Editoriales | Diego Larrosa De Zan | estrellas fugaces |

Estrellas fugaces y el mito de los deseos

En una noche despejada podemos apreciar, casualmente, un destello (por lo general de color verde) e inmediatamente decimos que es una estrella fugaz, pero este haz de luz, muy lejos está de ser realmente una estrella.

¿Qué son estas “estrellas fugaces”?

Estos cuerpos astronómicos que vemos en la noche, en alguna oportunidad, no son más que meteoros (pequeñas rocas estelares entre un milímetro y varios centímetros de diámetro) desintegrándose en nuestra atmosfera a gran velocidad. Desde la antigüedad el hombre siempre intento comprender el comportamiento de los cielos y para este tipo de sucesos hay un mito, pedir un deseo, y proviene de Claudio Ptolomeo. Este astrónomo, que vivió en el Imperio Romano entre los siglos I y II d.C., estaba convencido que cuando una “estrella fugaz” cruzaba por el firmamento, era porque el reino de los cielos se abría para un mortal. Este fenómeno, según él, daba una oportunidad de conexión entre los mortales y el cielo, una ocasión especial para pedir un deseo que llegara a través de esta abertura. Dicho deseo debía pedirse desde que vemos la “estrella fugaz” hasta que terminemos de verla; por lo general pasan mientras estamos pensando y no llegamos a pedir el deseo, debido a su gran velocidad.

Podemos nombrar distintos tipos de estas rocas espaciales:

Cometa: cuerpo constituido por hielo y rocas que orbitan el Sol. La luz solar suele vaporizar el hielo que lo compone, formándose así su cola de polvo y gas.

Meteoroide: fragmento de un cometa o un asteroide de 100 micrómetros a 50 metros de diámetro.

Meteoro: fenómeno de luz que ocurre cuando un meteoroide atraviesa la atmósfera y se evapora, conocido como “estrella fugaz”.

Meteorito: es el meteoroide que sobrevive a su paso por la atmósfera e impacta contra la superficie de la Tierra.

¿Por qué los meteoros tienen distintos colores?

Estos colores se dan dependiendo de la composición química que tengan, por ejemplo, los colores que reflejan cuando entran al planeta, al friccionar con la atmósfera, nos dan una referencia de su composición:

Destello de color rojo: nitrógeno-oxigeno.

Destello verdoso: hierro

Destello violeta: calcio

Destello anaranjado: sodio

Destello celeste-cian: magnesio

Y podríamos seguir, pero es sólo para darnos una idea del porqué de su color.

Retomando el mito de los deseos, pensemos literalmente que solo son objetivos sin cumplir. Es decir, un deseo es algo que puedo realizar, pero que en algún punto me lo

impido a mí mismo, y necesito de la ayuda de alguna divinidad o hecho astronómico (como este) para pedir algo que en realidad está a nuestro alcance. Tal vez estas rarezas de los cielos nos generan una cierta esperanza. Si no esperáramos a una vela encendida, o una “estrella fugaz” a que realice nuestros anhelos, y seamos conscientes de que todo está en nosotros, seríamos capaces de animarnos a más, aunque son bellas tradiciones.

Tomemos iniciativa para lograr lo que deseamos, en fin, objetivar. Que, en la mayoría de los casos, lo que nos espera del otro lado de los miedos, es el objetivo final, pero para conseguirlo debemos cruzar esa línea. De sólo pensar ya nos topamos con la pregunta del miedo universal-individual: ¿lo lograré? Esta incógnita sólo la responderemos si estamos dispuestos a cruzar esta línea delgada, pero muy alta que es el temor a fracasar.