El Diario de Gualeguay
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Viernes, 06 de diciembre de 2019
SUPLEMENTOS • GUALEYOS
Para compartir maravillosas experiencias
domingo, 01 de diciembre de 2019
Stefanía Ferrando y Juan José Ferreyra comparten Liberpool
Compartimos con Stefanía Ferrando y Juan José Ferreya sus experiencias en los viajes que han realizado a diferentes competencias de boccia (bochas), deporte en el cual han obtenido, en general, muy buenas posiciones y primeros puestos. Hoy nos comentan sobre la ciudad de Liberpool, Inglaterra.
“En Inglaterra estuvimos en agosto del 2018 cuando participamos de un Mundial de Boccia. Tanto el estadio, como el alojamiento estaban ubicados en un mismo lugar, en el centro de la ciudad. La parte que pudimos recorrer estaba perfectamente adaptada con rampas, con puertas amplias para facilitarnos el desplazamiento. Lo que no está adaptado, pero por una cuestión histórica, es la parte del centro, donde vivían Los Beatles, así que nos quedamos con las ganas de conocer los interiores. Los bares tenían accesos y mesas adaptadas.

Liberpool es una ciudad muy ordenada, muy limpia, de calles adoquinadas, callejones muy angostos donde no circulan autos, solamente peatones. Esos callejones se ramifican y nunca se sabe para dónde se va a salir. Ese paseo fue muy lindo, muy pintoresco. La ciudad está sobre el río Mersey así que hay muchas turísticas, incluyendo al río ya que hay una especie de construcción como una plaza por donde el cauce cruza por el centro de la misma, incluidos juegos acuáticos.

La gente es muy estricta, más de lo que imaginábamos; lo que se debe hacer de una forma, no tiene concesiones para otra posibilidad.
Nos encontramos con argentinos que nos comentaban que es muy diferente a nuestra idiosincrasia; el estilo de vida es más caro, pero todo funciona bien, ordenado y eficiente.

Nos llamó la atención que en todas las esquinas hay como unas urnas que están destinadas al dinero que se encuentra perdido; la persona que lo encuentra, lo deposita en esos lugares y está destinado para quienes no tienen donde vivir o qué comer. Según nos explicaron, cada uno toma lo que necesita, no se llevan todo, dejan para que otro indigente pueda tener comida o abrigo. ¡Eso nos pareció asombroso! Además encontramos gente que tenía sus carpas en la calle y dentro de ella un colchón; vivían allí y no los molestaban.

Otra de las cosas que nos impactó fue el viaje desde Manchester, a Liberpool en colectivo, donde pudimos observar que todas las zonas rurales son como que hubieran salido de un libro de cuentos; las parcelas divididas de madera, muchos árboles y suma prolijidad en los sembrados.
La construcción típica es con piedras y ahí es como que se quedaron en el tiempo y no les importaran los adelantos estéticos, son muy tradicionales; viven allí, mantienen ese estilo de vida.

Cuando salíamos a pasear nos encontrábamos con muchísimos argentinos que al vernos uniformados se acercaban a charlar con nosotros, sobre todo comentaban la idiosincrasia de los ingleses, tan diferente a la nuestra. Fuera de eso, con los ingleses no hubo mucho contacto; estaban ocupados en lo suyo, pero siempre con respeto. Cuando salen del trabajo, a media tarde, llenan los bares, toman generalmente cerveza, escuchan música y para las 8 de la noche se termina todo. No hay vida nocturna como acá. Vimos puestos de comidas, entre esos de pizzas y tacos. Para los fumadores es muy difícil conseguir cigarrillos porque está muy mal visto fumar por lo que afecta a la salud. Es así que son muy pocos los negocios que venden y a un costo muy alto.

El tema de la comida estuvo complicado. Durante tres días no pudimos comer porque es muy picante y con mucho comino. La base es papa, hongos y pollo; los dos primeros todos los días formaban parte del menú.

En lo que hace al idioma, nos costó bastante, ya que son de pronunciación cerrada, pero nos entendíamos.

Los paseos tienen accesos en las esquinas, aparte todo lo necesario para quienes quieran hacer arte callejero, con su amplificador, su guitarra, con teatro. Además esas calles tienen rampas que se entrecruzan; allí los chicos podían jugar con suma libertad. Los ascensores son muy amplios, de tal manera que entran varias sillas de ruedas.
La verdad que vivimos, más allá del torneo, una experiencia hermosa.”