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Basta de politiquería barata

Editorial a cargo de Julián Lazo Stegeman, Licenciado en Comunicación Social.

En plena segunda ola de la pandemia del COVID-19, los administradores de nuestro Estado siguen exhibiendo una preocupante inoperancia a la hora de decidir, consensuar, aplicar y desarrollar medidas tendientes a contener los gravísimos avatares del coronavirus en nuestro país.

A las ya conocidas ineficiencias del Gobierno Nacional a la hora de la comunicación externa de sus decisiones, se le suman las problemáticas al momento de estructurar un diálogo interno organizado entre los funcionarios que componen el oficialismo. Las fisuras y descoordinaciones dentro de la gestión gubernamental generan una profunda incertidumbre en la sociedad civil.

Los cortocircuitos, por ejemplo, entre las declaraciones del Ministro de Educación Nicolás Torta y el discurso del Presidente Alberto Fernández exponen una fractura comunicacional en el seno del Gobierno que debe ser resuelta con suma urgencia. Claro está que luego de más de un año de pandemia, no deberían ni ocurrir.

El licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y periodista, Federico Poore, comenta lo siguiente: “Un presidente que improvisa, no toma decisiones basadas en la evidencia y se va de boca en cada entrevista que ofrece, y una oposición que no logra resolver sus diferencias internas y después guapea por Twitter aprovechando el costo cero de algunas de las consignas que esgrimen”.

A mi entender, estás palabras sintetizan las enormes deficiencias de la corporación política nacional para hacerse cargo de una sociedad impactada por las fluctuaciones de la crisis sanitaria y económica que se está experimentando actualmente. Son tiempos en los cuales las autoridades de la burocracia estatal deberían dar respuestas a la ciudadanía sobre la realidad que le toca vivir en estos momentos. ¿Cómo cambiarla? ¿Cuándo? Con qué? ¿Cuales modos y modelos de acción son factibles y aceptables?. Los interrogantes abundan, las certezas escasas.

Nuestra República debe exigir funcionarios a su altura. La política es la mejor herramienta para transformar la realidad de las personas, pero en manos de estas clases políticas inertes se convierte en un arma de doble filo: puede transformar la realidad de la gente, pero para peor.

Basta de rodeos, de vueltas, de incertidumbre. Son épocas para brindar certezas, tranquilidad, consenso y mesura. Que la politiquería barata no sea un obstáculo para mitigar y controlar la crisis sanitaria y económica que atraviesa el país.