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Corporación política y corrupción

Editorial a cargo de Julián Lazo Stegeman

Corrupción no mata corrupción. Es decir, la corrupción de un oficialismo de determinada agrupación no se puede justificar por los actos corruptos de sus antecesores en el poder. Lamentablemente en Argentina, la corrupción política es una tristísima contingencia social que no repara en ideologías puntuales. En detrimento de la sociedad, la casta de funcionarios no se detiene en consolidarse como una corporación pública corrompida por sus intereses particulares por sobre el bien general del país. En este contexto, la grieta pareciera ser una máscara mediática que oculta una patética y cruda realidad: el Estado como un conjunto de beneficios únicamente para sus administradores. En el camino, se destruyen un sinfín de derechos de la ciudadanía.

Se torna clave comprender que no debe existir la doble vara en términos de corrupción. Toda acción corrupta se debe repudiar sin importar las simpatías o afiliaciones políticas. En esta línea, es imprescindible entender que las formas y consecuencias de este tipo de prácticas acarrean consecuencias sumamente graves para la república. A propósito de estas cuestiones, Pablo Secchi ( Director Ejecutivo de la ONG Poder Ciudadano, Capítulo argentino de Transparency International), plantea lo siguiente: “ Aprovechemos el caso de las 'Vacunas Vip' para hablar de la corrupción y cómo nos afecta. Lo más obvio es cómo nos afectan claramente los privilegios y el uso de los recursos públicos en beneficio privado. Qué claramente queda expuesto en estos casos. Pero al mismo tiempo cómo nos importa más la corrupción cuando vemos que nos toca más de cerca.

La vacuna que se aplicó X no se la dieron a mi viejo o a mi abuela. Esos tipos usaron ser nuestros representantes (o funcionarios) para beneficiarse y nos perjudicaron directamente. La corrupción siempre nos afecta así, a veces el camino es más largo. Es difícil mostrar como nos impacta, porque muchas veces se transforma en cosas que no se hacen o que se hacen mal (hospitales, autopistas, semáforos). Pero lo que no se hace o se hace mal también cuesta vidas o calidad de vida. Pareciera que tenemos que ver a la corrupción bien de cerca para que nos impacte: Cromañón, Tragedia de Once, un funcionario con 9 millones de dólares en un convento, un ministerio robándole las vacunas a mi abuelo. Lamentablemente esa exposición de la corrupción sucede en casos excepcionales y muy esporádicos. ¿Qué pasaba si ese tren frenaba? ¿Si alguien lograba romper la salida de emergencia del boliche? ¿Si no había una cámara en ese convento? Si Verbitsky era más reservado?. Esos hechos de corrupción hubieran existido igual, pero nadie se hubiera preocupado.

Entonces tenemos que preocuparnos más por controlar la corrupción en otras etapas, mucho antes de que los hechos sucedan. Porque no podemos depender de la casualidad para enfrentar esto. En primer lugar prevenirla, en segundo tener mucha información disponible (cuántas vacunas hay, cuántas se aplicaron, cómo se repartieron, a quién se va a vacunar, mostrame dónde están, quién las aplica, y cuándo, y dónde). Finalmente tener organismos de control eficientes. No los tenemos. O llegan tarde, muy tarde. Ni siquiera tenemos un Defensor del Pueblo en la pandemia más grande de estos tiempos. Muchas veces pensamos en la justicia como el actor central contra la corrupción, es uno de ellos, pero no el único. La justicia llega cuando el tren chocó o la puerta no se abrió. Hay infinidades de pasos anteriores para controlarla. En el país, en una provincia o en una ciudad. La corrupción está ahí siempre, hechos pequeños o grandes, y nos afectan siempre, aunque no los veamos. ¿Por qué se cambian las baldosas? ¿quién lo hace y por qué se lo contrató? ¿Por qué se le pagan fortunas a los medios de comunicación y cómo afecta eso el control de la corrupción?. ¿Por qué no avanza esa ruta que se tiene que convertir en autopista y muere gente todos los días?

¿Por qué se favorece la empresa que tiene vínculos con determinado político?. Y no es un problema partidario. Es un tema en el cual la sociedad tiene que ponerle límites a la clase política”.

En definitiva, la corrupción es una contingencia social que atraviesa a nuestra república. Es sumamente importante combatirla y repudiarla sin importar los tintes políticos de los implicados. Debe quedar en claro que los actos corruptos de un Gobierno no justifican los de otros y, a su vez, nos perjudican a todos. En fin, finalizar con esta problemática requiere la fuerte iniciativa de la ciudadanía unida en su conjunto.