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Hoy: el miedo

Editorial a cargo de la Licenciada en Psicología Ana María Zanini

León Felipe: “el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos”

Para conocer el origen del miedo, y por qué se hace presente en nuestra vida, se debe tener claridad que el miedo es una emoción la cual se ve transformada en el momento en el que racionalizamos, ahí se convierte en un sentimiento.

Llamamos miedo a un sistema de alarma de nuestro cerebro que se activa cuando detecta una posible amenaza real o supuesta, presente, futura o incluso del pasado. Se trata de una respuesta útil y adaptativa que conlleva cambios en el funcionamiento de nuestros comportamientos, pensamientos y cuerpo.

El miedo es un esquema cerebral de adaptación al entorno y constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, el cual le permite a la persona responder ante situaciones adversas con rapidez. En ese sentido, es normal y beneficioso para todos los seres vivos tener miedo. Es un mecanismo adaptativo a un entorno que, en ocasiones, nos da motivos para temerlo. Como puede ser en este momento la prohibición de libertad. Podemos vivir la amenaza sobre nuestra vida, si enfermamos, sobre nuestra autoestima si no somos capaces de gestionar nuestros pensamientos y nuestras emociones, sobre nuestra seguridad por no tener el control de lo que está pasando… No nos olvidemos que el miedo en sí mismo es positivo, nos ayuda a alejarnos de un suceso para el cual todavía no estamos preparados.

El estudio de las bases neurobiológicas del miedo se ha centrado en una región concreta del cerebro llamada la amígdala; la cual es una pequeña estructura alojada en el seno del sistema límbico, es decir, nuestro cerebro emocional, desempeña un papel clave en la búsqueda y detección de señales de peligro. Se podría decir que trabaja de forma análoga a un detector de humo: permanece inactiva hasta que el más mínimo estímulo amenazante la pone en marcha y su respuesta puede ser la huida, el enfrentamiento o la paralización. El miedo produce cambios inmediatos en nuestro cuerpo como, por ejemplo: se incrementa el consumo de energía celular, aumenta la presión arterial, los niveles de azúcar en la sangre y la actividad de alerta cerebral.

A su vez, se disminuyen o se detienen las funciones no esenciales, se incrementa la frecuencia cardiaca y la sangre fluye a los músculos mayores especialmente a las extremidades inferiores en preparación para la huida; se inicia una cascada hormonal desde el hipotálamo a la hipófisis y las glándulas suprarrenales, incrementando los niveles de adrenalina y cortisol.

Es preciso considerar que la experimentación de las emociones es previa a la capacidad de expresarlas. Nuestro cerebro nace con circuitos neuronales para algunas funciones ya destinadas, entre estas el reconocimiento del peligro y, por lo tanto, el circuito para tener y sentir el miedo.

El miedo es un fenómeno complejo que no siempre se manifiesta exactamente del mismo modo ni tiene las mismas causas. Es por eso que hablamos de tipos de miedo, diferentes maneras en las que esta emoción se expresa dependiendo de nuestro estado psicológico y del contexto en el que surgen las señales de peligro. Dada su extensión mencionaré algunos que consideré de interés:

Miedo real, cuando nos lleva a evitar el peligro de manera inmediata, muchas veces independientemente de nuestras intenciones conscientes, por ejemplo, el miedo a caer de un lugar alto poco seguro. Miedo irreal, en un pensamiento imaginario, por ejemplo, el miedo a hablar en público o el miedo a volar. Miedo al fracaso, a la soledad, a la muerte

Cuando sentimos miedo creemos que tenemos una baja capacidad de control y de predicción. No obstante, consideramos que necesitamos hacerle frente de manera inminente y para ello, movilizamos toda una serie de comportamientos. Siempre evitamos y/o escapamos de aquello que nos produce ese temor.

Fundamentalmente, nos sirve para “reaccionar "y escapar eficazmente cualquier peligro inminente, algo positivo en las sociedades prehistóricas, que salvaguardaba a nuestros antecesores de peligros como los depredadores, las inclemencias del tiempo y demás amenazas, colaborando así en la supervivencia de la especie.

A medida que las sociedades fueron avanzando, las teorías sobre los temores fueron creciendo paulatinamente a estas, siendo utilizado en muchas ocasiones por los grandes poderes para controlar a las masas o para moldear a las poblaciones a su antojo.

Un ejemplo claro de esto fueron las grandes políticas autoritarias, que se apoyaban en el terror para asentar sus mandatos, como el nazismo que asoló Europa durante los años 30 y 40 del siglo pasado, que basó gran parte de su poder en el miedo.

Cuando sentimos miedo creemos que tenemos una baja capacidad de control y de predicción. No obstante, consideramos que necesitamos hacerle frente de manera inminente y para ello, movilizamos toda una serie de comportamientos. Siempre evitamos y/o escapamos de aquello que nos produce ese temor.

En la próxima entrega veremos los temores y fobias infantiles.

Para reflexionar una frase del gran Ernesto Sábato:

"Siempre tuve miedo al futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte

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