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LA LUJURIA

por Ana María Zanini

Nada de lo humano me es ajeno - Publio Terencio Africano -Año 165 a.C.

Supe que a un tal tormento sentenciados eran los pecadores carnales que, la razón al deseo sometieron. DANTE (Canto V, Infierno)

Con el pecado de Lujuria llegamos al final de la saga sobre los siete pecados capitales que juntos emprendimos varias semanas atrás: los momentos en que investigué y reflexioné acerca de este tema fueron sumamente fructíferos al ser de una profunda reflexión acerca de la naturaleza humana y sus avatares. Lo hice animada de la esperanza de contribuir, aunque fuere a un incipiente entendimiento de muchas vivencias con el anhelo de nutrirnos de conceptos, para comprender y mejorar nuestras vidas.

La idea de pecado está asociada al exceso y a la trasgresión y puede representar a la parte oscura e irracional que refleja el dominio de las pasiones, de los deseos y de los instintos del ser humano. Pero los poetas han cantado alabanzas a algunos pecados, tomados como sinónimos de protección ante demasiada racionalidad que puede hacernos perder el gusto por la vida. La valoración de los pecados cambia con los tiempos y es así como algunos de ellos pueden aparecer unidos a ciertas virtudes. La pereza, por ejemplo, ha sido reivindicada al concebirla como el arte de no hacer nada, ese tiempo de detención saludable nos libera de la ideología del trabajo… La envidia, que fue considerada el peor de los pecados, sabemos sin embargo que está llena de admiración. La soberbia, más ambiciosa aún, sueña con la posible confluencia del mundo humano y el divino, mientras que la cólera nos lleva a pensar en Jesús expulsando a los fariseos del templo. Otros pecados han sido vinculados a las artes, de manera que la avaricia, con su deseo de economía, ha inspirado al arte abstracto y al minimalismo. La gula ha mejorado su estatus social merced a la fusión entre la estética y la gastronomía. La lujuria, a su vez, goza del privilegio de ser identificada con las potencias transgresoras y las libertades, por lo que está muy presente en el arte de nuestro tiempo.

La lujuria (en latín, luxuria, ‘abundancia’, ‘exuberancia’) es usualmente considerada como el pecado producido por los pensamientos excesivos de naturaleza sexual, o un deseo sexual desordenado e incontrolable. En la actualidad se considera lujuria a la compulsión sexual. También entran en esta categoría la violación y otras parafilias. A lo largo de la historia, diversas religiones han condenado o desalentado en mayor medida o menor medida la lujuria.

El Diccionario de la Real Academia Española define el significado de la palabra «lujuria» de dos maneras: Como un «Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales». O como el «Exceso o demasía en algunas cosas».

Como hemos comentado, del latín, la palabra “luxuria” provenía de “luxus”, que significa “lujo”. Es por eso que cualquier cosa desmedida, sobre todo relacionada con el lujo, se denominará así. Cualquier persona poderosa relacionada con la posesión desmedida de bienes eran calificadas con esta palabra “lujuriosa”.

La lujuria, hoy en día, está también relacionada con los pensamientos posesivos sobre otra persona. Es en el momento en que estas obsesiones llegan a los extremos patológicos cuando generan compulsiones sexuales, abusos y violaciones. En este significado, ya empezamos a ver la connotación sexual del término. La religión, a lo largo de la historia, ha ido descalificando la palabra convirtiéndola incluso en pecado. Desde que el cristianismo llegara a Roma ( convertido en el credo oficial de Roma, recién con Constantino, hijo de Santa Elena) todas las religiones han ido condenando la lujuria Y no se dudaba en comparar los excesos de dinero y bienes con los vicios y perversiones sexuales, dándole al término un significado mucho más relacionado con el sexo . Es por eso que se modificó la acepción de la palabra y se cambió el significado por “desenfreno sexual”. Este, además, es el significado que ha llegado hasta nuestros días. Este significado también ha ido variando para adaptarse a las distintas circunstancias y pensamientos que predominan en las sociedades a lo largo de los siglos.

De hecho, para el catolicismo, el término es incluso un pecado capital. Por ejemplo, para el hinduismo, también está señalado como uno de los cinco males. En general, todas las religiones consideran que el deseo sexual ya es por sí mismo lujurioso, aunque no pertenezca al campo de la obsesión, como hemos comentado anteriormente, se sostiene que, cuando se intenta poseer a otro sujeto, con el fin de obtener amor alejándonos de Dios, aparece la lujuria como la entendemos en la actualidad. Por lo tanto, estaremos hablando de la deshumanización del ser que amamos. Pero no solo tenemos que irnos hasta las prácticas religiosas para observar la condena de este pecado. El deseo sexual lujurioso es aquel considerado como incontrolable, desordenado o exagerado. Nos referimos a una persona lujuriosa cuando esta no piensa en las consecuencias que pudieran tener sus actos.

Los cinco mandamientos de Buda también incluyeron: "no tener un comportamiento sexual incorrecto". En la antigua China, las normas de la moral eran las mismas. Si uno quiere mejorar sus propios estándares morales, debe descartar la lujuria.

Dante consideraba que lujuria era el amor hacia cualquier persona, lo que pondría a Dios en segundo lugar.

El psicoanálisis no ignora que un ser humano dominado por sus pulsiones pierde su libertad y el sentido de su responsabilidad, pero también sabe que la fuerza de la vida es una transformación constante de los excedentes pulsionales, que son la base del movimiento creador y de los grandiosos logros culturales.

El ser humano, según la teoría freudiana tiende a buscar la satisfacción plena, a colmarse, debido a la fuerza de su deseo sexual (inconsciente en su mayor parte), cuestión que nunca logrará. Así, le llevará toda la vida esta búsqueda del primer objeto perdido que nunca podrá restituir. Es tan importante este deseo, que requiere paradojalmente de su insatisfacción para que siga toda la vida indestructible y asegurando que exista ese sujeto deseante constituido a partir del deseo de un otro (en el origen de la vida) que lo involucra en una relación caracterizada por la trasmisión de la palabra (nuestro primer objeto de amor edípico).

Freud muestra la diferencia de la sexualidad humana con el animal diciendo que ella es más que su instinto, a nosotros nos mueven las pulsiones, energía que se caracteriza por no poseer un objeto fijo, natural para su satisfacción; su objeto es contingente. Puede elegir una cosa, otra persona o una parte de ella, pero, aunque el objeto sea real, siempre será percibido desde una dimensión fantaseada.

Para el Psicoanálisis, lo sexual no se reduce a la realización del coito, tiene una extensión mucho más amplia que lo genital propiamente dicho. Aquellas partes del cuerpo que Freud llamó zonas erógenas, son fuentes de la pulsión que no se limitan únicamente a los órganos genitales (todo el cuerpo es erógeno).

Para la religión, la lujuria representa el mal (excesos), pero para el psicoanálisis el mal está del lado del no reconocimiento de los límites, de aquello que es del orden de lo imposible. La lujuria no serían los excesos, si bien hay prácticas sexuales transgresivas, un sujeto dominado por las pulsiones no solo borra los límites, sino que se convierte en alguien estereotipado, falto de libertad y de decisión sobre sus actos. Las pulsiones no solo representan nuestro lado oscuro, ya que, al ser reprimidas pugnan por salir y lo hacen desviadas de su fin sexual, sino que sientan las bases del pensamiento creativo, del conocimiento y de los más grandes logros culturales. Al mismo tiempo Freud afirmó que la pulsión destructiva, a partir de ciertas transformaciones, es la condición primordial de toda sublimación, «la pulsión de investigar, la curiosidad intelectual, derivan de la sublimación de la pulsión agresiva». Así describe un tipo de actividad creadora que extrae su fuerza de la pulsión sexual e inviste objetos socialmente valorados.

Las prácticas sexuales transgresivas siempre existieron, hoy aparecen con mayor transparencia ya que nuestra cultura ofrece muchas formas de aspirar al goce absoluto bajo diferentes tipos de adicciones, a drogas, al sexo, al trabajo, etc. Por ello la lujuria, en su exceso, puede ser vinculada a la perversión y de hecho, la perversión como estructura también existe.

Amigas y amigos lectores: cómo les dije al principio hemos llegado al fin del tratamiento de los llamados siete pecados capitales, tópico que a todos subyuga por abarcar buena parte de las enormes miserias y también virtudes que nos componen.

Hoy,la exaltación de los sentidos se impone como obligación categorica, la búsqueda de un paraíso no alcanzado nunca. Las crisis de autoridad actuales producen que estemos más entregados al goce, a las experiencias de la desmesura. Frente a esta alienacion de la experiencia los analistas aspiramos a poder trasmitir algo de un orden, un renunciamiento necesario que pueda aliviarnos dé la presión de “ tener que disfrutar”.