Inflación | pobreza | Covid-19

Corporación política y conflictos internos

Con todos los números de inflación, pobreza y covid, la clase política vernácula no puede permitirse el continuo enfrentamiento interno entre sus facciones.

Con una inflación de abril del 4,1%, con una inflación en el primer cuatrimestre del 17,6%, con una inflación en el último año del 46,3%, con el 42% de la población ubicada por debajo de la línea de pobreza, con el 10,5% de las personas en situación de indigencia y con el 57,7% de los chicos de hasta 14 años bajo la imposibilidad de llegar a cubrir la canasta básica, sumando a todo esto la pandemia del COVID-19, la clase política vernácula no puede permitirse el continuo enfrentamiento interno entre sus facciones.

Son momentos en donde las disputas entre los diferentes bloques de poder no deben acaparar al Estado para privilegiar los intereses particulares antes que los colectivos. Pareciera ser que la corporación integrada por los funcionarios públicos gestiona y gobierna de espaldas a la sociedad civil y utiliza a la administración estatal para dirimir sus tensiones internas.

A este panorama se le añade otra lamentable cuestión. Ésta es el hecho de que la andanada de agravios y violencia dialéctica y retórica del régimen político se esparce hacia la sociedad civil. De está forma, se profundiza la división de la ciudadanía y se estimula el malestar social que tiende a quebrantar las relaciones de esta índole.

A propósito de este tema, Sergio Berensztein (politólogo, periodista, académico y asesor) plantea lo siguiente: “Imperan una profunda desconfianza entre los principales actores políticos y sociales y fuertes sesgos y prejuicios sobre las verdaderas intenciones del otro: siempre esperamos lo peor. En simultáneo, predomina un ‘diálogo de sordos’. Pretendemos imponer nuestro pensamiento sin escucharnos ni respetarnos. Con un prisma peyorativo y altanero, ni siquiera interesa una opinión discordante de la propia.

En ese contexto, tendemos a saltar hacia conclusiones extremas, a menudo carentes de sentido…Esta dinámica de disputas endémicas no se limita a adversarios o enemigos políticos, sino que también abarca, a menudo con mayor intensidad, el interior de los propios partidos, alianzas, espacios y organizaciones. Hasta llega a contaminar otras instancias de nuestra vida pública y de la sociedad civil” ( Fuente: Diario La Nación).

Es cierto que en el quehacer político existen las diferencias, como también es real que en toda república se gestiona sobre las mismas. De todas maneras, cuando éstas no sirven para construir y mejorar, tienden a desgastar el consenso democrático y a obstaculizar el bienestar ciudadano. “Para sumar complejidad, aparecen segmentos fanáticos que con discursos talibanes, generalmente de odio, pervierten aún más el maltrecho debate público hasta el límite absurdo de la cancelación. Según ellos, para que su ‘modelo de nación’ prospere, ‘el otro’ debe ser derrotado, sometido, eliminado” (Fuente: Sergio Berensztein para el Diario La Nación). Cuando los bloques de poder se instalan en el Estado y desde allí despliegan sus intereses particulares en vez de resolver las contingencias sociales, empujan a la sociedad civil a una grieta irreconciliable muy perjudicial para la democracia. Por tal razón, la ciudadanía debe estar atenta y no sumergirse en conflictos que le son ajenos.

Inflación, pobreza, trabajo informal y presión tributaria son algunas de las tantas cuestiones por las cuales las personas deberían exigirle más responsabilidad y acciones a la casta política. Queda claro, entonces, que ante la parsimonia de la sociedad, los funcionarios públicos seguirán dirimiendo sus tensiones internas bajo la administración estatal, cuando en realidad no ocupan esos lugares (designados por la voluntad popular) para tales motivos.