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Quema de pastizales y Derechos Humanos

Nuestra Constitución Nacional establece lo siguiente en su artículo 41°: "Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo...".

Sin embargo, ¿hasta qué punto el modo de producción vigente y sus agentes respetan este postulado constitucional?. A causa de la voracidad económica salvaje y poco sustentable, el derecho a un ambiente sano cae en las barrancas de una concepción utilitarista de la naturaleza. Maristella Svampa y Enrique Viale plantean que vivimos en una sociedad en la que los riesgos y las incertidumbres causados por la dinámica industrial y la opción por un crecimiento económico exponencial e ilimitado producen daños sistemáticos e irreversibles en el ecosistema, que afectan y amenazan las funciones vitales de la naturaleza y la reproducción de la vida. Precisamente, en esta línea, se puede agregar que la dinámica productiva de los grandes agentes económicos, en pos de obtener rentabilidades, no repara en los derechos fundamentales de las personas, ni siquiera en el derecho a la vida, contemplado, por ejemplo, en el artículo 3° de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona".

La destrucción provocada por la quema deliberada de pastizales en la zona del Delta del Paraná, uno de los humedales más importantes del mundo y, a su vez, protegido internacionalmente, se inscribe en esta línea vejatoria de múltiples derechos de los ciudadanos.

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Quema de pastizales

Quema de pastizales

Además del no cumplimiento del artículo 41° de la Constitución Nacional antes mencionado, lo que está sucediendo en nuestro litoral con las quemas intencionadas es un resquebrajamiento de diversos acuerdos internacionales. El Pacto de San José de Costa Rica (de jerarquía constitucional en nuestro país) establece el derecho a la vida, a la salud y a la dignidad de las personas. Asimismo, El Movimiento Campesino Internacional, a propósito de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, expresa que el modo de producción vigente nos ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado. Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre ésta, convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma. Así se señala como los derechos humanos fundamentales se ven gravemente vejados en pos de un modo de producción contaminante. A su vez, por otra parte, El Protocolo adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales —Protocolo de San Salvador—. Establece en su artículo 10°: "Toda persona tiene derecho a la salud, entendida como el disfrute del más alto nivel de bienestar físico, mental y social" Asimismo, el artículo 11 dice lo siguiente: "Toda persona tiene derecho a vivir en un medio ambiente sano y a contar con servicios públicos básicos. Los Estados partes promoverán la protección, preservación y mejoramiento del medio ambiente".

Finalmente, cabe agregar que la quema de pastizales configura una forma de violencia estructural. El Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) plantea que este concepto alude a los efectos nocivos producidos por las estructuras económicas, sociales o políticas cuando generan miserias. Sin lugar a dudas, las mencionadas mantienen el modo de producción vigente, en el cual se amparan este tipo de actividades como las que ocurren en el Delta del Paraná. Las mismas son claras generadoras de violencia estructural. No sólo arruinan las salud de las comunidades, sino que también quebrantan sus fuentes de trabajo. Mientras esto ocurre, los vecinos de esta zona del litoral deben experimentar la miseria provocada por estos accionares violentos, donde se vejan muchos de sus derechos.

Julián Lazo Stegeman

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