El Diario de Gualeguay
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Lunes, 13 de julio de 2020
SUPLEMENTOS • GUALEYOS
domingo, 21 de junio de 2020
Silvana Caraballo, desde Puerto Madryn
Volvimos a la Argentina, a nuestro querido país, ya que Silvana Caraballo nos escribe desde Puerto Madryn. El sur, sobre el Atlántico, es la zona en la que vive Silvana hace más de 30 años, la que eligió para desarrollar la docencia, formar su familia y disfrutar de paisaje, en especial del mar y de las posibilidades que él le brinda, desde la práctica y enseñanza de deportes, pesca, aventuras sin fin. Y por supuesto, su forma de escribir, la riqueza literaria, refleja su profunda sensibilidad.
“Soy gualeya, sí pero ando en los pagos sureños desde el 1988….
Todo cambia cuando uno ve amenazada su libertad, cuando uno convierte la vida en supervivencia, cuando la muerte se apodera de todos los programas de la televisión, cuando hay que mantenerse a distancia del que queremos, del amigo, del anciano, del asilo donde uno concurre a ver gente sola, de los barrios marginales, porque esos también son “peligrosos”.

Mis vivencias y la de mi familia han sido estar juntos y recuperar espacios para conversar, armar un gimnasio para entrenar, estar despiertos hasta tarde, encontrar en internet el entretenimiento perfecto para pasar este tiempo, en poder poner sobre la mesa el valor de la vida y la opción por sobrevivir.

En lo personal me dediqué a escribir, a estudiar, a organizar mi escuela de manera online, con los pocos docentes que se encuentran trabajando, ya que Chubut está atravesando una de las peores crisis socioeconómicas que se hayan conocido; los empleados estatales cobramos el sueldo con 2 meses de atraso; estamos a 17 de junio y aun no se percibieron los haberes del mes de abril. De esta manera es difícil vivir el encierro, realizando un dominó permanente para ver qué servicio pagar y cuál postergar, que tarjeta de crédito está aún funcionando para cubrir las necesidades básicas…, pero esta manera de sobrevivir me hace pensar en el valor de vivir plenamente, los amigos, la comunidad, la cercanía. Aceptamos limitaciones a los derechos fundamentales de parte de las fuerzas de seguridad, que acá han sido muy duras. ¿Cómo practicar la caridad con el distanciamiento? Por eso creo que este virus amenaza la esencia de vivir, nos obliga a pensarnos solos optando por ver morir ancianos en la más cruda soledad; recuerdo como Jesús (el Nazareno) y San Francisco de Asís abrazaban a los leprosos. Estamos sacrificando lo que hace que valga la pena vivir, ya no hay abrazos que nos contengan, nos sostengan, nos den esa seguridad que a veces necesitamos, pero la muerte igual llega y no es democrática; la muerte les llega a los más pobres y desfavorecidos, a aquellos que siempre han vivido en desigualdad de oportunidades. El coronavirus no es justo, eso nos deja ver que siempre sufren y mueren primero los que tienen menos; nosotros nos pudimos quedar en nuestra casa porque igual cobramos el sueldo; muere el que debe obligatoriamente salir para traer el pan a la mesa a diario…

De pronto se pudo salir un poco, cambiamos de fase, todos afuera a respirar el aire puro, pero… el poco control por parte de los que deben ejecutar estas medidas no fue bueno, y volvimos a fase 2…..Fase 1, fase 2, fase 3, fase 4…, nos morimos igual, nos cuidamos igual, nos tapamos la boca, nos lavamos las manos, los pies, no nos tocamos la cara, nos mantenemos alejados, distanciados, pero siempre van a morir primero los que menos tienen…..Tenemos miedo, y el lógico, porque nos asusta morir, pero que ese miedo no nos paralice el alma.

La naturaleza salta de esplendor, y el mar está más poblado de peces que nunca, el campo es amigo del guanaco y de los zorros, mis ojotas trotan silenciosas y disfruto el sonido de las aves, el olor a campo natural, las correteadas de las martinetas copetonas, el sonido del mar al cual corro para que me abrace en las profundidades heladas, pero increíblemente ricas en fauna… Nosotros, como humanidad, quizás recibimos el coronavirus para darle valor a la vida y vivirla, para darnos cuenta de que los que menos tienen siempre mueren primero, por eso es necesario ser solidarios y equitativos, para valorar la libertad de poder ir y venir a donde queremos y a la hora que queremos, para valorar el abrazo como un tesoro inimaginable, para compartir el mate amargo sin temor a morir, para vivir quizás menos, pero bien y no mucho en letargo… Sigo trotando, mis ojotas me llevan de golpe de cara a la cordillera patagónica…, y de ahí a la Eternidad.”