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María Eugenia Barrandeguy, desde Melbourne, Australia

2º parte

Hoy, María Eugenia nos habla de la ciudad de Melbourne, de los primeros años allá, los trabajos, las dificultades con el idioma y muchas más vivencias muy simpáticas.

Ahora pasaré a contestarles con respecto a la ciudad. Personalmente pienso que Melbourne es hermosa; está ubicada en el Estado de Victoria. Dicen que es la ciudad de Australia que más restaurantes tiene, no solamente la cantidad que hay, sino la extensiva variedad de comidas de todas partes del mundo. Siempre me llamó la atención que hemos ido a restaurantes argentinos y lamentablemente duran muy poco. Por lo general es gente de otros países de South América y mezclan un poco de allá y otro de acá y no es lo mismo. Estoy segura que a los australianos les encantaría un buen bife, porque siempre preguntan dónde pueden ir a comer algo argentino.

¡Algo muy gracioso!, si querés hacer un asado en casa, ¡tenés que ir a las carnicerías chinas!!!! Aprendieron a cortarlo y muy bien, y en la vidriera lo tienen como asado. Muy difícil de conseguir matambre, lo cortan muy chiquito y no se puede arrollar. Chuletas no hay problema porque ellos comen todo eso.

Unos de mis amigos quería saber que comíamos acá, realmente de todo, la fruta, los vegetales, la carne es de muy buena calidad, además son muy estrictos con todo lo que sea higiene, presentación etc., etc. Y si no ven algo bien, las multas son mortales..., y pueden cerrar el negocio en el momento.

¡Por supuesto que una extraña las cosas nuestras! Mi familia me compra queso mantecoso argentino, dulce de batata, de membrillo y.....galletas de la panadería, y muchos bizcochos de sémola, o galleta marinera. También me compran tortitas negras, pero no son como las tortitas negras, que yo compraba en la panadería Aguerre cuando era chica, y los pastelitos que hacía mi mamá, ¡qué locura!

Cambiando de tema un poquito, sí me jubile a los 70 años de un trabajo que me encantaba y me permitió conocer mucho de este hermoso país, ya que tenía que viajar a todos lados como asesora de venta. Además el gobierno quería que siguiera trabajando si era posible hasta esa edad y te daban 3000 dólares australianos por cada año extra que trabajabas después de los 65.

Lógicamente que cuando llegamos a Australia en 1975, ninguno de los dos hablábamos inglés y me acuerdo claramente que las compañías mandaban colectivos a buscar a buscar gente que quisiera trabajar, ¡increíble! Hicimos lo que todos hacemos cuando salimos de nuestro país y nadie nos conoce, trabajamos en fábricas y hacíamos limpieza de oficinas los fines de semana, aparte como no teníamos hijos, estudiábamos inglés y nos tomábamos turno, cuándo uno estudiaba, él otro trabajaba y así nos ayudábamos.

A los tres años, en 1978, dejamos los trabajos, pusimos todas cosas de la casa en un depósito y nos hicimos nuestro primer viaje de vuelta a casa, pasando primero por América. ¿Remordimientos?, ninguno de mi parte, lágrimas, muchísimas, momentos muy cómicos

con el inglés, pero todo una experiencia increíble, o tal vez yo sea demasiado positiva y agradezco infinitamente por las cosas que la vida me ha dado.

(continuará)

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