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La cúpula política debería abandonar su palacio y cruzarse con la realidad

Mientras el Gobierno Nacional se reacomoda y da sus primeros pasos con el nuevo gabinete, la actualidad económica del país continua su rumbo por un camino de incertidumbre.

Dentro de esta vorágine, se destaca las contingencias en relación al salario de gran parte de la ciudadanía. En estos últimos días, Argentina dio luz verde a un aumento del salario mínimo que incrementa el ya aprobado en abril pasado del 35% hasta un 52,7% para febrero de 2022 de forma progresiva, aunque aún no alcanza para cubrir los estragos de una inflación que superó el 50% en los últimos 12 meses y que aviva el descontento social contra el Gobierno de Alberto Fernández (Fuente: Jorge Hurtado para France24 https://www.france24.com/es/programas/econom%C3%ADa/20210922-argentina-salario-minimo-aumento-crisis).

Ciertamente, este aumento es sumamente escaso y no alcanza para que los salarios de muchos ciudadanos puedan competir contra la inflación.

El oficialismo, en el contexto de su dinámica y escandalosa interna a cielo abierto, exhibe una vez más una profunda desconexión en relación a la realidad de muchos segmentos de la sociedad civil.

No sólo preocupa el trabajo precarizado en nuestra actualidad nacional. A su vez, aquellos sectores que tienen la posibilidad de mantener un empleo en blanco, deben subsistir día a día con un sueldo que, en los mejores casos, a duras penas llega a fin de mes.

Mientras la corporación política se da el lujo de desarrollar grandes fiestas y banquetes en Olivos, cual reyes en sus palacios de la Edad Media, la población continúa experimentando los avatares de la crisis económica y sanitaria de nuestro país. En este contexto, la mejor respuesta que le otorga la cúpula política es un mísero aumento del mínimo salarial.

La pobreza y la inflación no van a detenerse hasta que el Gobierno resuelva sus pujas internas. La sociedad necesita muchas respuestas a sus demandas. Demandas que apuntan directamente a poder mantener una vida digna.

La urnas hablaron y dictaron un rotundo fracaso del oficialismo. Con un reacomodo político de su gabinete no alcanza. Tampoco con dádivas cortoplacistas de tintes electoralistas. Este vergonzoso aumento del salario mínimo demuestra que la agenda del Gobierno está por encima del de la ciudadanía. Son tiempos en donde este oficialismo debería dar alguna muestra de robustez y gobernabilidad de aspecto económico con un plan sustentable en el largo plazo. Para este objetivo, es necesario que la cúpula política abandone sus palacios y comience a oír lo que sucede en la calle, en el espacio público.

Julián Lazo Stegeman