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Miércoles, 17 de octubre de 2018
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sábado, 06 de octubre de 2018
Marisa Carrano y Diana Troncoso: Estampas de Turquía y Grecia (Primera parte)
En la edición de hoy, Marisa Carrano y Diana Troncoso nos comentan el viaje que realizaron, junto a un numeroso contingente, a Turquía y Grecia, un destino pleno de historia, de idiosincrasia muy diferente a la nuestra, de paisajes que asombran.
Estampas de Turquía y Grecia
“Después de volar más de 18 horas, llegamos a la tan ansiada Estambul. Llovía, el tránsito congestionado nos hacía difícil la llegada al hotel.
Nuestra primera visita fue a la majestuosa y elegante Mezquita Azul, conocida por sus decoraciones interiores, una verdadera sinfonía de bellísimos mosaicos azules. Es la única de la ciudad que tiene seis alminares (torres). Pasamos luego a la iglesia Santa Sofía, una obra maestra de la arquitectura del siglo VI, separada de la mezquita por un jardín

Visitamos el Palacio Topkapi, residencia de los sultanes del imperio Otomano, famoso por su excelente colección de joyas y porcelana.
Recorrimos además el Gran Bazar y el Bazar Egipcio conocido como Bazar de las Especias.

Nuestro viaje continuó por Troya, famosa y antigua ciudad de nueve niveles. Seguimos hacia la ciudad de Pérgamo, uno de los más importantes centros culturales y comerciales donde se encuentra Asclepion, el famoso hospital del mundo antiguo. La antigua ciudad de Pérgamo se hallaba situada en el noroeste de Asia Menor (actual Turquía), a 30 km de la costa del mar Egeo y frente a la isla de Lesbos, en la región llamada Eólida. Sus ruinas rodean a la actual ciudad de Bergama, construida sobre los cimientos de lo que fue la parte baja de Pérgamo. En 2014, la Unesco eligió a Pérgamo como Patrimonio de la Humanidad.
Luego llegamos a Éfeso, la ciudad antigua mejor conservada de Asia Menor que durante los siglos I y II llegó a tener una población de doscientos cincuenta mil habitantes. Allí se encuentra la casa de la Virgen María.

Continuamos el viaje hacia Pamukkale donde nos maravillamos con el Castillo de Algodón, gigantescas cascadas blancas, estalactitas y piscinas naturales formadas a través de los siglos por el deslizamiento de aguas cargadas de sales calcáreas procedentes de fuentes termales.

Pasamos por Konya para visitar el Monasterio de los Derviches danzantes. Se los llama también derviches giradores porque tienen una ceremonia de danza-meditación, llamada Sema, que consiste en una danza masculina acompañada por música de flauta y tambores. Los danzantes, giran sobre sí mismos con los brazos extendidos, simbolizando “la ascendencia espiritual hacía la verdad, acompañados por el amor y liberados totalmente del ego”. La ceremonia se originó entre los místicos de la India y los sufís turcos.
(continuará)