Actualidad |

La Paradoja de la Tolerancia

En estos momentos de pandemia, donde los ánimos se observan muy exacerbados en la ciudadanía, se perciben discursos mediáticos irresponsables que poco bien le hacen al andar pacífico de nuestro país.

En estos momentos de pandemia, donde los ánimos se observan muy exacerbados en la ciudadanía, se perciben discursos mediáticos irresponsables que poco bien le hacen al andar pacífico de nuestro país. Peor aún, muchos de éstos circulan en la opinión pública desde personalidades políticas cuyas posiciones, ante una sociedad que busca certidumbre en estos tiempos extremos de COVID-19 y crisis económica, deberían estar ancladas en la mesura y el raciocinio.

Durante estos días, en la agenda mediática nacional, se vienen exhibiendo los polémicos dichos del ex Presidente Eduardo Duhalde. El 24 de agosto, expresó lo siguiente en el programa Animales Sueltos (América): "No va a haber elecciones. ¿Por qué va a haber elecciones? Tenemos un récord, la gente no lo sabe o se olvida: entre 1930 y 1983 hubo 14 dictaduras militares, presidentes militares". En esta misma línea, posteriormente, el 17 de septiembre, el dirigente peronista aseguró en una nota para Radio Rivadavia que Alberto Fernández "está grogui como lo estaba De La Rúa (Fernando)". Ante este tipo de declaraciones, las cuales aluden a algunas de las peores etapas de nuestra historia, marcadas por la desestabilización e inestabilidad constitucional, debemos reflexionar como sociedad y preguntarnos hasta qué punto podemos tolerar este tipo de expresiones.

Karl Popper describió la paradoja de la tolerancia en 1945 gracias a la siguiente pregunta: ¿Se debe tolerar la intolerancia? La respuesta también nos la dio él: no. Según este filósofo, la tolerancia excesiva, es decir llegar al punto de tolerar lo intolerante, conlleva la destrucción de la tolerancia. El filósofo se expresaba en estos términos en su libro ‘La sociedad abierta y sus enemigos’ (Fuente: Pedro Llorente Escribano para www.elplural.com).

Los dichos de Eduardo Duhalde se tornan intolerantes en el punto en el que realiza pronósticos o construye analogías entre el momento político actual y aquellos que representan situaciones terribles para Argentina. De todas maneras, en pos de la libertad de expresión, debemos tolerarlos. En este sentido, la presente columna no apunta contra este derecho fundamental para toda república sino, más bien, intenta plantear un debate alrededor de nuestros consumos mediáticos y los significantes que circulan en los medios de comunicación. En otras palabras, se plantea que no podemos permanecer inertes como ciudadanos ante estos mensajes. Este tipo de expresiones no pueden tener lugar en nuestra democracia. La forma de desarticularlas, sin embargo, no es la censura sino el repudio. Con el objetivo de cuidar la libertad de expresión y todo lo que ella implica, debemos exigir una opinión pública en donde se oigan todas las voces. No obstante, este accionar no debe ser bajo formas pasivas. Cada comentario que implique una relación tendenciosa con los peores episodios de la historia de nuestro país debe despertar la reflexión y el repudio de todos nosotros.

La intolerancia no puede ser tolerada, menos en estos tiempos complicados. De todas maneras, debemos mantenernos en los marcos que establece la libertad de expresión. Por ende, nadie puede ser callado de forma previa. Todos pueden expresarse, inclusive aquellos que plantean cuestiones del tenor de lo dicho por Duhalde. El repudio, como herramienta retórica y dialéctica, es la mejor forma de contrarrestar los discursos que rozan las maneras anticonstitucionales.

Julián Lazo Stegeman

Dejá tu comentario