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Martes, 25 de septiembre de 2018
SUPLEMENTOS • SER MUJER HOY
viernes, 14 de septiembre de 2018
Este es el lado positivo de nuestros movimientos hormonales de todos los meses
El mal humor del SPM (Síndrome Pre Menstrual) que muchas veces es enunciado por los otros como "está en sus días", le hace mala prensa al ciclo menstrual. Y es cierto que, durante la ovulación, muchas de nosotras experimentamos ansiedad, más apetito y un deseo sexual exacerbado; y durante los días previos a la menstruación, tristeza y mayor sensibilidad. Pero, ¿los cambios hormonales siempre son vividos como un sufrimiento? ¿Como una condición que nos saca de una estabilidad que podríamos tener si los estrógenos y la progesterona no nos hicieran enloquecer? Bueno, la ciencia está empezando a reconocer un “lado b” que tiene que ver con efectos positivos de los cambios hormonales.
Según el informe de la BBC News Cómo la menstruación cambia el cerebro de las mujeres (para bien) hay ciertas habilidades que mejoran de manera positiva después del período, una de ellas es la conciencia espacial. "Tres semanas antes (de la menstruación) las mujeres son significativamente mejores comunicadoras y, aunque parezca raro, son particularmente buenas detectando cuando alguien tiene miedo. Además, durante parte de su ciclo sus cerebros son más grandes". Esto se da porque el estrógeno y progesterona en distintas cantidades, que deciden cuándo liberar un óvulo, tienen efectos profundos en todo el organismo.

"Las mujeres hablan más pronto que los hombres, tienen más fluidez verbal y son mejores deletreando", dice Pauline Maki, psicóloga de la Universidad de Illinois, Chicago, Estados Unidos. Se cree que esta ventaja social evolucionó porque hace miles de años las madres elocuentes eran mejores transmitiendo información vital a sus hijos como, por ejemplo: "no comer plantas venenosas".

El camino de las hormonas
Florencia Salort es médica ginecóloga del Hospital Italiano de Buenos Aires, docente universitaria y miembro de la Asociación Argentina de Endocrinología, Ginecología Reproductiva y de la Sociedad Argentina de Ginecología Infantojuvenil. “La mujer tiene un ciclo hormonal que normalmente cursa dos períodos, una etapa estrogénica y una etapa progestacional. El estrógeno empieza a aumentar levemente un poquitito antes de que ya empiece la menstruación y se extiende hasta el día 12, 14 o 15, cuando se puede producir la ovulación por este pico y por una hormona que se llama LH. El folículo se rompe y deja salir el óvulo, todas estas hormonas generan progesterona (y el “cuerpo lúteo”) produciendo la segunda fase del ciclo que es la etapa progestacional o secretoria, que se prepara para tener a un posible embrión. Si no se produce, cae la capa del endometrio en forma de menstruación.”

Dentro de estas cuatro fases que podríamos llamar “menstruación”, “fase estrogénica”, “ovulación” y “fase progestacional”, en la primera etapa aumenta el estrógeno. La progesterona aumenta en el día 7 u 8 del ciclo para llegar a su pico el día 21, luego disminuyen ambas, cuando se produce la menstruación.

"Durante los días en los que las participantes tenían más hormonas en su sistema, perdieron cierta conciencia espacial y fueron mejores en habilidades sociales y léxicas", asevera el informe de la BBC. "Una capacidad que mejoró cuando las hormonas femeninas eran más altas, fue el recuerdo implícito, un tipo de memoria subconsciente y espontánea."

Según la especialista argentina, Florencia Salort, quien además es comunicadora, coach ontológico y facilitadora en emociones, neurociencias y manejo del estrés, “la fase estrogénica es la de mayor bienestar en la mujer, porque es una fase donde hay mejoría de los síntomas y molestias que surgieron a nivel de la fase menstrual. Hay un aumento del tránsito intestinal, de la micción, aumenta el flujo vaginal (que marca el período ovulatorio), las mamas están desinflamadas y hay liviandad corporal y mayor sensación de fuerza, de energía y de voluntad”.

El subconsciente, los recuerdos y el miedo
Según el mismo informe, las hormonas afectan dos regiones vecinas del cerebro. Una de ellas es el hipocampo, que está involucrado en el almacenamiento de recuerdos y es un área fundamental para las relaciones sociales, ya que asocia experiencias vividas y favorece la empatía con los demás. La segunda es la amígdala, que nos ayuda a procesar emociones, especialmente miedo y la decisión entre luchar o huir. De esta forma, la capacidad de las mujeres para reconocer el miedo se incrementa cada mes junto con sus niveles de estrógeno.

Quizá durante esos días en los cuales la cantidad de estrógeno y progesterona suben, reconozcas mejor situaciones de peligro (y esto redunde en más cuidado), huyas de situaciones que no te hacen bien, pongas más límite y te conectes con una agresividad activa. No es necesariamente malo, es un estado de alerta permanente que, bien utilizado, te brinda mayor flujo de información proveniente de tu entorno.

“La progesterona, en cambio, es un agente inhibitorio, produce más sueño, más cansancio, lo que tiene que ver con la pausa para la posible anidación del huevo. Es una hormona que genera más distensión abdominal, más retención de líquido, las mamas se ponen más turgentes y dolorosas. La persona está con menos fuerza y ganas de hacer cosas, hay un enlentecimiento leve cerebral, menor creatividad”, comenta Salort. Pero estos cambios, depende de cómo se los observe, no son negativos: durante la fase premenstrual “hay más tendencia a la conciencia, a la introspección, a la meditación, a la tranquilidad” y un contacto más profundo con las cosas.

Así, la próxima vez que alguien te pregunte si "estás hormonal", podés responder que sí, y que por eso estás “en alerta”, y esto no necesariamente será algo malo.