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Dando pasos hacia la resiliencia post-COVID.

2ª Entrega

Cuerpo y cerebro son importantes para conservar la salud. Cuando las condiciones mejoran, el cerebro sano deja de reconocer amenazas y se recupera, aunque se ha observado que no se trata de una verdadera reversibilidad. Sin embargo, si las demandas relacionadas con el estrés continúan, el cerebro puede “atascarse” y hasta enfermarse.

La plasticidad adaptativa es un término que describe cómo el estrés crónico puede remodelar al cerebro de una manera neuro-protectora, provocando la retracción de las dendritas y la pérdida de conexiones en áreas que son altamente sensibles al estrés.

Estos cambios favorecen las alteraciones del comportamiento, las funciones del sistema nervioso autónomo y la liberación de hormonas, como el cortisol, que son apropiadas para afrontar los factores estresantes. Cuando las condiciones mejoran, el cerebro muestra resiliencia y se recupera, sin embargo, si las demandas relacionadas con el estrés continúan, el cerebro puede alterarse. Lo lamentable es que las situaciones estresantes no siempre se perciben o reconocen, por lo que se tornan crónicas o persistentes. Algunos ejemplos de estas enfermedades serían la ansiedad o la depresión mayor, que pueden comenzar como una respuesta apropiada al estrés, pero se vuelven inadaptadas cuando persisten.

La vida de un individuo puede modificarse por experiencias que quedarán grabadas como positivas o negativas, según la respuesta adaptativa. Estas experiencias son particularmente poderosas durante las “ventanas de oportunidad” como el desarrollo fetal, la primera infancia y la adolescencia.

Dada la naturaleza continua, poderosa y dinámica del estrés, no es sorprendente que la desregulación del sistema y el aumento de la respuesta de adaptación, intervengan en desórdenes psiquiátricos. Todos los humanos tienen, un número mayor o menor de factores de riesgo hereditarios para la depresión mayor. Los hallazgos de un estudio importante muestran que en la depresión se produce la desregulación de los mecanismos de adaptación. La suma de todas las experiencias puede tornarse limitada y socavar el funcionamiento óptimo, alterando la capacidad de adaptación, el afrontamiento y la remodelación del cerebro, de manera continua o brindando oportunidades para el cambio. De hecho, numerosos estudios han revelado el impacto positivo de actividades como el ejercicio físico regular y el aprendizaje intenso para mejorar el volumen y la actividad de áreas del cerebro, a través de una mayor resiliencia o fortalecimiento frente al estrés.

La neurobiología del estrés representa el cimiento de los trastornos afectivos. Si bien en la segunda parte del siglo hemos acumulado una impresionante cantidad de conocimientos sobre los mecanismos del estrés, apenas hemos llegado a comprender lo superficial, por lo que deben continuar las investigaciones. Paralelamente, los seres humanos debiéramos hacer todo lo posible por aprender a reconocerlo rápidamente mediante la sensibilización de la percepción; sólo de esta forma se podrá intentar un desmontaje de los mecanismos estimulantes del estrés malo.

“Tómate tiempo en escoger un amigo, pero sé más lento aún en cambiarlo”.
Benjamín Franklin