El Diario de Gualeguay
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Domingo, 17 de junio de 2018
REGIONALES • ACTUALIDAD
lunes, 12 de marzo de 2018
El ministerio de la soledad y los servidores de la comunión
Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. (Jn 3,16).
Dios no es soledad, Dios es un misterio de comunión. Lo que Dios vive desde toda la eternidad, la entrega mutua de las Tres Divinas personas, eso es lo que manifestó en su Hijo hacia el mundo.

“Se ha dicho, en forma bella y profunda, que nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia, que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo” (San Juan Pablo II en Méjico, enero de 1978).

Dijo en estos días una nota periodística: “En Inglaterra se ha creados el Ministerio de la Soledad, una nueva dependencia del Estado que ha desatado revuelo en todo el mundo. La cartera fue impulsada por la primera ministra y busca tratar el tema de la soledad en los ancianos y de quienes han perdido a sus seres queridos o quienes no tienen a nadie con quien compartir.

"La soledad es la triste realidad de la vida moderna", señaló la mandataria cuando explicó la creación del nuevo ministerio (….) Además, indicó que la soledad no es sólo un problema de infelicidad. Dicha problemática incide en la mortalidad, está asociada con el deterioro de la salud mental y más sorprendentemente a enfermedades cardiovasculares, hipertensión y demencia.

Por esta razón, Inglaterra decidió tomarlo directamente como una cuestión de Estado ya que según datos del gobierno: un 13,7% de la población se siente sola. La iniciativa apunta a construir un método más preciso para poder medir la soledad comenzar a diseñar acciones para combatir sus males” hasta acá la cita.
Es evidente que la sociedad actual (que todo lo “mide”) tenga que cuantificar la soledad porque no puede imaginar una “comunión que sea infinita”: es urgente entonces anunciar la Verdad de la Trinidad que es misterio de “entrega” y el signo más evidente de esa entrega que es el Hijo Entregado-Desfigurado-Transfigurado.
Sólo el que se sabe amado-incondicionalmente amado con la certeza de que alguien se entregó por él- podrá amar y estará libre de sus esclavitudes, será libre para amar, para entregarse como se entrega el Hijo Amado.

Pero nadie puede entregarse de veras si primero no ha aprendido la “abnegación”. ¿Qué quiere decir abnegación? El término abnegación proviene del latín “abnegatio”. Según la definición que presenta el diccionario de la Real Academia Española, se trata del sacrificio que alguien hace de su voluntad, de sus afectos o de sus intereses. Por lo general, dicho sacrificio se realiza por motivos religiosos o por altruismo. El encuentro con el “otro” es abnegado o no es; es sacrificio de amor o es manipulación activa o pasiva.

Pero entregarse, darse a otro (como entregó Jesús) significa reconocer “la verdad del otro”.
“Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío” decía Benedicto XVI.
Cuaresma es tiempo de “cambio de mentalidad” hacia una entrega cada vez más alegre, abnegada y conforme a la verdad. La conversión es un don de la bondad divina y es una paciente tarea de la libertad humana.
Pero por más que los estados organicen “el ministerio de la soledad” será necesario siempre que existan cristianos que sean servidores de la comunión…y que lo hagan gratis…