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Manuela Rodríguez desde Italia

Manuela Rodríguez, una joven kinesióloga, nos escribió y envió fotos desde Italia para compartir las primeras experiencias de su nuevo país de residencia.

Si necesitábamos optimismo, empuje y alegría para lograr lo que se desea, en ella lo encontramos.

“¡Ciao a tutti! ¡Hola a todos! Mi nombre es Manuela Rodríguez, soy de Gualeguay y hace 5 meses estoy viviendo en Italia, precisamente en un pueblo del sur que se llama Rionero in Vulture, cerca de Nápoles.

¿Que cómo la estoy pasando? Increíble. La vida me cambió por completo. Me siento feliz, tranquila y disfrutando cada momento.

Todo empezó un día hablando con mi ex novio de que quería irme a vivir a otro país, que en realidad lo quise toda la vida, pero aquella charla fue la que definió todo. Le decía que no sabía si hacer una working holiday (visa de trabajo) o qué. A lo que él me dice: "¿y por qué no te haces la ciudadanía?". Y ahí empezó todo.

Fue una larga búsqueda con la gran ayuda de mi mamá (Liliana), de datos, personas, fechas, lugares. Ninguna de las dos sabíamos nada de la familia Garófalo, pero terminamos sabiendo todo. Gracias a Elba, una prima de mi abuelo, una señora de unos 80 años pienso, que se acordaba de todo. Fue así que junté todas las actas de nacimiento, matrimonio y defunción de mi familia materna, las apostillé, las mande a traducir y el 30 de marzo de 2021 ya estaba pronta para partir con todo.

Fue difícil todo lo que tuve que hacer para poder viajar ya que el COVID estaba muy fuerte aún. Documentos, cursos de italiano para tener una justificación para entrar, PCR, comprar un nuevo pasaje, ya que el primero que había comprado no me servía porque la aerolínea lo canceló y porque tenía escala en Reino Unido y en ese momento era imposible entrar. Tuvimos que sacarnos un pasaje a Turquía, que, sí aceptaba turismo, y luego de 4 días de recorrer Estambul (es una cosa increíble, las mezquitas, su cultura, entre tantas bellezas.), viajamos a Croacia también en avión, al cual casi no nos dejan subir porque nos decían (en turco) que nos faltaba un papel de habilitación por parte de la policía para entrar. Imagínense como estábamos. Quince argentinos varados esperando subir al avión, tratando de explicarles a los turcos todos los papeles que teníamos, que estábamos en regla, que nos tenían que dejar pasar sí o sí. Después de una hora de espera, de sufrir, de pensar qué hacer si perdíamos ese vuelo, nos dejaron pasar, a diez minutos de que el avión despegara. ¡Qué alegría!

Llegamos a Zagreb (Croacia) dónde nos estaba esperando un tipo muy cómico en el aeropuerto para llevarnos en una combi a todos a Italia, todo por tierra, cruzando Eslovenia. Llegamos a Trieste el mediodía del sábado previo a Pascua, y a la tarde nos estábamos tomando el tren para Rionero in Vulture, el pueblo donde vivo hace cinco meses. Prácticamente estuvimos dos días viajando; llegamos a Rionero el Domingo de Pascua, a las 6 de la mañana, con 5 grados bajo cero. Y así comenzó todo.

Vivimos durante dos meses con dos chicas en una casa enorme, bien antigua, situada en el centro histórico de Rionero in Vulture. Les digo la verdad, jamás imaginé estar viviendo en

pueblo italiano de montaña. El pueblo es de cuentos. Caminás entre sus callecitas angostas y te llenas de historia enamorándote de cada rincón. Yo hasta el día de hoy no lo puedo creer aún.

Primero me tocó hacer todo el tema de la residencia. Con algo similar a un contrato de alquiler (carta de hospitalidad) que nos dio el dueño de la casa, me fui al Comune (sería como el registro civil en Argentina) para comenzar el trámite de residencia. Me hicieron presentar algunos papeles y luego me dijeron que tenía que esperar a que pase el Vigile por mi casa. El vigile es un policía que pasa por tu casa para corroborar que realmente estés viviendo ahí.

A los cinco días, había salido con mi ex novio a caminar, lejos, y me llama mi compañera de casa que estaba el vigile en el domicilio. ¡Mammamia!, como dicen acá. Empecé a correr como loca. Me atravesé toda la ciudad corriendo. Llegué y aún estaba Pascuale. Un tipo simpaticón y siempre de buen humor que a veces lo cruzamos en la plaza y nos saluda súper atento”.