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Una democracia a favor de los intereses colectivos

Una editorial realizada por el Comunicador Social local, Julián Lazo Stegeman

El historiador argentino, Ezequiel Adamovsky, plantea lo siguiente: “Buen momento para volver a decir que las instituciones que tenemos están diseñadas para que exista una democracia boba e impotente y para que cualquier decisión política relevante que beneficie a las mayorías pueda ser revocada o bloqueada fácilmente. No así viceversa”.

Hace tiempo que la sociedad civil de nuestro país se merece un amplio y profundo diálogo nacional, siempre dentro del marco institucional, inclusivo y pacífico que todo régimen republicano propone, para fortalecer el consenso democrático en Argentina y posibilitar que la forma de gobierno vigente sea un medio para resolver las contingencias sociales que tanto afectan a la población. Este mencionado diálogo, una y otra vez, se encuentra obstaculizado por una minoría perteneciente a la corporación política. La encargada de administrar la cosa pública. La misma que sucesivamente (y aún más durante esta pandemia) ha exhibido diversas ineficiencias a la hora de solventar las problemáticas de las mayorías.

Nuestra democracia debe estar configurada a partir de instituciones que respeten la voluntad popular. La crisis sanitaria y económica que está atravesando nuestro país y el mundo debiera encontrar respuestas y herramientas de contención dentro de los desarrollos y operaciones que el régimen republicano habilita. En el actual sistema, tanto las mayorías como las minorías están representadas. Sin embargo, no se puede posibilitar que las segundas se erijan, desde las cúpulas del poder estatal, sobre las primeras. Es decir, no es posible que las clases políticas minoritarias se enreden en debates y disputas inconducentes, privilegiando sus intereses particulares y gobernando de espaldas al pueblo. Los resortes y mecanismos del Estado republicano no están para eso. Es clave fortalecer y encauzar el consenso democrático en Argentina para que prime la voluntad de las personas y se debatan y visibilicen sus problemáticas.

Son tiempos complejos. Necesitamos un Estado activo y eficiente que de la mano del régimen democrático atienda las cuestiones que tanto afectan a la ciudadanía. No son momentos para que las minorías de la administración estatal jueguen un papel para el cual no fueron designados por la voluntad popular. Los intereses colectivos siempre deben estar por sobre los particulares, más aún en estos contextos tan difíciles.