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La fobia a las inyecciones

Una editorial que semanalmente realiza la Licenciada en Psicología Ana María Zanini.

Para introducirnos en el tema investiguemos en la historia de la Inyección: en medicina la inyección es la introducción de medicamentos mediante la punción a presión en diferentes tejidos corporales a través de una jeringa y una aguja hipodérmica.

Un irlandés había inventado la «aguja hueca» en 1844. Pero quien verdaderamente popularizó el método fue el médico francés Pravaz que diseñó una jeringa, precursora de las actuales, pero con pistón. El concepto era conocido desde la antigüedad, ya Galeno usó y describió métodos de inyección; sin embargo, las inyecciones aprovechaban incisiones o se practicaban, la invención de la aguja hipodérmica fue, por tanto, un gran avance. Las primeras inyecciones con jeringuilla de cristal fueron realizadas por el inglés Williams Ferguson, que ponderaba la fortaleza del vidrio porque permitía observar y vigilar la naturaleza y cantidad del líquido que se inyectaba. Era una labor delicada y larga, que requería un ayudante o practicante. Se pronosticaba por esa época que el futuro de la terapia de muchas enfermedades pasaba por las inyecciones y mejoraron, potenciaron y recomendaron este medio de combatirlas. Poco después se inventó en Dinamarca la jeringuilla desechable. Logro importante, sobre todo para los enfermos diabéticos, fue el invento de la estilográfica para inyecciones (1987) que reemplazaba a las jeringuillas para inyecciones de insulina que cada día debe ponerse el diabético dependiente de esta hormona: el cartucho de tinta es sustituido por otro de insulina.

La tripanofobia es el miedo irracional a las inyecciones y las agujas. Sus síntomas habitualmente no revisten gravedad, pero esta fobia puede llegar a poner en peligro la salud de quienes la sufren al evitar vacunas o análisis.

Aunque su mente les diga que no hay razón para el pánico, ciertas personas suelen experimentar miedos inexplicables. Algunos también simplemente temen desplomarse, o perder el control de sus acciones y reacciones. En situaciones algunos empiezan a sudar, la sangre se les acumula en las piernas, y ya no llega al cerebro en cantidad suficiente. Se atribuye ese miedo a la sangre al hecho de que esta es señal de peligro desde tiempos inmemoriales. Los cuerpos de nuestros antepasados respondieron dando inicio a una especie de programa ante emergencias. Inicialmente, todo el organismo humano pasa a concentrarse intensamente en un peligro durante un momento, y la presión arterial aumenta. Pero luego la presión baja otra vez muy rápidamente. De esa forma, el organismo puede asegurar que se produzca la menor pérdida de sangre posible en caso de lesión o heridas, y que la coagulación esté garantizada.

En esta fobia se produce una respuesta bifásica en la que en un primer momento el sistema nervioso autónomo provoca palpitaciones, sudoración y problemas a la hora de respirar, y a continuación, se da una respuesta vasovagal. Inicialmente el nerviosismo se relaciona con la ansiedad anticipatoria al pensar en lo que va a

suceder. Generalmente las personas con miedo a las inyecciones o vacunas debido a los efectos adversos, suelen ser personas muy perfeccionistas, con altos niveles de exigencia que sienten desasosiego ante lo desconocido, con una necesidad extrema de tenerlo todo bajo control y con un pensamiento dicotómico. El miedo es irracional, “como psicólogos, debemos canalizar estos estados de ansiedad para que las personas aprendan a gestionar la incertidumbre y generar estados emocionales positivos. Sólo así, la persona será capaz de procesar la información de una manera adecuada.

En la guía Fomento de la confianza en las vacunas mediante la participación comunitaria se subraya la importancia de la comunicación como "una herramienta clave para el éxito de cualquier programa de inmunización".

"Desde la Psicología podemos intervenir dotando a la población de recursos que ayuden a las personas que tienen el miedo a las inyecciones,; a las que solo se centran en una parte de la información - la más negativa -; a las que experimentan niveles de ansiedad elevados para que aprendan a manejar el nerviosismo, la incertidumbre y temor ante los posibles riesgos; a aquéllas que interiorizan informaciones no debidamente contrastadas; o personas sobre informadas incapaces de poder 'desconectar'; con problemas de hipocondría agravados por la situación, etc.". Hay tres escenarios ante el temor a las vacunas: cabe diferenciar entre las personas que tienen miedo a las inyecciones (y la mayoría de vacunas son inyectables); las que tienen miedo a las vacunas debido a los posibles efectos secundarios; y las que no tienen miedo a las vacunas, pero sí a la del Covid19. Debemos valorar hasta qué punto afecta nuestra vida y buscar ayuda de un profesional de la psicología cuando:

El miedo es muy intenso: “Cuando sentimos que esta fobia es muy intensa y realmente nos provoca una gran sensación de malestar”, es el momento de buscar una solución. Nos debemos enfrentar a lo que nos causa terror con frecuencia.

El psicólogo determinará si existe una fobia y si es aislada o si forma parte de un problema que toca otras esferas de la vida y se requiere una aproximación más global.