Editoriales | alcohol | Ambiente | aplicaciones

El bombardeo de noticias, la "info-toxicidad"

¡Me cansaron de ver y oír...! (1ª Entrega)

La función de los medios de comunicación, consiste en informar y difundir criterios educativos y formativos, pero no puede ignorarse que también desempeñan una función publicitaria; son vidrieras perfectas para anunciar productos y generar imágenes de las marcas. También pueden constituirse en altavoces de difusión de ideologías y en creadores de tendencias de opinión y de intención de voto. Estamos sometidos a una avalancha de información que, sin tiempo material para procesarla con la tranquilidad que requiere la reflexión sobre su contenido y significado. Las noticias falsas (fake news) se difunden hasta diez veces más rápido que las verdaderas y, aún desmentidas, sobreviven en las redes. Cerca de la mitad llegan a través de medios de comunicación convencionales y circulan por redes sociales. Este tipo de información es dañina y produce intencionada confusión; generan una forma de manipulación del pensamiento de los ciudadanos inadvertidos, para alcanzar determinados resultados de antemano.

Antes de la pandemia había un estilo de vida, con él vino el “estilo COVID”; en el mundo padecemos al virus a la saturación de informaciones (“infosaturación”) y a las consecuencias de la repercusión socio-económica. Las formas de convivencia cambiaron, con distancia, tapabocas, alcohol y mucho jabón incluidos en un ambiente de tecnologías de la información y comunicación (televisión, radio, pantallas, aplicaciones, redes sociales, trámites y manejos rutinarios on line). En esa interacción se han generado efectos negativos intoxicación informativa (“infoxicación”), que en determinado momento lleva a un hartazgo tal, que provoca el ¡basta de información! con desconexión absoluta o casi total. Pero también existen aspectos positivos como ciertos aprendizajes con nuevas maneras de conexión y comunicación (“infonexión”). No deja de ser una paradoja que en una sociedad en la que resulta tan fácil acceder a más información, ésta menos sirva para tomar decisiones, mediante el análisis reflexivo y mesurado. Ello es así, porque estamos inmersos en una sociedad adicta al cambio e “infoxicada”. Para salir, debiera apostarse por una “dieta informacional” restrictiva, en lo cuantitativo y emocional. La única información susceptible de ser receptada, en un momento de “infosaturación e infoxicación”, es aquélla que sorprende por lo no aburrida. Es evidente, que una información sin criterio o pasión, representa un ruido que sólo resulta molesto a quien lo escucha.

Los ejercicios de cuestionamiento y valoración de información permiten emitir un juicio o tomar una posición con respecto a los hechos, fenómenos o ideas. Es necesario analizar la información existente relacionada con cualquier situación de la realidad. Esto permite que los ciudadanos, futuros profesionales, tengan competencias que favorezcan el análisis crítico de los problemas. La capacidad de apreciación crítica puede reconocer e impedir los vicios mencionados, administrando la proporción a ritmos humanamente posibles y de calidad.