El Diario de Gualeguay
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Martes, 19 de febrero de 2019
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 03 de febrero de 2019
La violencia familiar
Continuando con lo expresado anteriormente, hablaremos del que lleva adelante el maltrato:
-Suele tener buena imagen pública. Fuera del hogar presenta una personalidad carismática de cordialidad y afecto.
-Sentimientos de inferioridad y baja autoestima respecto a sus semejantes. Estos sentimientos provocan frustración que fácilmente se pueden transformar en violencia, manifestando ira dentro del ámbito doméstico.
-Motivación por el poder. Necesita ejercer control y dominio sobre la pareja a quien tienden a considerar inferior.
-Internalizan estereotipos de género. Utilizan como pretexto para la agresión los roles de género, remarcando su rol castigando las conductas y manifestaciones que se alejen de sus rígidas condiciones de convivencia.
- Bajo nivel de asertividad. Su incapacidad de responder asertivamente a las diferentes situaciones de la vida cotidiana, le producen frustración y reacciones agresivas. Sitúan sus necesidades en primer lugar sin tener en cuenta los deseos de los otros demostrando falta de empatía y egocentrismo. No existe otro.
- Dependencia. Miedo y fijación ante la idea de ser abandonado, por lo cual ejerce poder y control sobre su pareja temiendo perder su “posesión” frente a posibles “competidores”, intentando aislarla debido a su sentimiento de celos.
-Inestabilidad emocional e impulsividad Emocionalmente lábil puede pasar de la alegría a la tristeza, del afecto al desprecio, sentimiento de frustración y tensión interna que con falencias en el control de impulsos puede desencadenar en agresión hacia otro que generalmente se encuentra en situación de indefensión.
En cuanto a las modalidades de vínculos en el grupo donde se desarrolla la violencia se puede describir una dinámica de triangulación y desconfirmación familiar. Esto lo dice Laing que utiliza estos conceptos como variables ineludibles y existentes en las relaciones humanas. Un sujeto al reconocer al otro reconfirma su presencia en el mundo, le da lugar y entidad. Contrariamente la desconfirmación genera en el otro sentimiento de desintegración. Los escenarios relacionales se constituyen como espacios en los que definen y sostienen la confirmación y desconfirmación, siendo las familias e instituciones lugares prototípicos para el desarrollo de los fenómenos de violencia familiar. Cuando se presenta la dinámica violenta abundan los procesos de desconfirmación “no servís para nada”, “vos no podés”, “me tenés que pedir permiso a mí. También en la violencia física cuando más aún el cuerpo es tomado como objeto la otra toma dominio sobre el cuerpo y se descarga sobre él. En la violencia sexual más aún el cuerpo es considerado un objeto y el sujeto domino de poder.
En general se realizan afirmaciones como: “lo hace porque me quiere” o “mi papá también quería así a mi mamá “o “es su forma de demostrar amor”. Todo esto se presentan como juegos, danzas familiares implícitos y no reconocidos.
Hay una trama de relaciones patológicas, a veces reeditan modelos de generaciones previas. Hay descalificación del otro que afecta la autoestima, desarrollo y riqueza personal. Las familias de dinámica violenta presentan en sí características rígidas, negativas al cambio y aislamiento social.
Se observa cada vez más un grado de agotamiento profesional en los equipos que trabajan con violencia, refieren síntomas que van más allá del cansancio físico que puede llevar cualquier tarea laboral.
Diríamos que la familia es conjunto organizado de personas en interacciones permanentes, dinámica funcional, conectadas entre sí, reglas y límites que se sostienen en un intercambio interno y con el exterior.
La violencia familiar afecta a los miembros del grupo primario, a quienes intervienen en su diagnóstico y en el tratamiento y a la sociedad en general.
Fuentes Equipo de trabajo provincia de Bs As: Licenciadas Pelaghi, Losada, Corvalán.