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Juampi Francisconi y la humildad de los grandes de verdad

Su humildad es proporcional a su grandeza. Él nunca lo diría, pero es uno de los artistas más importantes de Gualeguay, por trascendencia, proyección y demás. Hablamos de Juampi Francisconi y para evitar que se enoje, dejemos los elogios, y que los hechos hablen por sí solos. Segunda Sección dialogó con él, y no dejamos tema sin tocar. Su relación con Gualeguay, La Bomba de Tiempo, proyectos en colaboración y el crecimiento de su otra faceta artística: La pintura.

Compartimos un extracto de la nota de la edición de este Domingo. Empezamos consultando por qué vuelve al pago cada vez que puede: “Siempre que vengo a Gualeguay es como reencontrarte con lo primero que uno es, lo que terminas siendo toda la vida. Salir a andar en bici; pasar por la casa de alguien; tomar unos mates; ir al río; comer pescado con amigos; ir a alguna chacra a comer otra cosa. Eso para mí, me dispara un montón de cosas que en el momento no sé, pero me caen ideas que arrancan acá. No me preguntes por qué, pero estoy seguro que es así. Creo en eso, y tiene que ver con escaparle a la locura de Buenos Aires”. La necesidad es hasta sanitaria: “Me gusta mucho laburar, trabajo muchas horas por día, y venir a Gualeguay es salud mental. Acá pareciera que el tiempo corre de otra manera. Me gusta mucho el río, me relaciono con muchos amigos, hablo con los pescadores sobre el pique. Tengo montonazos de amigos en las ciudades vecinas también”. En el medio se cuela la definición de su faceta de amiguero: ”Cuando salgo de viaje, en cualquier lado del país, en todos lados tengo invitados. Mis compañeros de La Bomba se me ríen, porque tengo amigos hasta en Santa Cruz. Lo que pasa es que cuando ando de gira, me pego un baño y salgo a caminar. Me gusta conocer, tengo la necesidad de conocer gente y demás”. Sin embargo, en esos viajes por el interior y por Latinoamérica, el pago chico vuelve en forma melancólica: “Los domingos de gira, me da una nostalgia de pensar qué estarán haciendo los locos en Gualeguay. Pero también como trabajo mucho, hay veces que pasan tres o cuatro meses que no vengo. Soy una persona que encara un laburo y le doy hasta terminarlo. Por eso me cuesta venir a veces. Acá tengo a la mayoría de mi familia, así que eso pega mucho también”, cierra el tema. La Bomba de Tiempo El conjunto que dirige Francisconi por elección de sus compañeros, junto a un equipo de dirección, ha tocado con artistas del calibre de Calle 13, Café Tacuba, Rubén Rada, Liliana Harrero, Paulinho Moska, Pedro Aznar, Kevin Johansen, Jorge Drexler, Hugo Fattoruso, Lisandro Aristimuño, Gustavo Cordera, Nano Stern, Totó La Momposina, Jarabe de Palo, Los Pericos y muchos más. Es decir, que se encuentra en el centro de la escena de la música Latinoamericana, y es uno de los conjuntos de percusión más importantes del mundo. Escuchamos cómo va ese proyecto: “Es la columna vertebral de todo lo que hago, porque no sólo es una fuente de inspiración, sino también de concreción. Si vos no concretás lo que pensás, las cosas se van pudriendo adentro. Cuando uno no concreta una idea, no se le da paso a la que viene. Hay que aprender a soñar ideas concretables” explica. Y acto seguido, explica su rol en el conjunto: “Soy uno de los tres que está en la dirección del grupo. De diez ideas concreto entre tres y cinco, pero las concreto. Eso me da un ejercicio de pensar todos los días mil cosas, y en un cuaderno voy anotando. A veces tardan un tiempo en concretarse, se reformulan y se dan después”. Un ejemplo de eso, y volviendo sobre el poder inspirador Gualeguay, cuenta: “Ahora estamos pensando en el doblete de carnaval, que tenemos dos shows el 12de febrero, a las 20 y Fiesta Bomba a la medianoche. Estamos pensando que en el último momento del show vamos a hacer explotar papel picado o espuma. Y eso se me ocurrió acá en Gualeguay”. La cuestión no es sólo musical: “Si no tuviésemos un equipo de producción como el que tiene La Bomba, no llegamos ni a la esquina. Latinoamérica La influencia musical va trascendiendo las fronteras de Argentina: “La percusión tuvo un desarrollo muy importante en los últimos años. Desde La Chilinga en adelante, creció un montón, y con La Bomba terminó de explotar todo. Es la verdad, yo siempre trato de decirlo con la palabra adecuada para no ser vanidoso, ni rimbombante, pero lo sentí cuando fuimos a Colombia. La Bomba es uno de los grupos de percusión más importantes de Latinoamérica. Lo viví, fuimos a Bogotá, a Medellín y la gente nos conocía y nos esperaba. Fue un festival llamado Circulart, en el que van las bandas a venderse. Entonces van bandas y compradores de distintas partes del mundo. Había gente de Francia, Canadá, Estados Unidos. Los productores conocían el grupo, estuvimos con tipos que trabajaron con Carlos Vives, con Shakira, y todos contentos de que La Bomba estuviera allí. Y la rompimos”. Ahora quieren abrir las puertas detrás de la Cordillera: “Estamos armando una movida para Chile. Proyectos solistas La posibilidad de estar en un proyecto tan exitoso, le permite elegir trabajos: “Nos da la tranquilidad de decir con quién más tocar. Hago un paréntesis y cuento que laburo con Mimí Maura, con José Vélez, en la Orquesta de Música Popular de la UBA, y en Nación Ekeko (con uno de los integrantes de Tonolec), que es un proyecto electrónico, con cosas de folclore. Tengo la tranquilidad, de que si me llama para grabar un amigo, como regla de oro no le cobro. Y si me ofrecen laburo, y no no tengo tiempo, no lo hago”. Es humilde y brindado para tocar, lo que lo llevó a grabar más de cuatrocientos temas: “Toco con gente del under, gente que no es tan conocida, pero que son amigos, y la tranquilidad de La Bomba, me permite hacerlo”. Incluso, se ha dado el gusto de tocar con un referente: “El batero de César Banana, Sandra Mihanovich, Jairo. Alguien que yo admiro”. También se le da por el trabajo social: “He dado clases gratis, hemos tenido experiencias hermosas en la Villa 31, en la Rodrigo Bueno”. Y para cerrar este apartado, da cuenta de su filosofía al respecto: “Me han dado clases gratis a mí, gente como el Flaco Viggiano de Paraná. Creo que todo gira, vuelve lo mismo que damos. Quizás no con la misma persona, pero todo vuelve”, remarca. La pintura Cerramos con su “hobbie”, que fiel a su personalidad está encarando con obsesión (de la buena) y mucho compromiso: “Tengo amigos pintores, fotógrafos, de mi edad y más grandes. Desde Lucia Laporta, hasta “Lichi” Ziperovich, Mateo López, “Juana” Saldaña, Medrano mismo ,que hoy ocupa un cargo. Alguien a quien yo admiro mucho que es Raúl, Gastaldi, no sé, por suerte pude tratarlo muchas veces. Lo admiro profundamente. Hace poco vi un cuadro suyo que no lo podía creer. Tuve contactos con Derlis Maddonni, a través de mi amigo Torcuato, que en la última de época de él tuvieron mucho tiempo juntos. Pude intercambiar palabras y ver lo que hacía”. Todos esos contactos, lo inspiraron: “Algo se fue despertando hasta que un día empecé a hacer manchas y cosas. Y hoy pasó de hobbie a algo más serio. Por suerte, por la cuestión artística, pude compartir con Liniers, cuando hemos ido a tocar con Kevin (Johansen). Hace poquito lo conocí a Milo Lockett, gracias a La Bomba. Salvando las distancias te consideran como un par, entonces claro, a mí que me gusta lo que hago, y me gusta preguntar, les muestro cosas mías, y empecé a mostrar y tenés que estar preparado para la devolución. Y si estás abierto y con ganas algo vas a aprender”, remarca. Y cierra, dando cuenta de que esto va a seguir creciendo: “No tengo la suerte de pintar todos los días, no tengo tiempo en Buenos Aires. Por ahí pasan veinte días, y no pude, lo bueno es que vuelvo con tantas ganas, y además estas charlas me permitieron mejorar”, resumió. El espacio es tirano, pero da gusto hablar con un artista tan completo, que se brinda sin poses y sin auto referencia, siempre elogiando a los demás. Su permanente contacto con Gualeguay, seguramente irá desarrollando un legado importante y una poderosa influencia similar a la que su banda tiene sobre percusionistas de todo el mundo.

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