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Las emociones

Por la Lic. Ana María Zanini

“Casi todo el mundo piensa que sabe lo qué es una emoción, hasta que intenta definirla. En ese momento prácticamente nadie afirma poder entenderla”

Hoy comenzaré con una introducción acerca de las emociones, su definición, origen y clasificación, expondré distintas posturas teóricas y prácticas acreditadas al respecto, sin asumir pleno asentimiento sobre las mismas. En domingos próximos incursionaré en cada una de ellas o sea miedo, sorpresa, asco, ira, alegría y tristeza.

Las emociones son estados afectivos que experimentamos y tienen un origen innato. La experiencia juega un papel fundamental en la vivencia de cada emoción. Actualmente, se entiende por emoción una experiencia multidimensional, en cierta medida agradable o desagradable, reacciones subjetivas al ambiente como respuesta a estímulos significativos que consta de tres componentes: neurofisiológico y bioquímico (los neurotransmisores y las hormonas están implicados en estos procesos) motor o conductual (el comportamiento de una persona permite deducir lo que experimenta emocionalmente) y cognitivo (referido al conocimiento, sentimiento o vivencia subjetiva de la emoción).

Las reacciones emocionales son automáticas porque se producen como respuesta a un estímulo, en el menor tiempo posible. Cuando las personas toman conciencia de sus emociones, es decir son conscientes de una determinada reacción emocional, afloran los sentimientos. Son estos los que nos hacen reflexivos sobre lo que ocurre, y el ser humano logra conductas más flexibles frente a las situaciones emocionales diversas. Un sentimiento es una actitud originada por una emoción, pero tiene mayor duración que el estímulo que le dio origen. Las emociones poseen unos componentes conductuales particulares, que son la manera en que éstas se muestran externamente. En cierta medida son controlables, basados en el aprendizaje familiar y cultural de cada grupo: Expresiones faciales. Acciones y gestos. Distancia entre personas. Componentes no lingüísticos de la expresión verbal (comunicación no verbal). Otros componentes son involuntarios: Temblor, sonrojarse, sudar, dilatación de pupilas, agitación, etc.

Las emociones son motivadoras, por cuanto nos ayudan a defendernos de estímulos dañinos o acercarnos a los beneficiosos, cumplen función de alerta, poniendo en acción los sistemas cerebrales, endócrinos y metabólicos y cumplen funciones de comunicación creando vínculos emocionales.

Tienen una influencia determinante en el desarrollo de las personas, por ello, la importancia de introducir la Educación Emocional en las escuelas y tratar las emociones durante los primeros años de vida, ya que, si le enseñamos a los niños a identificar y gestionarlas les ayudaremos a integrarse de forma más saludable en la sociedad.

Tomemos el término “Psicología Emocional”, popularizado por Daniel Goleman, es definida como la “Capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos”. Desde que el concepto de inteligencia emocional ha pasado a formar parte de nuestra cultura, al día de hoy prácticamente todo el mundo ha oído hablar de esta idea. Pero, ¿en qué consiste realmente ser inteligente emocionalmente? Hay características básicas y propias de la persona emocionalmente inteligente: poseer suficiente grado de autoestima, ser personas positivas, saber dar y recibir, empatía Reconocer los propios sentimientos. Ser capaz también de controlarlos. Superación de las dificultades y de las frustraciones. Encontrar equilibrio entre exigencia y tolerancia. Para Goleman, la capacidad de entender y trabajar con los sentimientos depende de diferentes competencias emocionales. Para considerar que una persona tiene una inteligencia emocional alta, debe demostrar buenas habilidades en la totalidad de dichas competencias emocionales. Este concepto de inteligencia emocional no se basa en una sola capacidad, sino en varias, que se retroalimentan y se influyen las unas a las otras. Las facultades mentales de una persona son mucho más complejas de lo que hasta el momento se había considerado. . Pero, ¿en qué consiste realmente ser inteligente emocionalmente? Hay características básicas y propias de la persona emocionalmente inteligente: poseer suficiente grado de autoestima, ser personas positivas, saber dar y recibir, empatía, reconocer los propios sentimientos, ser capaz también de controlarlos, superación de las dificultades y de las frustraciones, encontrar equilibrio entre exigencia y tolerancia.

Autoconciencia: Es la capacidad de entender las propias emociones. La autoconciencia sería, entonces, la habilidad que nos permitiría examinar nuestras propias emociones y comprenderlas en su totalidad. Esto nos ayudaría a encontrar su origen y el mensaje que nos quieren transmitir, pero también a ponerles nombre y a comprender cómo influyen en cada situación.

Autorregulación. Se trata de la habilidad de manejar e influir en los propios sentimientos. cuando aprendemos a autorregularnos, adquirimos la habilidad de cambiar nuestros sentimientos, voluntariamente, en cierta medida. La puesta en práctica de esta habilidad es muy útil, ya que nos permite evitar relativamente aquellas emociones que más nos sabotean y fomentar las que nos ayudan.

Motivación. Definida como la capacidad de empujarse a uno mismo a actuar para conseguir las propias metas.

Empatía. Es la habilidad para comprender las emociones de otros individuos, y tenerlas en cuenta a la hora de actuar.

Habilidades sociales. Se trata del conjunto de capacidades que nos ayudan a establecer relaciones satisfactorias con otras personas. La tercera de las competencias emocionales de Goleman es la última que tiene que ver con los propios sentimientos. Está estrechamente relacionada con la autorregulación, pero lleva la capacidad para cambiar nuestro estado un paso más allá. Desde su perspectiva, si uno aprende a motivarse, será

capaz de emprender acciones valiosas. La última de las competencias emocionales de Goleman es más bien un conjunto de capacidades: se trata de todo aquello que nos permite relacionarnos con los demás de manera efectiva. Así, implicaría aspectos como: habilidad para hablar en público, capacidad de conectar con los demás y la superación del miedo a hablar con desconocidos.

Es importante mencionar que todas estas competencias emocionales pueden ser aprendidas. Al contrario que la capacidad intelectual, que se supone que es innata, las habilidades de la Inteligencia Emocional pueden desarrollarse mediante el esfuerzo voluntario y personal.

El próximo domingo trataré la emoción de la alegría en particular.