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El justo medio

"En el medio está la virtud" decían los griegos antiguos y "Todo exceso viene del Demonio" decían los monjes debajo del calcinante sol de los desiertos.

Mientras que “Virtud” para Aristóteles es “una predisposición para hacer el bien; una motivación interna que nos lleva no sólo a hacer lo que es correcto sino a amar lo que es correcto”.

En estos días -por ejemplo- al retomar la actividad en las escuelas, nos debatimos entre dos extremos: ni tan cercanos que nos contagiemos, ni tan lejanos que no nos comuniquemos en comunidad. Otro caso: cuando vamos en auto por la ruta, es imprudente manejar a 220 km por hora y también a 20 km por hora. Lo correcto está en el “justo medio”: ni tan veloz ni tan lento. Y así, podríamos hacer una lista de actitudes: ni tanto activismo, ni tanto descanso; ni tanta comida, que lleve a la gula y al derroche, ni desnutriciones; ni el rigor legalista, ni la anarquía. Conviene, entonces, moderar los placeres, pero no a tal punto que no gocemos de una buena comida en familia o que nos llegue la muerte por desnutrición o que desaparezca la especie humana por falta del goce del amor nupcial propio de quienes tienen esa vocación.

De este modo, ser estudioso está en el justo medio entre la pereza intelectual y la curiosidad morbosa. Y la “religión” ¿tiene un justo medio?: Sí. Éste me indica que no debemos vivir ni tan confiado en Dios que nos olvidemos de nuestras responsabilidades (grandes o pequeñas), ni tan confiados en nosotros mismos que nos perdamos la alegría de sabernos amado por un Padre hasta en los detalles.

Por esto, con sabiduría, los árabes del desierto dicen: “Confía en Dios, pero ata tu camello”. Está bueno ser “fuerte” siempre que la fortaleza pone justo medio a la cobardía y la temeridad. Por ejemplo, conviene ser fuerte frente a una serpiente para que no nos haga daño, pero también conviene tomar distancia porque suele ser muy astuta según el dicho proverbial.

Santo Tomás de Aquino decía que la “prudencia” es el carrito que tira las otras virtudes, porque es una virtud teórico práctica que nos ayuda a discernir en cada momento qué es lo que hay que hacer. Por eso, la prudencia tiene una instancia intelectual (conocer la verdad) y otra instancia de voluntad (efectivamente, hacer lo que hay que hacer).

Por ejemplo, es imprudente que yo atienda un herido en la calle, pero para el médico la imprudencia consiste en no hacerlo. Yo podría poner mi voluntad, pero no tengo los conocimientos: yo sería imprudente haciendo algo para lo cual no he sido educado y, en este y otros casos similares, la prudencia me “ubica”. También es imprudente cantar en tonalidades muy altas, pero también en otras muy bajas. De ahí que una asamblea litúrgica, un coro cantan bien cuando los acordes son los adecuados.

Decía Bernardo de Claraval en la Edad Media: “La medida del amor es amar sin medida” y nos dice el pensamiento occidental que la virtud de la justicia es la firme disposición de dar a cada uno según lo que corresponde.

Sabemos que a los jóvenes del siglo XXI hay que darles pantallas para que naveguen en el mundo digital, sin embargo, todo debe ser a su medida y en su tiempo, porque es una injusticia y una imprudencia darle a nuestros niños chiquitos más celulares que rostros, más mensajes online que sonrisas. Comprobamos, entonces, que en el medio está la virtud y, por eso, antes de actuar está la meditación y, antes que nada, vale pensar si este acto se realiza conforme a la verdad y al bien.