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Libertad de expresión y censura

Por Julián Lazo Stegeman

Las elecciones de los Estados Unidos son un fenómeno político, social, económico, cultural y mediático que despierta la atención de todo el planeta. Los análisis que se pueden hacer en relación a ellas son muchísimos, no sólo en lo que respecta al territorio norteamericano, sino también a sus derivaciones en el mundo entero.

De toda la vorágine electoral estadounidense surgió, debido a dos acontecimientos puntuales, un profundo debate alrededor de un concepto fundamental para todas las repúblicas existentes: la libertad de expresión. Uno de estos mencionados sucesos ocurrió en la madrugada del miércoles cuatro de noviembre cuando Twitter bloqueó un mensaje de Donald Trump en el cual éste acusaba a sus adversarios políticos demócratas de tratar de "robar" las elecciones. La justificación de la red social para efectuar esta acción fue la de considerar a la publicación del Presidente de los Estados Unidos como potencialmente "engañosa". Posteriormente, el otro hecho que generó controversia en torno a la libertad de expresión fue cuando el jueves cinco de noviembre algunas de las principales cadenas de televisión en Estados Unidos, incluyendo MSNBC, NBC News y ABC News, interrumpieron el mensaje del Presidente en el que también, al igual que en Twitter, expresó que los demócratas le habían "robado" la elección. Ahora bien, más allá de las valoraciones que cada persona pudiese tener alrededor de la figura de Donald Trump y sus dichos, ¿es correcto este comportamiento y accionar por parte de los medios y plataformas de comunicación tradicionales y digitales?.

A entender de esta columna, lo ocurrido sienta un precedente peligroso. Es la reivindicación de la censura corporativa hacia expresiones de interés público. Vamos de a poco. La Declaración Universal de Derechos Humanos establece en su artículo 19 que "todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión". A priori, este postulado bastaría para finalizar el debate con respecto a las acciones de Twitter y las diferentes cadenas de televisión norteamericanas en relación a las palabras de Trump. Sin embargo, la concepción de la libertad de expresión posee matices que requieren ser analizados. Uno de ellos, por ejemplo, es determinar a qué se refiere este derecho universal. Una aproximación a este asunto la brinda el periodista y escritor Marcelo Fabián Monges al delimitar lo que no es la libertad de expresión: "sucede que la libertad de expresión no es divulgar mentiras. En este sentido, lo que hicieron las cadenas de televisión norteamericanas, lejos de la censura, es un profundo acto de responsabilidad. La situación por la indefinición de la elección es muy seria. No solamente genera muchas expectativas, también genera múltiples tensiones sociales. Lo que se define es nada más y nada menos que el futuro de una sociedad. Y sus ciudadanos lo saben perfectamente" (Fuente: Diario de México https://www.diariodemexico.com/libertad-de-expresion-y-responsabilidad). Si bien podemos coincidir completamente con Monges en que la libertad de expresión no es mentir y que su ejercicio requiere de una enorme responsabilidad, no podemos acordar con él en que la medida tendiente a contrarrestar la mentira y la irresponsabilidad sea la censura. El meollo de la cuestión está en comprender que las formas y las maneras de actuar son claves, aún más cuando hablamos de un derecho tan importante para el correcto funcionamiento de las repúblicas. A propósito, el especialista en comunicación política, Víctor Taricco, plantea lo siguiente: "en nombre de cualquier deontología periodística, las cadenas deberían convocar a otros políticos para contrarrestar o editorializar luego

ciáticamente. Sacar del aire a un Presidente que da un (delirante) mensaje postelectoral es también romper las reglas de la democracia". De hecho, así lo hicieron otras cadenas como CNN y Fox News: transmitieron en su totalidad el discurso de Trump y luego, mediante sus periodistas, desmintieron las falacias vertidas por el Presidente.

En fin, el ejercicio de la libertad de expresión requiere de responsabilidad y veracidad. Lograr que estas dos virtudes se cumplan, nunca se consigue mediante formas que impliquen la censura estatal o corporativa.