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Jueves, 19 de octubre de 2017
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sábado, 12 de agosto de 2017
Chichita Bascoy: “Reflexiones sobre mi viaje a la India y Nepal” (1ª parte)
Hoy compartimos con ustedes la primera parte de una nota diferente, en la que Aurea B. de Núñez, Chichita Bascoy nos entrega su experiencia del viaje que realizó en 1986 a la India y Nepal. Es posible que no encontremos descripciones de muchos paisajes, pero sí conclusiones a las que arribó sobre una filosofía de vida muy diferente a la nuestra, a la del mundo occidental. Les sugiero que lean esta nota; es muy interesante disfrutar de estas apreciaciones.
“Después de nuestra experiencia de China, en la que participamos cincuenta integrantes de la Asociación de Mujeres Universitarias Argentinas, solo doce fuimos a la India y Nepal. Era el año 1986, pero considero que las reflexiones que hice entonces siguen siendo válidas, y creo de interés compartirlas hoy entre nosotros.

En India recorrimos un país en donde las más altas conquistas espirituales se mezclan con la más aterradora miseria material. Un país cuyas mayores riquezas son sus paradojas, donde los hombres son más fértiles que sus campos. Un país fanático de Dios y abrumado por calamidades naturales de dimensiones y crueldad sin par. Un país cargado de un rico pasado y uno de los símbolos más vivos y duraderos de la capacidad de los hombres para sobrevivir. Yo los he visto, son multitudes hambrientas de un continente en Oración.

Adentrarse en la comprensión de este mundo de imágenes, situaciones y símbolos, no es fácil; sin embargo es una necesidad creciente en la medida que se incrementa la fascinación por él.

Pier Francastel (historiador y crítico de arte francés) dice que el arte es un modo de pensamiento tan válido, tan traducible, tan singular, como el matemático. Hay un desplazamiento de todas las cosas accidentales y contingentes. El arte de la India es religioso, pero polifacético, porque no responde a una sola religión: vemos desde cultos totémicos, hasta el islamismo, y las religiones conforman una estructura estética personal con características distintas.

El europeo trató de poner la India en escala europea: grave error, porque hay conceptos distintos sobre las cosas, que si no los conocemos de antemano, lo que vemos nos da una imagen distorsionada de la realidad.

Nosotros hablamos sobre la genialidad del autor que pone su impronta en la obra; en la India no se conocen los nombres de los autores de las obras. Los arquitectos indios guardan en secreto el nombre de sus obras. Yo recuerdo que cuando estuvimos en la ciudad de Agra, para ver el Taj Mahal, nos dijeron que no se sabía el nombre del arquitecto que había proyectado ese maravilloso templo del amor. Lo que sí se sabía era que los primeros diseños que le presentó al Maharajá Shah Jahan - quien le había encargado el proyecto en homenaje a su esposa fallecida - no lo conformaron; entonces, mandó matar a la mujer que el arquitecto quería. Y, ahí sí, el nuevo proyecto se plasmó en ese hermosísimo edificio.

Otro concepto sobre el cual tenemos ideas distintas es el de la originalidad.

En el mundo de la India uno de los principios básicos es copiar al maestro para superar su arte. El arte religioso tiene en la India un carácter predominante en la arquitectura y en la pintura. Ambos elementos son animados con la experiencia de lo luminoso: la experiencia de Dios.

Estas religiones diversas tienen un concepto singular de tiempo y espacio. El concepto europeo está tomado del concepto judeo- cristiano del “tiempo lineal”. Lejos de este concepto están los pueblos del Asia. Tampoco el tiempo que se considera en la India es un tiempo mitológico o mítico (no es el concepto de la América Pre-colombina o de las tribus africanas). El tiempo es algo que está fuera de la historia, un hecho, una leyenda, un fenómeno atmosférico al cual el hombre vuelve constantemente para justificar su existencia. Es un volver a las fuentes para enriquecerse más allá de su proyección histórica. El tiempo en la India se puede comparar a las ondas concéntricas que se producen en el agua al ser horadara por una piedra. Es un tiempo fluido, un tiempo dinámico. Tiene esa característica: el individuo dentro de su tiempo.

El término “progreso” en sentido cientificista, al hombre de la India le resulta vacuo, vano, frío, porque no piensa ni en un mundo futuro, ni en un tiempo apocalíptico, ni para su mejoramiento espiritual, ni para su avanzar humano.

La concepción de “espacio” en la India, es aún más difícil de sintetizar. La concepción de espacio va a ser distinta según la religión, y también según la concepción local de cada una de esas religiones. Esa concepción nuestra de un espacio pautado, calificado y medido (estático), no es la concepción de “espacio” del hombre en la India.
(continuará)