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La automedicación y los riesgos desconocidos

Por Dr. Bernardo "Cacho" Gandini

Por “automedicación” se entiende al uso de medicamentos por iniciativa propia, sin participación del médico en el diagnóstico, ni en la receta del tratamiento. A esta decisión se puede llegar por algunos motivos frecuentes como la sugerencia de familiares o amigos que comparten sus tratamientos y, el afecto o la confianza es lo que lleva a aceptar la sugerencia.

En general esto se halla determinado por solidaridad acompañada por desconocimiento del potencial peligro que ello implica. Otra posibilidad es repetir el uso de un tratamiento previamente indicado por el médico ante un motivo diagnosticado, pero ante otra situación supuestamente igual. A la concreción de esta anomalía contribuye la venta de medicamentos sin receta médica, a veces posible, o el conseguir una receta médica de forma fraguada.

Otra posibilidad es dirigirse a la farmacia y preguntar, a empleados y/o farmacéuticos, qué se puede tomar para determinado problema de salud, asegurando realizar la consulta médica en forma inmediata, lo que luego no se concreta. En la consulta médica no suelen manifestarse estas conductas, por lo que el profesional, al ignorarlas, no educa al respecto. Desde el punto de vista médico, no obstante, se debiera asumir la frecuencia con que este comportamiento se lleva a cabo y prevenir al respecto, aportando a la toma de conciencia sobre los riesgos que se corren al decidir tomar remedios sin la consulta médica.

La automedicación podría considerarse menos riesgosa, pero no justificable como conducta, cuando consiste en tomar por propia iniciativa un fármaco conocido, para tratar síntomas como un dolor o fiebre, pero por tiempo muy breve, hasta efectivizar la consulta.

Sin dudas, como ya hemos repetido, la propaganda sobre medicamentos es un hecho motivador de estas actitudes. Un comportamiento habitual es contar con antecedentes exitosos respecto a la utilización de esa medicación, por lo que se la repite cada vez que algunos síntomas son reconocidos. Como ejemplo de este tipo de situaciones, se hallan los síntomas urinarios en mujeres y el comienzo inmediato de la toma de antibióticos, repitiendo una indicación previa, y el rápido abandono, a las 12 o 24 horas, ante la desaparición de las molestias; no siempre estos síntomas requieren de esta medicación, ni debe ser utilizada de esta forma. Algo parecido, es el caso de papás o mamás que, ante cualquier fiebre de niños y niñas, que pueden ser de diversas causas, comienzan con antibióticos indicados por el pediatra en otra situación; no cualquier fiebre requiere de esta medicación, ni de la forma en que se los dan y luego se los suspenden.

Los medicamentos de venta libre no son seguros e inocuos; “ningún” medicamento lo es cuando se toma sin la responsabilidad y control de una receta profesional, ya que puede generar eventos adversos e interacciones, sin la advertencia del médico.

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