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Miércoles, 17 de octubre de 2018
COLUMNAS • RAZÓN CRITICA
domingo, 07 de octubre de 2018
Renovación política
¿Qué es una estructura de poder? El poder político como relación entre gobernantes y gobernados posee en su estructura o andamiaje organizativo, elementos intrínsecos y extrínsecos interrelacionados.
Los elementos intrínsecos están en su seno y son propios de su naturaleza. Son: 1. La energía del pueblo como unidad política; 2. El mando ejercido por una autoridad legítima que monopoliza la coacción y 3. La obediencia de los gobernados que lo hacen con conciencia de legitimación de la autoridad que los gobierna. Quien detenta el poder en una sociedad democrática en un período de tiempo determinado, por obra de la voluntad popular, organiza su estructura de acuerdo a lo normado constitucional y legislativamente. En Argentina la estructura de los poderes del Estado Nacional contempla la división en Poder Ejecutivo, a cargo de un Presidente, un Vicepresidente, Jefe de Gabinete y Ministros; un Poder Legislativo con representación de las mayorías y minorías partidarias, y un Poder Judicial, a cargo de una Corte suprema de Justicia y de los demás tribunales llamados inferiores (Juzgados de Primera Instancia y Cámaras de Apelación). Por poseer una organización federal de gobierno junto a estos poderes nacionales, conviven los provinciales y municipales, con autonomía en sus respectivas jurisdicciones, pero con respeto a la autoridad central. Los elementos extrínsecos, de tipo sociológico, son los grupos y fuerzas políticas que actúan sobre el poder: los políticos, organizados en partidos políticos, los grupos de opinión y factores de presión, las fuerzas militares y las fuerzas políticas internacionales. Todos los elementos que conforman el poder político tienen plena participación en el proceso político, fase dinámica de la estructura de poder (Fuente: derecho.laguia2000.com).

En nuestro país, la experiencia histórica demuestra que lo planteado en el párrafo anterior aparece como una categoría ideal, una intención de la cual nuestros políticos vernáculos se han encargado de convertirla en utopía. ¿En qué sentido la mencionada categoría ideal de “estructura de poder” ha sido vejada por nuestros representantes? Se puede afirmar que a lo largo de la historia de Argentina, en donde han sido extremadamente pocos los gobernantes que han respetado las instituciones constitucionales y los contratos sociales republicanos, las estructuras de poder no han sido respetadas en tanto plataformas organizativas para mantener estable las relaciones entre gobernantes y gobernados. Al contrario, esta categoría ha sido destruida por los intereses particulares de tantísimos funcionarios que han tenido la posibilidad de dirigir las riendas de nuestro país. En este sentido, han transformado la definición del concepto aludido en el artículo de hoy para convertirlo en no una forma de organización de la gestión política, sino en una herramienta para lograr objetivos individuales a costa del bienestar de la ciudadanía. Es decir, muchísimos políticos han configurado las estructuras de poder a lo largo de la existencia de este territorio nacional como una instrumento o herramienta en pos de beneficiar sus propios intereses (sean políticos o económicos, inclusive mediante acciones corruptas) sin respetar los cimientos republicanos que conforman la Argentina. Como si esto fuera poco, las clases políticas se han beneficiado del postulado constitucional de la reelección, ratificado en el Artículo 90 de la Carta Magna, para perpetuarse en el poder y seguir generando estructuras instrumentales para, reitero, alcanzar sus objetivos individuales, por fuera de los generales que deberían ser las metas de sus respectivas gestiones, para las cuales fueron elegidos democráticamente.

¿Cuál podría ser la solución a esta cuestión? A mi entender, existen dos cuestiones. En primer lugar, replantearnos como pueblo la posibilidad que les otorgamos a los funcionarios públicos de poder ser reelegidos en sus cargos y así darles la oportunidad de que puedan proseguir asentando las estructuras que los benefician individualmente. En segunda instancia, como ciudadanía debemos exigir una renovación política de nuestros representantes. Sean Radicales, Peronistas, Macristas, Socialistas, entre otros, cabe expresar que las caras que observamos todos los días desde los diferentes medios de comunicación, nos ejemplifican como desde hace varios años, se repiten las mismas personalidades en los cargos públicos. Hay mucha juventud apta e interesada en la acción política, se la puede observar militando o llevando adelante reclamos sociales que muchas veces ni siquiera son oídos en el Congreso. Sólo hay que abrir los ojos y ver que están allí. Miles de jóvenes dispuestos a terminar con las obsoletas estructuras de poder que los funcionarios de siempre se han encargado de configurar.

En fin, las estructuras de poder en la Argentina ya no cumplen una función organizativa sino que se han convertido en herramientas a la orden del día de los intereses políticos y económicos particulares de los diferentes funcionarios de turno, sin importar el tinte partidario. Es clave que como ciudadanía comprendamos esta cuestión y exijamos para nuestra república un aire fresco de renovación. Un aire que finalizara con las mencionadas estructuras de poder de antaño y servirán para fortificar la democracia en la Argentina.

Julián Lazo Stegeman