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LA INFLACIÓN ES EL IMPUESTO DE LOS POBRES

La inflación es el impuesto de los pobres: afecta a todos los que tienen ingresos fijos, como los trabajadores que cobran salarios.

La inflación es el impuesto de los pobres: afecta a todos los que tienen ingresos fijos, como los trabajadores que cobran salarios, porque cuando estos se ajustan al ritmo de la inflación, o a uno menor, pierden poder adquisitivo, mientras el aumento de los precios continúa. Los datos confirman esta afirmación en Argentina: según estadísticas oficiales del INDEC, los salarios perdieron en relación con la inflación durante los tres de los últimos cuatro años, lo que significa que se redujeron en términos reales: le ganaron levemente al aumento de los precios en 2017 (2,1%) y luego perdieron en 2018 (-12,2%), 2019 (-8,4%) y 2020 (-2,3%). En total, acumularon una pérdida de casi el 20% en estos 4 años.

Si observamos lo ocurrido durante los últimos meses, de enero a julio, la masa total de remuneraciones de los asalariados registrados del sector privado aumentó un 20,25% (datos del Ministerio de trabajo y economía social), pero la inflación acumulada durante ese período fue de 29,1% (datos del INDEC): esto significa que el total que perciben estos asalariados perdió poder adquisitivo: cada vez pueden comprar menos bienes. Y es probable que siga siendo así durante este año, pues la inflación anual que había estimado el gobierno para el cálculo del presupuesto fue de 29%, ya superada en julio; y los ajustes salariales están siendo menores, en general, que la inflación real anual, estimada en torno al 50%.

Si a lo anterior se suma el hecho de que, según datos del INDEC del primer trimestre, estaban en paro 1,3 millones de personas; y que la cuarta parte de la población ocupada se identificó como subocupada (que trabaja menos de 35 horas semanales y está dispuesta a trabajar más horas), se comprende que lo que ocurre en el mercado de trabajo sea una causa básica de que casi la mitad de la población argentina se encuentre en situación de pobreza (40,6%, al fin del primer semestre de 2021, según datos del INDEC).

No hay dudas de que la reducción de una inflación que ronda en torno al 50% anual es una de las mejores políticas sociales. Sin embargo, es frecuente que se eche nafta al incendio inflacionario (esto no es nuevo en Argentina). Una nafta muy “eficiente” para producir inflación es el aumento de la emisión monetaria para cubrir los déficits fiscales y, simplemente, para que haya más circulante en la calle. En estos momentos se alzan algunas voces que proponen aumentar la emisión monetaria; que de hecho se está produciendo, según la información de algunos periódicos: se habría contratado la emisión de billetes en Brasil y otros países ante la imposibilidad de producirlos suficientemente en Argentina. A muy corto plazo, uno o dos meses, este aumento de la emisión podría mejorar la situación de los más pobres; pero luego la empeorará, por sus efectos sobre la inflación y el precio del dólar (u otras divisas). ¿Cuándo dejaremos de apagar incendios con nafta y comenzaremos a atacar problemas estructurales, de largo plazo, como el déficit fiscal y la inflación?

“Uno de los factores que ha contribuido a explicar el sostenido aumento que muestra el circulante en poder del público desde mayo pasado han sido las transferencias públicas hacia los sectores más vulnerables de la población, que son

usuarios más intensivos del efectivo. Este mes en particular, junto con los haberes de agosto, la ANSES efectuó el pago de un subsidio extraordinario de hasta $5.000 a personas jubiladas y pensionadas” (Informe monetario mensual, agosto, BCRA, cierre estadístico a 7/09/21).