El Diario de Gualeguay
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Sábado, 16 de noviembre de 2019
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 30 de junio de 2019
Separación de pareja y los Hijos.
La cantidad de casos de padres separados con hijos va en aumento. La mayoría de las veces se convierte en una guerra en donde vale todo con el objetivo de destruir al otro, y los hijos…en el medio. Me pregunto cómo “el deseo de un hijo” es encarnado en la pareja parental. ¿Deseo de tener un hijo, equivale al deseo de ser Padre o Madre? ¿El deseo de tener un hijo equivale a “estar embarazada”? ¿Qué se juega en los “neuróticos” padres? Aunque los hijos necesariamente por estructura advienen a un lugar de objeto: ¿Qué sucede cuando la pareja se rompe y quedan los hijos en lugar de objeto?
Partiendo de que el amor es lo que hace condescender el goce con el deseo, nos preguntamos entonces cómo juega el amor en la problemática que estamos abordando. El amor… ¿qué es el amor? Desde el psicoanálisis decimos que es pura falta. El amor es el efecto de esa falta, cuando alguien “nos hace falta” en el decir criollo. Por ello el amor de objeto está de la vereda de enfrente del narcicismo. Vamos a desplegar esta cuestión más adelante, pero por ahora diremos que el amor narcisista entendido vulgarmente como “amor propio”, no es el mismo, claro está, que el amor por otro. Es más, el amor por otro es aquel que pone un tope y límite al amor propio, amor narcisista. Este último es un amor tramposo, egocéntrico, en donde se ama la imagen en el espejo o a su propio ideal.

Con la admisión de su herida narcisista, se establece en la mujer –como cicatriz, por así decir- un sentimiento de inferioridad. ¨ Dice Freud: “Mientras que el complejo de Edipo del varón se va al fundamento debido al complejo de castración, el de la niña es posibilitado e introducido por este último.” El varón termina con el complejo de Edipo por la amenaza de castración, es decir por el temor de la pérdida. un gran tramo de los análisis de estos sujetos consiste en la aceptación de las pérdidas que, simbólicamente remiten a una pérdida estructural. Pero sigamos avanzando un poco más. La gran mayoría de los casos de sujetos mujeres, evidencian un pedido (demanda) al otro de algo que a ellas ya de entrada les falta. El varón no quiere perder y se verá demandado a dar algo que nunca tendrá y a satisfacer una demanda que es imposible de satisfacer. La mujer no quiere aceptar su condición estructural de falta y persiste en su demanda de que el varón le dé el tan ansiado pene que nunca podrá tener.

Ahora bien, ya que “Con la admisión de su herida narcisista, se establece en la mujer –como cicatriz, por así decir- un sentimiento de inferioridad¨ Vayamos entonces a “Introducción al narcicismo”, texto de 1914 de Freud en donde postula como una posible vía de acceso para abordar el problema del narcicismo el estudio de la vida amorosa del ser humano. Puntualmente se refiere al tipo de elección de objeto al que llama de “apuntalamiento”, el que se apoya fundamentalmente en las marcas de aquellas huellas que han dejado los primeros Otros, postula además otro tipo de elección de objeto amorosa que es el tipo narcisista, como aquellas personas que se aman así mismas. Tales mujeres [no todas] sólo se aman, en rigor, a sí mismas, con intensidad pareja a la del hombre que las ama. Su necesidad no se sacia amando, sino siendo amadas, y se prendan del hombre que les colma esa necesidad.” En efecto, podemos afirmar la presencia de un goce autoerótico con la propia imagen especular. Pero “Aun para las mujeres narcisistas, las que permanecen frías hacia el hombre, hay un camino que lleva al pleno amor de objeto. En el hijo que dan a luz se les enfrenta una parte de su cuerpo propio como un objeto extraño al que ahora pueden brindar, desde el narcicismo, el pleno amor de objeto.” En efecto, la mujer narcisista, puede llegar al amor de objeto a través del hijo enfrentándose –es muy curioso el término- a una parte de su propio cuerpo como un objeto extraño.

Cuando la ruptura de la pareja se da en malos términos y hay menores de por medio, si no hay Amor por ese Otro que es el hijo que ponga un límite a la agresión, amor entendido en el sentido de un Don más allá de todo narcisismo o posesión, los niños van a parar al lugar de objeto de disputa y no al lugar de sujeto; y es muy probable que esos niños sintomaticen expresando el conflicto de la pareja parental. Estamos hablando de casos en los que, los padres se comportan como niños inmaduros que no pueden correrse de sus posiciones infantiles y no son conscientes del daño que les provocan a sus hijos.

Cuando un sujeto no puede elaborar la pérdida (y de eso se trata) no hay duelo posible. En efecto, luego de la separación el sujeto se encuentra encadenado al Otro en una relación agresiva de odio. Es decir, hubo ruptura de la pareja, pero no separación. O si se quiere separación de hecho, pero no en términos psíquicos, pues el odio indica que aún hay un lazo que sostiene dicho vínculo. La mayoría de las veces es la agresión lo que sostiene al sujeto para defenderse de la angustia. No se es madre solo con parir un hijo ni con haber atravesado un embarazo. No se desea un hijo cuando de lo que se trata es de no querer perder-se un embarazo, por ejemplo.

Recuerdo el caso de una paciente que pasadas ya varias sesiones no lograba salir del lugar de la queja insoportable, víctima absoluta de la separación (aunque ella decidió dejar al padre de su hijo). “No quiere aportar dinero por mi hijo” decía (siendo que ella impedía por todos los medios que ello pase), “no lo quiere” (cuando le negaba verlo). En este caso pude colegir que se trataba de un sujeto que transitaba su vida en una competencia a todo o nada con el Otro encarnado en el padre de su hijo. Competencia que la llevaba a redoblar la apuesta permanentemente hasta extremos muy peligrosos. En efecto el padre de su hijo, al no cumplir con ese Ideal de Padre perfecto, de marido perfecto, donde ella ocupaba el lugar de amada y recibidora de todos los dotes fálicos de ese hombre que (sabemos) es un subrogado de su propio padre, pasaba de ser ese hombre idealizado y amado de todos colores a, ser odiado con una furia atroz. Vemos aquí el amor narcisista, amor imaginario, amor en el espejo y el consecuente lazo al Otro a través del odio. Concluyamos: Un hijo se da y se recibe, un hijo implica mucha renuncia y responsabilidad, pero por sobre todas las cosas un hijo implica una relación al Otro. Ese lugar que desea, que brinda las bases para la producción de un sujeto deseante y, una relación a la Otredad en el más sentido pleno de la palabra. Un hijo implica la aceptación de la castración.

Hay algo de sabiduría en aquel saber popular o mítico sobre el Rey Salomón. Seguramente conocen la historia, aquella que dice que aquel rey de Israel tuvo la encomienda de juzgar un caso en donde dos madres se disputaban la tenencia de un hijo. Salomón dictaminó que debía partirse al niño a la mitad y darle una mitad a cada una. Esta sentencia provocó en una de las madres que se acercara al estrado para decirle al rey que renunciaba a su pedido y cedía a su hijo para que no muriera. Salomón al ver este gesto dictaminó que le dieran el niño a esta mujer por el hecho de haber estado dispuesta a perderlo para salvarle la vida. Bellísima historia y sabio relato que nos muestra el lugar materno en cuanto tal, lugar del Don, el lugar de la pérdida y del sujeto.
1- Alejandro Ariel/Carlos Cobas. Arte y Psicoanálisis, Argentina, Cap. Fed., Catálogos, 1989
2 - FREUD, Sigmund: “El yo y el ello y otras obras: 1923-1925”
3-Ramiro Ezequiel Bosco.