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COSA DE GRANDES

Voy a referir a tres cuentos donde la vida adulta con sus parámetros y sus criterios irrumpen en la vida de la niñez dejando huellas, no las mejores precisamente. En el cuento “La fiesta ajena” la autora Liliana Heker deja ver que hay situaciones con varios orillos. Por un lado, una niña que cree que tiene una amiga, cree que la hija de la patrona de su madre; con quien hace los deberes todas las tardes es su amiga. Por ese motivo va al cumpleaños que será una fiesta inigualable en la que habrá un mago que hasta un mono llevará. Su madre que duda, su madre que le advierte y que no es escuchada. Una niña que dice voy a ir el cumpleaños porque me invitaron. Una madre que accede y le plancha su mejor vestido. Una niña feliz en un cumpleaños como al que nunca ha ido y nunca irá. Algún que otro invitado que la mira con cara rara y la prima de la cumpleañera que la interpela “qué quién sos y qué hacés acá, y amiga de la del cumpleaños no sos porque yo soy la prima y yo a sus amigas las conozco y a vos no”. Una niña que tiene la ilusión de que los adultos no hacen diferencias y cree que la invitaron por ser amiga de la agasajada. El final del cumpleaños con la desilusión. El cuento “Conejo” de Abelardo Castillo, nos muestra como un niño descarga toda la impotencia que le genera la situación que están viviendo sus padres con su juguete preferido: un conejo de peluche. Un conejo que ha sido motivo de burla para sus compañeros de escuela, ha sido amigo y confidente; pero también ha sido y es un regalo de su madre. Ella ahora está ausente de la casa y es a vista de los demás familiares la causante de todo el malestar. Esa, su madre, fue quien le trajo una tarde este conejo. Por lo tanto no es casual que el conejo genere en él sentimientos encontrados. Que por momentos sea su amigo íntimo ante quien pude hablar francamente de la situación que están atravesando y por otros un vulgar juguete ni especial, ni único, al cual se lo puede tratar mal e incluso abandonar. Este cuento retrata la visión auténtica y descarnada de un niño acerca del comportamiento de algunos adultos. “Y no me vine a este rincón porque estoy triste, me vine porque ellos andan atrás de uno, querés esto y qué querés nene y puro acariciar, como cuando te enfermas y andan tocándote la frente, que parece que los tíos y los demás están para cuando uno se enferma y entonces todo el mundo te quiere.” Por último el cuento “Después del almuerzo” de Julio Cortázar, donde un niño es obligado por sus padres a pasear a alguien o algo después de almorzar. “Alguien / algo” digo porque no sé lo nombra a lo largo de todo el cuento. Constantemente tiene que mirarlo, renegar y tironear para avanzar en la marcha. Además no dejará de sentirse observado por los demás. Llega el momento en que saturado decide abandonarlo y salir corriendo hasta no verlo. A pocas cuadras no sólo se arrepentirá; sino que se sentirá enfermo como consecuencia de su accionar. Se ha dicho de este cuento que es una metáfora de cómo se atraviesa a lo largo de la vida por cuestiones o traumas psicológicos y cómo se los procesa, entre otras cosas. Es decir, lo que sucede con las cosas que nos toca cargar. Sin duda al leerlo el texto invita a la reflexión sobre nuestros complejos, temores, cosas irresueltas. Si las paseamos nosotros o mandamos a alguien que las saque a pasear. Hasta el viernes, Alejandra Cordero.

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