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La pandemia y el lazo social

Por Julián Lazo Stegeman

La pandemia trajo consigo una serie de escenarios que expusieron diversas cuestiones que estaban latentes en nuestra sociedad. Una de éstas es la fragilidad, desconocimiento y confusión que existe alrededor de la concepción colectiva, cooperativa y solidaria que deberíamos tener como sujetos sociales. En este sentido y a pesar de que somos sujetos que vivimos en comunidad, muchas veces solemos percibirnos como individualidades inconexas entre sí, como si no conformamos un ecosistema social cuyas partes son interdependientes.

A propósito de este asunto, Eduardo Feierstein (Doctor en Ciencias Sociales, investigador del CONICET y profesor de la Universidad Tres de Febrero y la UBA), plantea lo siguiente: "Toda sociedad se basa en la necesidad de crear normas para la vida en común. Esas normas pueden ser producto de la cooperación o constituir formas de opresión. Tanto centrarnos en lo segundo, los sociólogos hemos perdido de vista lo primero, que es constituyente del lazo social. Este conocimiento es ancestral. Las religiones, cosmovisiones y culturas se crearon para distinguir aquello que se puede hacer y aquello que no se puede hacer y el eje es que lo que no se puede hacer está prohibido porque daña el lazo de cooperación con los demás. Es cierto que sobre este conocimiento se montaron sistemas de opresión que intentan convencernos de prohibir ciertos comportamientos que no constituían daño alguno al lazo social sino solamente a quienes oprimen, de allí el derecho a la rebelión contra esas normas injustas. Pero el derecho a la rebelión jamás implicó (ni en Rousseau ni en Marx) 'negociar' las normas o hacer lo que se me canta sino en todo caso cuestionar si algunas normas fueron creadas en pos del bien común o solo en pos del bien de algunos pocos y generando daño al conjunto".

La pandemia del COVID-19 nos empujó hacia dilemas y análisis que solíamos omitir en la vorágine del cotidiano, del día a día. El lazo social (que debería servir para reforzarnos y construir sociedades fuertes de cimientos solidarios y cooperativos) y su debilidad es uno de ellos.

En la medida en que no comprendamos que somos seres sociales que vivimos en comunidad y que, en tiempos de crisis, nuestras acciones repercuten sobre terceros, cualquier normativa sanitaria de prevención, protocolar y de cuidados estará encaminada al fracaso.

Urge un cambio de conciencia y de paradigma cultural, siempre y cuando la infraestructura social lo permita, que nos posibilite convivir, resolver y desempeñarnos mejor en estos momentos tan ajetreados. A su vez, con este objetivo, es fundamental aprender de nuestros errores y conocer cada vez más el entorno que nos rodea. En relación a ésto, Feierstein plantea lo siguiente: "Somos humanos y quizás metimos la pata en esta pandemia alguna vez, muy posible. No nos cuidamos antes de ver a un adulto, fuimos a un evento masivo, nos sacamos el barbijo después de una hora, terminamos invitando a 20 a la reunión de fin de año. No somos delincuentes por eso, pero es muy útil entender que no estuvo bien... La sociología puede ayudarnos a entender ese proceso, a interpelar las formas de relación social buscando que emerja lo mejor de nosotros, distinguiendo a las normas de cooperación de las de opresión y apostando no solo a la rebelión sino a la solidaridad".

En fin, la pandemia muchas veces nos obliga a aprender y accionar sobre la marcha. De todas maneras, a esta altura ya queda claro que es sumamente necesario el accionar organizado y en conjunto de toda la sociedad para hacerle frente al coronavirus de forma colectiva. Para lograr ésto, es clave tomar conciencia (tanto las autoridades como la sociedad civil en su conjunto) de la importancia del fortalecimiento del lazo social entre los individuos.