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Los Pecados Capitales

La lujuria, la ira, la soberbia, la envidia, la avaricia, la pereza y la gula, constituyen lo que conocemos como los siete pecados capitales

La lujuria, la ira, la soberbia, la envidia, la avaricia, la pereza y la gula, constituyen lo que conocemos como los siete pecados capitales y tan fuerte es su presencia en nuestra humana interioridad que todos nos sentimos, en mayor o menor medida, atraídos y cautivados por tan hondas y afligentes cuestiones.

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Por ello me permito proponerles que en este espacio de psicología abordemos juntos y a lo largo de los próximos domingos, cada uno de los siete pecados capitales y que en esta entrega nos introduzcamos en el tema, mediante alusiones generales de tenor psicológico, religioso-histórico y literario, a las que utilizaremos cómo miradores primeros de estas pasiones humanas a las que llamamos pecados.

Tratar el tema de los Pecados Capitales es cautivante. En lo personal he crecido educada en colegio religioso e impregnada de preceptos católicos fui llevando mi vida para bien o para mal dentro de ciertos cánones más o menos morales o religiosos. Con el tiempo y mi formación filosófica aprendí a cuestionar un poco más mis preconceptos, debo decir que, desde niño uno se observa y reflexiona con ojos asombrados y una mirada un tanto culposa cuánto de pecaminosa es su vida, de acuerdo a los parámetros de maldad que nos enseñan: ¿seré soberbia, ¿cuánto de gula hay en mí? ¿Aspiro a un goce desmedido? ¿Es pecado acumular bienes? desde distintos ángulos de análisis: desde la Filosofía que nos lleva a ver lo cotidiano con una mirada nueva, cuestionando si es necesario, lo tradicionalmente dicho acerca de los pecados, vicios y virtudes. Y desde el Psicoanálisis, penetrando en lo profundo del psiquismo desde un aspecto psicodinámico (basándose en que el acto de conducta es siempre un acto con sentido y con finalidad, a veces conciente y la mayoría de las veces inconsciente). Sumaré otros dos puntos de análisis: la Religión y la Literatura (expresión de cultura) Estos también pueden ser algo así como miradores de las pasiones humanas llamadas pecados, que trataré de utilizar para mi comprensión.

Comencemos por hacer un poco de historia, nos tomaremos varios domingos, donde desarrollaré cada uno de los pecados capitales, para aprovechar a fondo nuestra investigación, que nos dará seguramente un gran placer pues se trata de nuestra vida misma vista del derecho y del revés.

A mediados del Siglo IV d.C. nació san Juan Casiano, monje piadoso que se dio a la tarea de elaborar una lista de los vicios y pecados que ponían en peligro la vida espiritual de sus hermanos ascetas (aquellos que practican una vida austera y alejada de los placeres humanos). San Casiano se hizo el propósito de que dicha lista no fuera tan grande, sino que cada una de las malas acciones ahí definidas fueran la causa y el origen de los demás.

Después de un tiempo, logró encontrar estas ocho: soberbia, avaricia, lujuria, ira, envidia, gula, pereza y tristeza. A estas acciones se les llamó capitales. De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica, el término no se refiere a la magnitud del pecado, sino a que da origen a muchos otros pecados.

En principio eran ocho, pero el Papa Gregorio magno consideró que la tristeza, después de todo, no era un pecado “tan capital”. Y de esta manera se igualó al número de los sacramentos, que también en algún momento veremos.

Tomaré un clásico de la literatura universal que se refiere a nuestro tema: La Divina Comedia. Escrita a principios del siglo XIV, fue el gran poema de Dante Alighieri. Es un poema dividido en tres partes que cuenta el viaje del Peregrino, alter ego de Dante, por el Infierno, Purgatorio y Paraíso, acompañado por Virgilio y Beatriz. La obra se divide a su vez en cantos y está repleta de simbolismos y alegorías de temas religiosos como la salvación, el amor divino y la ética cristiana. En la primera de las tres cánticas, conocida comúnmente como El infierno de Dante, el Peregrino es guiado por el espíritu del poeta Virgilio a través del infierno.

A través de 33 cantos, en esta sección se describen los castigos que reciben los pecadores. De acuerdo con la obra de Dante, el infierno está dividido en nueve círculos, cada uno contenido dentro del otro. A cada uno le corresponde un castigo de acuerdo al tipo de pecado.

Éstos son los círculos del infierno de La Divina Comedia: Primer círculo (Limbo)Es el círculo más extenso del infierno. Aquí yacen los paganos virtuosos y las personas que fueron buenas pero que por no haber sido bautizadas no pueden entrar al cielo. Dante lo describe como un lugar con prados y castillos.

Segundo círculo. Aquí se encuentra la puerta al verdadero infierno, donde son juzgados los recién llegados. En el segundo círculo están las personas que en vida se dejaron arrastrar por la lujuria. Tercer Círculo Aquí se castiga a quienes pecaron de gula.

Cuarto círculo En el cuarto círculo habita aquellos que apreciaban y acumulaban muchos bienes materiales. Quinto círculo Es una laguna donde moran las personas iracundas y los perezosos. Sexto círculo Se encuentra dentro de los muros de la ciudad de Doti, vigilada por una multitud de diablos y por las furias espíritus de la venganza. Aquí son castigados los herejes, quienes persisten en violar los dogmas y la autoridad de la Iglesia.

Séptimo círculo Resguardado por un minotauro, a partir de este círculo se encuentran los pecadores que se entregaron a la malicia. Se divida en tres anillos: de homicidas y criminales; de los violentos contra sí mismos; y de los blasfemos, sodomitas y usureros.

Octavo círculo: Aquí se castiga a los pecados relacionados con el fraude y traición. Se llega a este círculo descendiendo de un gran acantilado resguardado por un monstruo alado de tres cabezas. De acuerdo con el nivel de fraudes, los pecadores se acomodan en diez recintos.

Noveno círculo: Está rodeado por gigantes bíblicos. Aquí yacen los traidores y están acompañados por el mismo Lucifer. El noveno y último círculo está dividido en cuatro rondas y en el centro está Satanás, condenado por traicionar a Dios.

Para finalizar por hoy citemos a Dante: “A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta había extraviado… abandoné la senda verdadera... y como aquel que alegre se hace rico y llega luego un tiempo en que se arruina y en todo pensamiento sufre y llora: tal bestia me hacía sin dar tregua, pues, viniendo hacia mí muy lentamente, me empujaba hacia allí donde el sol calla” (Infierno, Canto I).