El Diario de Gualeguay
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Domingo, 19 de mayo de 2019
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 28 de abril de 2019
ALIANZAS EN LA FAMILIA
Las alianzas sostienen y a la vez, son el motor de una pareja y también de una familia, se construyen, se diseñan, se conversan.
Con la modalidad de un pacto las partes de una pareja que se aman y deciden transitar un camino juntas, traen a la escena sus dones, sus habilidades, sus formas auténticas de “hacer”, de “expresar lo que sienten”, “de ser”. También traen la historia de vida familiar, lo que eligieron traer como pautas de conexión o intercambio de su experiencia en familia. La alianza es mucho más que un anillo, es el convenio mutuo de respetar la Unión, y a la otra persona plenamente. De respetar y aceptar la forma de ser y hacer de uno mismo y del otro; la capacidad de desplegar o la elección de sostenerse en retracción.
La existencia de una alianza se expresa por el equilibrio entre lo que cada uno da al otro y recibe del otro, implicando siempre la fórmula ganar/ganar, para ambas partes.

La alianza implica aceptación, hacer juntos y conjugar el “nosotros”; se sostiene en la cooperación, la confianza y el compromiso. En alianza una pareja decide ser un vehículo para que lleguen otras personas y traen a sus hijos. Ese “nosotros” qué incluye al hijo/a ya no podrá dejar de conjugarse más. El hijo/a habilita el espacio del para siempre. Los hijos en el contexto de una pareja que ha realizado, convenido o construido una alianza previa, nace, crece y se desarrolla sobre un piso de seguridad. Madre, padre, abuela, abuelo, tíos, amigos, se han comprometido para darle un espacio. Las alianzas en familia, aquella que construyen padres e hijos, se sostiene en un nosotros saludable cuando todos alcanzan niveles óptimos de desarrollo; cuando ninguno paga el precio del desarrollo o la evolución del otro, el equilibrio entre lo que cada uno da y recibe es armónico. Vivimos y transitamos vientos de cambio, este momento de la historia exige de las parejas y de las familias la construcción de alianzas en las que el honor, el Honrar al “UNO” qué habita en cada uno, se construya a partir del equilibrio y la armonía, de acompañar el despliegue del “UNO” en el otro.

Es necesario cultivar la "neutralidad", el arte de comprender y aceptar que el Otro piensa y siente de diferente manera, no necesita ser aprobado y tampoco descartado por eso. En neutralidad es posible ser capaz de permanecer o de cambiar, de aceptar o rechazar, pero siempre desapegado del propio punto de vista y abierto a las diferentes posibilidades. Han caído los tiempos de sometimientos desparejos, de mujeres que fecundan para ser sostenidas y cuidadas o que pueblan hogares para asegurarse de que serán cuidadas; de hombres o mujeres que se autoprotegen por temor a ser saqueados/as y se entregan en forma parcial a la vida de pareja o de familia, desplegando una parte de su energía al servicio de cuidarse de los otros que integran su “alianza”. Es necesario que los atributos individuales queden al servicio del conjunto, lo que se sabe hacer bien se despliega para todos; la acción de cooperación mutua, de marchar juntos, de aprender a conjugar el “nosotros” arma, crea, nutre las alianzas. No hay lugar para reclamos, el Yo dice: “tu felicidad, tu alegría, es la mía”.

Las familias que se sostienen en el tiempo y cuyos hijos se desarrollan en plenitud y alcanzan autonomías autosustentables, son fruto de alianzas dinámicas en las que participan el padre y la madre, hijas e hijos, abuelos y abuelas. Ellos han realizado procesos en los que conjugaron el “nosotros”, con buenos resultados. Es el primer espacio en el que se aprende a construir alianzas: cocinan juntos, lavan el auto, preparan las tareas escolares, cuidan de los animales, aprenden y enseñan sus habilidades, organizan las vacaciones, realizan tareas por turno, van por un objetivo común. Se enseñan y comparten habilidades, nadie resiste recibir, dar ni aprender.
1.- reconocerse y amarse a uno mismo, ser consciente de su capital en habilidades, dones, virtudes, de aquello que pone al servicio del intercambio en la alianza. ¿qué tengo para entregar? ¿cuáles de mis habilidades integran esta alianza?

2.- comprender que cada persona es única y absolutamente libre, el “libre albedrío” es patrimonio humano, ninguna alianza trae el derecho de apropiarse de los pensamientos, sentimientos, emociones, del ser o el hacer del otro.
3.- respetar aquello que le pertenece a lo íntimo del otro porque es sagrado y no necesita ninguna evaluación.
4.- ser un vehículo de promoción de la evolución y el desarrollo de uno mismo y del otro para la noble realización del conjunto.
Vinimos para amarnos los unos a los otros, para Amar, Honrar y Cuidar de todo lo vivo, todos somos familia. Las alianzas en las que el amor fluye en forma natural y espontánea, están más allá que cualquier análisis o cognición; no hay lugar para el sometimiento, la humillación, la inequidad, las diferencias excesivas entre sus miembros, las defensas reactivas o exageradas poblando el campo de la vida familiar

Artículo escrito por la Lic. Viviana Torres.