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Domingo, 18 de noviembre de 2018
COLUMNAS • RAZÓN CRITICA
domingo, 09 de septiembre de 2018
Una falsa dicotomía
Tanto el déficit fiscal (o sea, cuando en un determinado período de tiempo un gobierno gasta más de lo que ingresa y debe financiarse con emisión monetaria o toma de deuda) como la restricción externa (es decir, la disponibilidad de divisas) son dos variables fundamentales de la historia económica de nuestro país.
Tal afirmación puede constatarse, en referencia al déficit fiscal, con revisar las últimas cuatro crisis más importantes de la República Argentina: el Rodrigazo, la crisis de la Tablita Cambiaria, la Hiperinflación a finales de la década de 1980 y la Crisis del 2001. ¿Qué tuvieron en común estas contingencias macroeconómicas? Gran parte de sus diversas causas se explican a partir del mencionado déficit fiscal. Por otro lado, en relación a la restricción externa, el economista Alfredo Zaiat realizó un breve recorrido histórico en donde se observa la influencia de este concepto: “en la década del ’50 y del ’60 se manifestaba (la restricción externa) por el lado comercial, crisis resumida en el modelo stop and go. En la fase ascendente del ciclo, ante el estancamiento o leve avance de las exportaciones, el aumento del Producto requería importaciones crecientes para el desarrollo industrial provocando déficit de la balanza comercial.

Ese desequilibrio de divisas se corregía mediante una fuerte devaluación, que derivaba en una caída del poder adquisitivo de los salarios y del consiguiente nivel de actividad que permitían el ajuste del balance de pagos mediante la reducción de las importaciones. En un marco de una tasa de desempleo baja y de sindicatos con elevada capacidad de negociación, los trabajadores recuperaban sus ingresos reales y recomenzaba un nuevo período de expansión de la economía. A mediados de la década del ’70, esa dinámica se hizo más compleja al incorporar el flujo de capitales internacionales. En esos años, y especialmente en los ’90, el déficit comercial y de cuenta corriente fueron financiados con deuda. Entonces el esfuerzo era mayor, puesto que se necesitaban más divisas para hacer frente a los vencimientos abultados de deuda, además de las demandadas para el pago de importaciones, en un proceso de apertura comercial. Esta fase de la restricción externa acentuó la inestabilidad macroeconómica, provocando crisis de mayor magnitud. En la investigación Modelos macroeconómicos en la Argentina: del stop and go al go and crush, de Jorge Schvarzer y Andrés Tavonanska, se precisa que ese cambio de intensidad se revela en que las crisis de la primera versión del modelo duraban de dos a tres años y el Producto descendía 5 por ciento, mientras que los descalabros en la segunda versión se extendieron de cuatro a siete años, con contracciones superiores al 20 por ciento del PIB”.

Durante este último tiempo, desde los medios de comunicación como así también desde los ámbitos académicos, se han ido vertiendo numerosas críticas a la gestión económica de Cambiemos. En este contexto, se fue construyendo una línea divisoria entre las mencionadas. Por una parte, están aquellas que establecen un énfasis puntual sobre el déficit fiscal y la necesidad urgente de realizar una corrección sobre este. Para los economistas que señalan este punto, la negativa herencia Kirchnerista radica en este asunto. Por otro lado, se encuentran aquellas que plantean la falta de disponibilidad de divisas (fundamentalmente la norteamericana) como la cuestión principal de las problemáticas del modelo Macrista. En este sentido, los especialistas orientados en esta dirección apuntan que sin el flujo constante de dólares, el proyecto oficialista comienza a mostrar complicaciones en su sustentabilidad. De esta forma, debe quedar claro que el medio primordial para mantener estable al plan económico del Gobierno Nacional, que estructuralmente exhibe muchos claroscuros por la fragilidad de su sector externo, es el financiamiento del exterior. Sin este sostén, la economía actual de la Argentina no puede estar tranquila. En este entorno aparece el acercamiento al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Si bien ambas posturas están muy claras y coinciden, desde diferentes posiciones, en marcar los errores económicos de Cambiemos, plantean una dicotomía que no es tal, es decir, una “falsa dicotomía”. ¿Por qué? Desde esta columna se sostiene que el déficit fiscal y la restricción externa no son dos problemáticas que vayan por carriles separados. Al contrario, son dos contingencias que se explican y se retroalimentan una a la otra. De esta manera, se puede expresar que hay una unión de hechos macroeconómicos que derivan en la falta de dólares: desconfianza por inestabilidad cambiaria, inflacionaria, entre otras. A su vez, estas inestabilidades se dan porque existe el déficit fiscal que, por su lado, antes se financiaba con emisión monetaria y actualmente con deuda.

Entonces, para concluir, cabe decir que en este proceso económico, esta “falsa dicotomía” que muchas veces responde a intereses políticos, no es tal.

Julián Lazo Stegeman
(Clarín, Página 12)