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Manuela Rodríguez desde Italia: 2ª entrega

Continuamos en el sur de la bella Italia junto a Manuela Rodríguez, joven kinesióloga, que comparte las primeras experiencias de su nuevo país de residencia.

Recordemos que, en la nota anterior, estaba en los trámites de residencia y el vigile pasó a verificar su dirección.

“Después de que pasé el vigile, me dirigí otra vez al Comune para firmar la residencia y ahí es cuando le señora que trabaja allí, la queridísima Ana, con la cuál discutimos un par de veces después, me dijo que le lleve mi carpeta (las actas de nacimiento, matrimonio y defunción de mi familia, con sus correspondientes apostillas y traducciones) a la semana próxima. A todo esto, ya estábamos en mayo y el clima era más cálido por suerte.

Presenté la carpeta entre el 7 de mayo y el 10, no recuerdo bien. A los días ya había revisado mi carpeta y me dijo que estaba perfecta, que iba a mandar las PECs (mails certificados) a los consulados que me correspondían (Consulado de Italia en Rosario y en Buenos Aires). Imagínense mi felicidad. Cada día estaba más cerca. Estas PECs son el último paso. Una vez que la Comuna manda estas PECs a los consulados, solo resta esperar que los consulados contesten y que esté todo ok. Acá se me vino un poco la noche, porque venía todo súper rápido, pero Rosario tardó en contestar un mes (siempre tarda 15 días) y Buenos Aires un mes, y peor, pidió un documento más, y después tardó otro mes en dar la respuesta final.

Acá es donde se me hizo más largo todo. Tuve que manejar la ansiedad, la preocupación, la gente que me preguntaba qué onda, cuándo iba a ser italiana. Yo todos los días de mi vida durante más de un mes, mandé mails y mensajes a los consulados a través de Instagram, Facebook, twitter (gracias a mi hermano porque no tengo). Les juro que todos los días insistí. Hasta que un día, no recuerdo bien, pero creo que fue uno de los últimos días de julio, me responde el consulado de Rosario por Instagram, que ya me habían respondido ese mismo día. Mi felicidad no se las explico. Esa noche me junté con mis amigos argentinos y tanos en la plaza a tomar unas cervezas y les conté. Pero restaba aún la respuesta de Buenos Aires. Todos los días seguí escribiendo y nada.

Hasta que el 17 de agosto, mientras estaba trabajando en el bar donde estoy como moza, me llega un mensaje del consulado de Buenos Aires, por Instagram también, diciendo que habían mandado el mail al Comune. Yo trabajando, esa noche no pude hacer otra cosa más que pensar en si ya era ciudadana o no. Pero no me quería ilusionar hasta no recibir el llamado de Ana.

Miércoles 18 de agosto, me despierto, miro el celular buscando algún mensaje o llamada. Nada. Pasan 3 minutos, llamada entrante del Comune de Rionero in Vulture. Empecé a temblar, me empezó a correr toda una emoción por el cuerpo. ¡Pronto! Digo, con la voz temblorosa. Era Ana, finalmente ¡era italiana!

Le agradecí, me dijo que tenía que ir a firmar. Corté y me largué a llorar. Le mando a mi ex novio, con él cual comencé toda esta aventura, pero después tomamos caminos diferentes. Me llama desde España. Llorando de la felicidad le cuento todo. Llamo a mi familia después y llorando y temblando a la vez les cuento. Cuánta felicidad. Después de tanto sacrificio, de laburar para ahorrar, de búsqueda de información y documentos, de viajes, ¡tanto!, había llegado el final, o en realidad, el comienzo. Porque ahora sentía que nada ni nadie me podía parar. Ahora podía vivir en cualquier parte sin problemas y sin tiempos límites.

Recuerdo el día que me llegó a Argentina, a la puerta de mi casa literal, el sobre con el acta de nacimiento de mi tataraabuelo, nacido en Circello, un pueblo de 2000 habitantes en el centro de Italia. Cuando vi ese sobre no lo podía creer. Había mandado un mail al Comune de Circello pidiéndola, pero nunca pensé que al mes ya la iba a tener en mis manos. Esto fue a principios del 2019. Acá arrancó toda esta locura y finalizó este lunes, cuando fui a buscar mi pasaporte europeo a la comisaria de una ciudad cerca de Rionero.