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Parafilias: Pedofilia

La pedofilia es una forma de parafilia que causa daño a los demás y por lo tanto se considera un trastorno parafílico.

El trastorno pedófilo se caracteriza por la presencia de fantasías, impulsos o comportamientos sexualmente excitantes recurrentes e intensos relacionados con los niños. Como trastorno, dentro del manual de psiquiatría, diremos de aquella persona que tiene una especie de urgencias, necesidades y fantasías recurrentes e insistentes respecto a la población infantil, en general con una carga sexual y que puede o no llevarlas a cabo”.

“Esta definición en sí misma tiene algunas dificultades, porque no permite separar lo que puede estar en el mundo interno del que padece el trastorno y las conductas que pueden dañar a otros. Además, para configurar trastorno o desorden, tiene que generar dificultades o distrés significativo en la persona o en otros". Lo habitual es que estas personas viven esto con profunda vergüenza y dolor, y la mayoría de las veces no lo hablan con nadie.

Implica también, un trabajo de prevención social acerca del cuidado y protección infantil respecto a lo que llamaremos abuso sexual. El abuso sexual en la infancia es un fenómeno mucho más común de lo que se podría pensar, por lo que es muy importante proveer a los niños de estrategias y recursos para evitar este tipo de situaciones. Prevenir el abuso sexual infantil es una labor compleja, que atañe no sólo a los profesionales, sino que ha de desarrollarse involucrando a los distintos agentes sociales de la comunidad, aunque los más pequeños aún no puedan entender muchas cosas acerca de la vida, desde sus primeros años ya están capacitados para aprender muchas más ideas abstractas de las que pensamos. Así pues, el trabajo de los padres y madres no debe consistir tanto en restringir los movimientos de sus hijos, sino educarlos para que comprendan ciertos conceptos que les permitirán asimilar la idea de que ellos mandan sobre su cuerpo y que quien quiera tocarlo o verlo de ciertas formas va a necesitar una buena excusa y actuar en un contexto muy concreto. La educación sexual es fundamental. Al igual que es importante favorecer su autonomía y su gestión emocional, también es necesario que aprendan a identificar de forma correcta las diferentes partes de su cuerpo, enseñarles que tienen derecho a la privacidad y a la intimidad, que su cuerpo es suyo y que nunca deben permitir que nadie les haga nada que les incomode. Ayudarles a diferenciar secretos buenos de aquellos que les incomodan, les hace sentir tristes o les asuste es imprescindible para que puedan dar el paso de contarlo y pedir ayuda. Como una gran cantidad de los casos de abuso sexual ocurre dentro del ámbito doméstico y familiar, advertir acerca de los peligros de relacionarse con completos desconocidos adultos y sin la supervisión de los padres o de los maestros es necesario, pero no suficiente. El sexo siempre ha sido un tema tabú, pero si lo que se quiere es que los pequeños estén preparados para identificar el abuso sexual como tal, es necesario que aprendan algunas nociones básicas acerca de esta faceta de la vida. Educar a niños y niñas en este tema no es perjudicial para ellos a ninguna edad, al contrario. Del mismo modo, es apropiado hablarles acerca de lo que es el abuso y de la existencia de personas que pueden usar el poder sobre ellos. En cuanto a qué momento es el indicado para empezar a prevenir a los pequeños contra el abuso sexual, la respuesta es simple: cuanto antes, y en la medida en la que entiendan el mensaje.

Ayudarles a entender la idea de "partes privadas". Saber discriminar los momentos en los que es apropiado que los toquen y los que no depende mucho de si conocen el concepto de "partes privadas" del cuerpo, las que cubren la ropa interior.

Prevenir significa también educar a niños y niñas que no se acostumbren a no tener poder de decisión. La actitud de evitación de problemas que muchas veces es producida por estilos de educación muy estrictos y llenos de normas y castigos es algo que facilita la aparición del miedo a decir "no". La sumisión es mala para todas las partes implicadas.

En reuniones familiares y encuentros con amigos, es muy frecuente que los padres y madres ordenen a sus hijos más pequeños saludar con muestras de cariño a personas que, de hecho, les pueden producir desconfianza por ser desconocidas.

Esta clase de acciones choca frontalmente con la idea de soberanía sobre el propio cuerpo que se les intenta transmitir para prevenir el abuso sexual infantil, y por eso es mejor evitarlas. Al día de hoy es fundamental informar, de los riesgos de las nuevas tecnologías. Hay formas de acoso a través de las redes que pueden llegar a ser muy peligrosas, por lo que debemos alertarles y supervisar su uso cotidiano de las nuevas tecnologías.

En una clase de música, un profesor compartió un tema de Canticuenticos sobre los secretos que duelen y una nena pudo relatar un abuso que sufría:

“Hay secretos livianitos Que te llevan a volar

Y hay secretos tan pesados Que no dejan respirar

No se tienen que guardar Los secretos que hacen mal

No se tienen que guardar Los secretos que hacen mal

Si no alcanzan las palabras Para lo que hay que contar

Inventemos otro idioma Siempre te voy a escuchar

Acá estoy Quiero ayudarte, sé que decís la verdad -Ya no habrá que andar con miedo Porque te voy a cuidar”