El Diario de Gualeguay
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Viernes, 22 de marzo de 2019
COLUMNAS • RAZÓN CRITICA
domingo, 10 de marzo de 2019
Que el árbol no tape el bosque
“El aumento frenético del dólar de 3,36 pesos en solo tres jornadas, al pasar de 40,14 al record de 43,50 pesos de anteayer (en referencia al 7 de marzo), dejó en evidencia la precariedad de la paz cambiaria alcanzada por el Gobierno y el Banco Central con medidas tan nocivas para la economía como la suba de las tasas de interés, una severa contracción monetaria y la profundización del ajuste fiscal. Todo ese andamiaje defensivo fue barrido de un momento a otro con apenas una brisa que vino del exterior por movimientos especulativos de fondos internacionales, que sacaron capitales de mercados emergentes de América latina y otras regiones para llevarlos a China y Europa.
Como en el cuento infantil, la casa construida con paja por Guido Sandleris y Nicolás Dujovne se voló sin que los lobos financieros tuvieran necesidad de soplar demasiado. Al quedar expuestos, la respuesta fue más de lo mismo: aumentar en casi siete puntos la tasa de las Leliq, para llevarla hasta el 59 por ciento. Es decir, volvieron a armar la casa de paja y se sentaron a esperar. No es difícil prever que esa tasa volverá a quedar corta en cuanto los mercados aprieten de nuevo con cualquier excusa, ya sea por factores externos o locales, empezando por la incertidumbre política de la carrera electoral” (Fuente: David Cufré, periodista y especialista en asuntos económicos).

En la Argentina, sin importar qué partido esté ocupando el cargo ejecutivo, pareciera ser que en épocas electorales el bienestar de las personas y la estabilidad económica del país queda en segundo orden para darle espacio a la puja por el poder. En años de elecciones ya no interesa la política como herramienta para cambiar la realidad de los individuos. La lucha electoral gira alrededor de la obtención del poder no para llevar adelante las riendas del Estado en pos de mejoras para la población sino para lograr el poder por el poder mismo. Es decir, que las cúpulas políticas no buscan el mencionado poder en juego para generar medidas y normativas positivas para los ciudadanos que los ubican en sus cargos como representantes, lo único que pretenden obtener es perpetuarse en Casa Rosada cuando son oficialismo u ocupar esa silla cuando la poseen sus rivales de la oposición.

El asunto del dólar es un ejemplo de esta cuestión. Fingir una estabilidad cambiaria con instrumentos tan desfavorables en este contexto para la economía nacional como la suba de las tasas de interés, una severa contracción monetaria y la profundización del ajuste fiscal, que ante una pequeña brisa especulativa del exterior queda expuesta en su fragilidad, es un tema que debería preocuparnos primeramente como votantes y fundamentalmente como ciudadanos. No debemos tolerar estas prácticas de nuestros políticos, sin importar la agrupación a la cual pertenezcan, ninguno se salva de este accionar.

Es nuestro el derecho a la información y conocer que está aconteciendo en suelo argentino. Necesitamos comprender las cuestiones que nos suceden en el cotidiano para estar bien preparados a la hora de ejercer nuestra facultad de votar. Los funcionarios no pueden perder de vista cuáles son sus funciones en el poder y no perseguir a este sólo por intereses personales. La concepción del poder en todo país republicano debería ser colectiva. El poder que se les otorga a algunos es para el bien general y no particular. Tratar de esconder, por ejemplo, estas temáticas económicas es algo sumamente grave que perjudica al sistema político de estilo democrático.
El árbol no debe tapar el bosque y la búsqueda del poder mediante los comicios electorales no debe ocultar la verdadera función de los políticos: cambiar para bien las realidades de las personas.
Julián Lazo Stegeman
(Fuentes: Clarín, Página 12, La Nación)