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El público disfrutó de extraordinarios talentos, en un despliegue de arte, de histrionismo, de entrega total

Después de casi dos años de silencio  (en diciembre de 2019 fue el último evento) la Subcomisión de Cultura del Club Social abrió su salón de conciertos para una presentación de gran nivel artístico.

La gala lírica que tuvo lugar el miércoles próximo pasado convocó a numeroso público que, respetando el aforo correspondiente, concurrió a la presentación de dos cantantes argentinos de trayectoria internacional: Marina Silva, soprano, Duilio Smiriglia, tenor, acompañados por el maestro Darío Ingignoli, pianista y director de orquesta, quienes asombraron con su extraordinario talento, en un despliegue de arte, de histrionismo, de entrega total.

Desde los primeros compases de “Música Proibita”, Marina Silva rebeló su claro e impecable registro, pero fue en Turandot, de Puccini, en el aria “Tu che di gel sei cinta”, en el rol de Liú, en donde canta su trágico destino con real fuerza dramática. Su portentosa voz hizo vibrar de emoción a todos. El diario La Nación, luego de unas de las actuaciones en esta ópera, dijo que Marina Silva había sido la mejor Liú que se había escuchado en el Colón después de muchísimo tiempo

Otro momento bellísimo fue su interpretación de Habanera de Carmen de Bizet. Su ritmo y el gracejo de Carmen, tan peculiar, cautivó totalmente al público.

Por su parte destaco la actuación de Duilio Smiriglia, quien entregó “No puede ser” de La tabernera del puerto, la que provoca, con su expresión dramática, una reacción emotiva muy fuerte, y ni qué decir de su “Nessum Dorma”, la que cantaran Caruso, Mario del Mónaco, la que escuchamos habitualmente en las grabaciones del inolvidable Pavarotti o Jonas Kauffman entre tantos grandes cantantes operísticos. De todas las arias de Puccini, Nessum Dorma es indudablemente la más popular. La personal interpretación de Smiriglia fue ovacionada.

En dúo recuerdo la deliciosa “Lippen Schweigen” de La viuda alegre, la famosa opereta de Franz Lehar, un romántico vals, con una interpretación preciosa, que supo transmitir el sentimiento de dos enamorados confesando su amor.

El recital de estos dos grandes de la lírica argentina finalizó con el ya tradicional “Brindis” de La Traviata que fue tarareado y acompañado con palmas por el entusiasta público. Dada la ovación, fuera de programa, nos regalaron la tradicional “Granada” en donde Duilio Smiriglia descuella con su portentosa voz,” El día que me quieras”, la que habitualmente interpretan en los escenarios más importantes del mundo, y Catarí (Core ´ngrato), una exquisita entrega con la que culminaron este bellísimo espectáculo.

El piano del maestro Darío Ingignoli fue fundamental durante todo el desarrollo del concierto. Lo escuchamos en dos momentos en solo, interpretando la maravillosa “Impresso esseresteiras”, obra del músico brasileño Villa Lobos, de marcado color local, con importantes dificultades pianísticas salvadas con límpida sonoridad, y, de Piazzolla, el inspirado “Verano porteño”.

Durante el desarrollo del concierto la emoción primó en los artistas como en nosotros, el público, sediento de volver a escuchar y ser testigos de manifestaciones de gran nivel. Este regreso después de tan prolongado silencio significa para ellos dejar atrás la tragedia. Reconocen que trabajar a través de las redes no es lo mismo que ante el público. Auténticos artistas, aman su arte y como tal se entregan totalmente en cada concierto, transmitiendo emoción, la misma emoción que cada uno de los asistentes percibimos, la que nos nutre y nos enriquece espiritualmente, que nos sana y nos moviliza hacia dimensiones superiores.

Gracias, mil gracias a quienes nos ofrecieron un recital exquisito. Gracias por su simpatía, su humildad, su auténtica ofrenda. Marina, Duilio, Darío, ¡gracias, mil gracias por su arte!

Zélika Alarcón de Tamaño