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BASTA DE SILENCIO CÓMPLICE

Editorial a cargo de Julián Lazo Stegeman

El 4 de abril de 2007 se produjo un acontecimiento sumamente lamentable para la historia de nuestra democracia: el asesinato del docente Carlos Fuentealba. En el contexto de una represión policial en la provincia de Neuquén, ordenada por el Gobernador de aquel entonces, Jorge Sobisch, para disipar por la fuerza una protesta del sindicato docente ATEN (perteneciente a la CTERA), Fuentealba fue asesinado por la espalda a manos del funcionario policial José Darío Poblete.

Este tristísimo suceso fue un punto de inflexión en el tema de la represión policial, sobre todo en lo que respecta a los gobiernos provinciales del interior del país, y se transformó en el comienzo de un intento de generar consenso alrededor de la necesidad de no encarar y atender a las protestas de la sociedad civil mediante la violencia estatal.

Casi 14 años después de aquella jornada, deplorablemente, parece que volvimos a foja cero y es necesario volver a construir y articular ese consenso en todos los segmentos del Estado.

La Policía de Formosa reprimió el pasado viernes 5 de marzo a manifestantes que salieron a protestar en la capital provincial contra el regreso a fase 1 de las restricciones por el coronavirus en esa ciudad, que comenzó a regir el jueves 4. Al grito de “queremos trabajar”, decenas de personas marcharon hacia la Casa de Gobierno provincial. Efectivos policiales a las órdenes del Gobernador Gildo Insfrán reprimieron y arrojaron balas de goma, gases lacrimógenos y luego detuvieron a manifestantes, entre ellos periodistas.

Entre los heridos, también estaba la concejala Gabriela Neme, que terminó con un brazo enyesado. Julieta González, una de las periodistas detenidas, relató: "Estaba tomando fotos. Un policía me tomó de atrás del pelo y me dijo que me iba a arrepentir de lo que estaba haciendo. Me llevaron detenida, aunque les aclaré que no era manifestante", contó la joven en diálogo con TN. Una de las fotos más impactantes de las que se viralizaron en las redes muestra a un joven con remera negra exhibiendo sus brazos con marcas de balas de goma y moretones. En diálogo con TN, Maxi, el manifestante herido, contó que es periodista y trabaja para una radio local, que estaba intentando ayudar a “una mujer que le estaban tirando con el carro hidrante” y cuando se acercó un policía le “tiró al cuerpo” y le pegó “en los brazos, el pecho y la oreja”. “Duele mucho porque fue muy de cerca y directamente al cuerpo, se me hincharon mucho los brazos”, expresó el joven (Fuente: Diario Clarín https://www.clarin.com/politica/protestas-incidentes-capital-formosa-vuelta-fase-1-restricciones-coronavirus_0_yXy7mLmug.html).

Aquel intento de consenso, derivado del asesinato de Carlos Fuentealba, para terminar con la represión estatal en las huelgas de la sociedad civil parece haber quedado en el olvido. Por un lado, de parte del Gobernador Insfrán. Por el otro, desde el silencio y complicidad del Gobierno Nacional.

Hace tiempo que los ciudadanos de la provincia de Formosa vienen reclamando justicia y denunciando el no respeto de sus derechos por parte de las autoridades públicas de allí. Las medidas sanitarias adoptadas en estos territorios parecen no incluir ni el más mínimo cuidado de los derechos humanos de las personas. Muchísimas imágenes difundidas en diferentes medios nos ilustran acerca de estas terribles cuestiones. De todas maneras, parecen no generar ningún efecto en el oficialismo nacional. La reserva ante tales acontecimientos por parte de las máximas autoridades políticas de nuestro país provocan un clima de incertidumbre, bronca y repudio. Es tiempo de que actúen para encontrar una solución pacífica a lo que está ocurriendo en aquella provincia.

La represión estatal y el incumplimiento de los derechos de las personas nunca deberían ser una alternativa, ni siquiera en este escenario de pandemia. Son momentos en los cuales los funcionarios nacionales deben tomar cartas en el asunto y dejar su silencio cómplice a un lado.