El Diario de Gualeguay
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Jueves, 18 de octubre de 2018
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 06 de mayo de 2018
La importancia de las relaciones tempranas.
Bowlby y Ainsworth pensaban que la naturaleza de nuestros primeros vínculos tendía a influir significativamente en nuestra vida posterior, no sólo en nuestras relaciones futuras, sino que también en el desarrollo de otros sistemas conductuales, como el juego y la exploración. Se pensaba que era probable que, si los vínculos primarios eran inseguros, habría dificultad en la expresión y el control apropiado de la sexualidad y la agresión.
Esto significa que la forma en que un infante organiza su conducta hacia su madre o su cuidador principal afecta la manera en que organiza su comportamiento hacia los otros y hacia su ambiente.

Esta organización provee un núcleo de continuidad al desarrollo a pesar de los cambios que ocurren con el desarrollo tanto cognitivo como socio emocional, sin que esto signifique que la organización del vínculo se fija en el primer año y es insensible a cambios marcados en la conducta materna o a eventos vitales significativos posteriores (Fonagy, 1994). La organización afectivo-cognitiva, que se conoce como vínculo, provee continuidad en el funcionamiento interpersonal desde la infancia hasta la adultez. De acuerdo con la revisión hecha por Ainsworth (1979) de diversas investigaciones, los bebés que muestran un vínculo seguro al año de edad son, en etapas posteriores, más cooperadores y expresan afectos más positivos y comportamientos menos agresivos y de evitación hacia la madre y otros adultos menos conocidos, que los bebés que muestran vínculos inseguros.

También se muestran posteriormente más competentes y compasivos en la interacción con los pares. El niño seguro tiene una capacidad mejor desarrollada para reflexionar sobre el mundo mental porque esta capacidad está evolutivamente ligada a la capacidad psíquica del cuidador para observar la mente del infante. encontraron que los niños de 5 años clasificados como seguros en un procedimiento de separación-reunión con la madre eran capaces de hablar con espontaneidad, mientras que los niños inseguros daban respuestas de evitación de la madre o confusas.

En situaciones de juego libre, los niños seguros tienen periodos de exploración prolongados y muestran mayor interés. Asimismo, en tareas de resolución de problemas estos niños son más entusiastas, curiosos, persistentes y autodirigidos que los niños inseguros. En efecto, los niños seguros son capaces de solicitar y aceptar la ayuda de sus madres y, además, se ha observado que usualmente obtienen mejores puntuaciones en pruebas de desarrollo y de lenguaje. Una revisión hecha por Fonagy y colaboradores (1994) ha reportado que tienen ventajas en comportamiento social, regulación del afecto, resistencia a tareas desafiantes, en la orientación hacia recursos sociales y en recursos cognitivos.

El vínculo seguro en adultos se relaciona estrechamente con la satisfacción y la calidad de las relaciones de pareja y sexuales. Para finalizar, en adultos se ha estudiado la relación entre el tipo de vínculo y la satisfacción y calidad de las relaciones maritales y sexuales. Diversos estudios han constatado que las personas seguras muestran los mayores niveles de satisfacción e implicación, mientras que los sujetos inseguros registran los mayores niveles de insatisfacción en las relaciones de pareja (Ortiz, 2002). En sujetos adultos el vínculo seguro se ha asociado a un mejor manejo de las emociones negativas, a un mayor conocimiento sobre estas emociones, a la capacidad de buscar soporte y consuelo en las figuras de apego cuando lo necesitan.

Los estudios señalan que las personas con vínculo seguro muestran tanto la capacidad para establecer lazos afectivos, como la posibilidad de tolerar y beneficiarse de la separación. El vínculo seguro envuelve niveles progresivamente diferenciados tanto de la capacidad para relacionarse con otros como del establecimiento de una identidad definida, lo cual se expresa en la capacidad para amar y trabajar. Si no se posee esta seguridad finalmente disminuirá la capacidad de esa persona para proveer un ambiente psicológico adecuado para su propio hijo, y estará relacionado con distorsiones en la personalidad y con psicopatología. Aquellos con vínculo evitativo continúan con su agresividad, falta de complacencia y conductas de rechazo pasivo tales como dar vuelta la mirada o el cuerpo cuando la madre busca contacto con ellos.

Los niños ambivalentes presentan menos tolerancia a la frustración, son menos persistentes y, generalmente, menos competentes. En adolescentes, en términos generales, la inseguridad del vínculo se ha asociado con mayores niveles de depresión, ansiedad, resentimiento, alienación y problemas con el consumo de alcohol. El abuso de drogas en adolescentes se correlacionó también fuertemente con un patrón de vínculo evitativo. De hecho, este vínculo provoca tendencia a realizar demandas excesivas a los otros, y con ser incapaz de tolerar adecuadamente la frustración cuando estas demandas no son satisfechas.

. El apego desorganizado se liga con situaciones de maltrato infantil, negligencia y abuso sexual, por tanto, es comprensible que se enraíce en un sí mismo desorganizado y que dé lugar a trastornos de la personalidad. El sentido inestable del sí mismo, la impulsividad, la inestabilidad emocional y el riesgo de actuaciones suicidas en los pacientes con personalidad límite estarían muchas veces sobre la base de una relación traumática entre el cuidador primario y el bebé, una relación que dio lugar a un vínculo desorganizado. Para finalizar, en adultos se ha estudiado la relación entre el tipo de vínculo y la satisfacción y calidad de las relaciones maritales y sexuales. Diversos estudios han constatado que las personas seguras muestran los mayores niveles de satisfacción e implicación, mientras que los sujetos inseguros registran los mayores niveles de insatisfacción en las relaciones de pareja.

En sujetos adultos el vínculo seguro se ha asociado con un mejor manejo de las emociones negativas, un mayor conocimiento sobre estas emociones y la capacidad de buscar soporte y consuelo en las figuras de apego cuando lo necesitan.

La investigación en vínculo temprano y su posterior aplicación, abren un abanico de posibilidades de intervención en relación con el mejoramiento de la calidad de vida de la población y la disminución de los gastos que anualmente se destinan a salud infanto juvenil, no sólo aplicables a salud mental. La aplicación de los conocimientos en programas de prevención de psicopatología con población de riesgo, de promoción de la salud mental con población normal y de tratamiento psicológico con pacientes tanto adultos como niños y adolescentes queda como desafío y posibilidad para el mejor aprovechamiento de los hallazgos que la investigación científica ha ido y seguirá acumulando.