El Diario de Gualeguay
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Domingo, 05 de abril de 2020
SUPLEMENTOS • GUALEYOS
domingo, 22 de marzo de 2020
Horacio Cantero, desde Ronda, España “Año 2020, cuando el mundo se detuvo”
Una piedra se arroja al agua y produce ondas circulares que van ganando superficie, así, el Covid 19 invadió el espacio vital de la sociedad mundial dejando efectos que superan la propia crisis sanitaria
Con un poder de contagio descomunal y aunque menos letal que otros agentes virales que le precedieron, como la trágica gripe española, la singularidad del corona virus raya en haber alterado el pulso político y económico establecido. Hace tan solo 10 días nos pensábamos en un mundo férreo e inconmovible hasta que este enemigo invisible golpeó la piedra angular y resquebrajó al sistema capitalista mundial, tal cual lo conocemos.

Mientras la ciencia y los profesionales de la salud luchan contra la pandemia por curar al mundo, bueno es detenerse y razonar que sociedad nos quedará tras el corona virus. Cierto es que el capitalismo está interrumpido, ya que el intercambio de bienes y servicios no existe hoy debido a que las fronteras, aéreas, terrestres y marítimas están cerradas y las personas confinadas a su territorio, y hasta dentro de los mismos países se han levantado fronteras entre provincias. La libertad individual de circulación ya no es tal y estamos retenidos, viciados de indefensión. La llamada economía de mercado desapareció, y en los estados y las naciones se consagró una sensación de introspección, han virado hacia adentro como una súper nova mirándose el ombligo para proteger a sus ciudadanos de la amenaza viral. Asistimos a la parálisis ( fin?) del capitalismo por injerencia de este virus que retrotrae el mundo al sistema proteccionista de los años 1800 y 1900. Políticamente, Europa es el emblema gráfico del regreso a las fronteras. El Covid 19 dinamitó el espíritu del territorio único y compartido de la Unión en un continente que, en el no tan lejano 1989 derribó un muro firmando la sentencia de muerte del último vestigio comunista. Socialmente, el espacio público ya no nos pertenece, al igual que las relaciones de contacto, lo que nos vuelve vulnerables como especie. Nos creíamos fuertes y virtuosos, pero era sólo un espejismo que veíamos, como le pasaba al emperador de Hans Andersen en su cuento “El rey está desnudo”. Nos convencimos de que nuestro traje era divino, pero realmente siempre estuvimos desnudos porque pesamos en el curso de la naturaleza y del tiempo, lo mismo que una pluma en el viento.

Como toda crisis, una parte siempre es buena, y en este caos sin precedentes originado por la pandemia, los árboles, ríos y mares respiran desde hace unos días y ha bajado la contaminación por la falta de la actividad humana depredadora. Hasta en un medio televisivo vi informar que se puede apreciar desde cualquier balcón la Sierra de una Madrid por estos días purificada, con cielo limpio y descontaminada. Los pilares del mundo moderno con la circulación de las personas, bienes y servicios de intercambio se desvanecen produciendo que el mundo se deprima y se contraiga. Estamos asistiendo, forzados por la emergencia de sobrevivir a, seguramente, un cambio de época y de paradigmas que nos obligará a replantear los modos de vida en comunidad y, quizá también, los métodos de relaciones entre los países. Esta pandemia ocurre en el mismo momento y en todas partes del globo y es quizá, tras las dos guerras mundiales, el hecho que más nos amenaza a toda la especie.

Es menester plantearnos un interrogante y lanzarlo como una moneda al espacio, post Covid 19, ¿cambiarán las coordenadas de la vida humana en el mundo que nos toca vivir, tal y como lo conocemos?