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Hoy, Reynaldo Ros y su ternura

Reynaldo Ros fue el seudónimo literario de Reinaldo Dardo Rosillo, nacido en Paraná el 24 de agosto de 1907 y que falleciera el 22 de octubre de 1954. El libro “Islas en la lluvia”, de la Editorial EDUNER – Fundación Banco Bica, (1990), es una recopilación lograda por sus amigos y por instituciones como merecido homenaje a l poeta. De las palabras preliminares y del prólogo de la edición extracto los siguientes conceptos:

De la Prof. Silvia M Storani: “…En este primer esfuerzo de aproximación al autor, nuestra única preocupación ha sido dar a conocer buena parte de su obra. La existencia de los materiales mencionados posibilitará la realización de estudios críticos y de historia literaria que lo identifiquen y ubiquen en el espectro estético argentino… …Solitario, sumamente afectuoso con sus seres queridos, emerge de sus escritos como un observador atento a la naturaleza y las costumbres, dolido por las guerras y los males que conlleva la pobreza, melancólica y jubilosamente enamorado, también entregado al gozo de recrear juegos y leyendas regionales o contar cuentos de hadas para soñar junto a sus sobrinos… De sus amigos dijo que “eran ojos que ayudan a mirar el mundo”… Del Dr. Eduardo Barbagelata, Rector de la Universidad Nacional de Entre Ríos: “El ocultamiento de su obra lírica delicada y encendida como los ceibales de su río natal, conforma una supina injusticia para la memoria del querido y admirado poeta, pero también supone una cerrada actitud de avaricia para impedir el goce y el gozo que en plenitud depara la creación artística. Reservada para unos pocos, la poesía de Reynaldo Ros se sustraía a los niños que tanto quiso y para quienes escribió algunas de sus páginas verdaderamente antológicas, conocidas y valoradas por Gabriela Mistral y José Sebastián Tallón… … Por la autenticidad de su sencillez, sin rebuscamientos, legítima, y la hondura de su intuición, en ese mecanismo de misterios que define a la poesía, hasta hacer del poeta, como se ha dicho por una voz ilustre, un pequeño Dios, es fácil advertir en Reynaldo Ros una suerte de unción religiosa que lo acerca a un místico lirismo en su vital relación con el paisaje y los seres que lo animan.” Reynaldo Ros tuvo muchos amigos poetas, entre ellos Juanele Ortiz quien, en el año 1950, en la S.A.D.E. dio una conferencia que tituló “Reinaldo Rosillo, poeta de los Niños y del Delta”. De Reynaldo Ros transcribo el “Romance del Niño y los tres Reyes Magos”, rindiendo homenaje a este entrañable poeta, y a la vez con el espíritu de ilusión y ternura de estos días festivos. Romance del Niño y los tres Reyes Magos (Para mis sobrinitos Mario y Mirta) Son Tres Reyes, sobre tres Camellos color de arena; Tres Reyes buscando un niño, Bajo la luz de una estrella. De reino en reino han andado Y van de aldea en aldea, hasta que frente a un portal, en Belén, los tres sea apean. No ya en un palacio real; en un establo es que encuentran al niño recién nacido, como otro no vio la tierra. Y el niño, al que unos pastores están adorando en rueda, tiene por trono el regazo de la Madre pura y tierna, en tanto que un buey, su aliento humeante y tibio le acerca. Los tres monarcas llegados a tal Niño reverencian y ya su oro y su mirra y sus tres reinos le ofrendan. Y que a los pies del Niño Dios, el que dulcemente reina, como ramos de jazmines arriman sus barbas regias. Después de la Adoración, los Reyes Magos regresan por desiertos y poblados llevando la buena nueva. Ya en honor del Niño Dios, a los humildes se allegan. Y en tarea generosa su corazón se desvela, que en cada choza un obsequio para cada niño dejan. Desde entonces, los Tres Reyes, -según cuentan las abuelas- cruzan el mundo en las noches que la cristiandad festeja. Y acostumbran recorrer los pueblos y las viviendas donde la infancia, entre un sueño de juguetes, los espera. Y adorable es la niñez y es divino lo que sueña, si sus zapatitos pone junto a una ventana abierta. Los Reyes Magos, en tres camellos color de arena, complacientes con los niños, en visita de leyenda, pasarán por aquí, acaso mientras Mario y Mirta duerman, dejando en sus zapatitos un chochó y una muñeca.

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