciarles determinadas capacidades transmitiéndoles ánimo. La clave reside en encontrar el equilibrio entre los refuerzos positivos, que deben ser sinceros, al tiempo que se les pone límites, se les dice no y se los felicita por sus buenas acciones.

La autoestima se construye a través de un proceso de asimilación e interiorización desde el nacimiento, pero que puede modificarse a lo largo de toda la vida. Se genera por la imagen que los otros nos dan de nosotros mismos y por el valor que demos a esta imagen. Durante la infancia y adolescencia, la autoestima crea una marca profunda en nosotros, porque durante estas etapas es cuando nos encontramos más vulnerables y flexibles.

1. Responsabilidades: Incentivar el desarrollo de las responsabilidades del niño. De una manera positiva, crear algunos compromisos y exigir, en un clima de participación, que el niño las cumpla.
2. Participación. Dar la oportunidad al niño para tomar decisiones y resolver algún problema.
3. Reforzar sus logros y las buenas conductas del niño.
4. Límites claros. Marcar los límites en su educación, enseñándole a prever las consecuencias de su conducta. Ejemplo: "Si no juntas tus juguetes, no podrás mirar televisión”. Y que no haya vuelta atrás.
5. Resolución de problemas. Enseñarles a resolver sus propios problemas y a aprender de sus errores y faltas, de una forma positiva. Por ejemplo, si el niño no alcanza una buena nota en una asignatura escolar, animarlo a estudiar más y a prepararse para superarse en el próximo examen. El niño debe sentir que un error puede convertirse en un aprendizaje y, consecuentemente, podrá arreglarlo si emplea más esfuerzo. 6. Críticas constructivas. Dejar de lado las críticas. Los insultos no favorecen a la autoestima del niño. Es bueno decir por ejemplo; “me pone muy triste que dejes desordenado el cuarto” en lugar de decir” sos un desordenado”
Un niño con una buena autoestima podrá experimentar sus efectos positivos: la confianza, el ánimo, el interés y el placer de aprender y de realizar sueños. Es necesaria que sea edificada y construida desde que el niño sea apenas un bebé. El afecto y el cariño entre el recién nacido y sus padres pueden ser considerados una guía de la autoestima. Lo mismo se debe hacer, por ejemplo, cuando el niño, en la escuela, es etiquetado como el malo, el molesto, el impertinente, y lo único que hacen, compañeros y alumnos, es dejarle de lado, discriminarle, haciéndole sentir marginado y rechazado por todos. Esta postura no le ayudará en absoluto, creando una baja autoestima en el niño que, en poco tiempo, podrá llevarle al fracaso escolar.
Consultas en : Psicóloga Alicia Bandera.