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Homenaje al escritor Eise Osman en sus 90 años

El pasado domingo 8 de agosto, en la Biblioteca "Carlos Mastronardi", con motivo de cumplir 90 años, el Dr. Eise Osman fue homenajeado por familiares y amigos.

En esa oportunidad, la escritora Tuky Carboni le dedicó las palabras que publicamos a continuación:

Toda una vida

Los seres humanos no somos un ente aislado, somos en un contexto fuera del cual nos resulta difícil reconocernos. Por ese motivo me referiré a “El Beduino errante” dentro de la unidad grupal en que siempre lo vi desenvolverse a lo largo de los muchos años que llevo compartiendo su amistad. No mencionaré la cantidad de distinciones, premios y otros galardones que Eise Osman ha recibido, porque los que escuchan estas palabras los conocen de sobra, y, además, hay pruebas tangibles de todos sus logros.

Hace más de cincuenta años llegué hasta este mismo edificio, la Biblioteca Pública o Fomento Educacional, como se la llamaba en los días de mi infancia, para recibir el premio del concurso “La muerte del poeta”, organizado por la recientemente fundada Sociedad de Escritores de Gualeguay. Se había elegido como primer accionar de esta Sociedad conmemorar el año del fallecimiento del gran Carlos Mastronardi mediante un concurso que llevara su nombre. Me encontré con gente maravillosa, algunos de los cuales ya conocía desde mi adolescencia, por ejemplo Daniel Gabriel, Ana María Arribillaga, Derlis Maddoni, al que tampoco puedo citar solo, sino en compañía de mi querida amiga Selva Irigoyen. Los demás, no sabían que yo existía; por ejemplo Emma Barrandeguy, Teresita Cardeza de Valiero, Carlos Montella, Berta Tronco, Carolina Casella… En fin, la lista sigue, pero quiero dejar espacio libre a otras personas que quieren sumarse al festejo, dejando su testimonio de amistad al agasajado. No puedo, sin embargo, omitir el recibimiento del grupo humano cuyos nombres he mencionado porque eso cambió literalmente el rumbo de mi vida.

No es una novedad para nadie que soy tímida; en esa época, mi timidez era casi enfermiza; pero también he sido siempre sumamente perceptiva, y lo que fue captado por mí de inmediato es que este grupo se alegraba genuinamente de conocerme y me recibía sin reservas en su generoso corazón. Y entonces, me habilité a mí misma para sentir lo que sentía y para escribir lo que escribía. Esa experiencia de asumirme, está directamente relacionada con ese grupo humano que la vida ha ido deshojando físicamente, pero que permanece intacto en la memoria de mis recuerdos más amados.

Celebro y me honro con la amistad de Eise Osman y todo su grupo familiar, del que, ya lo dije, pero quiero repetirlo, aislado del cual no puedo concebirlo en su plenitud. Me alegra poder festejar la poesía y la amistad sincera con todos los que nos hemos reunido, aunque sea metafóricamente en esta Biblioteca, para acompañar y entregar esta Antología, pequeño testimonio que intenta reflejar el afecto, la admiración que por él sentimos. De ese grupo humano aprendí muchísimas cosas, muchísimas, pero, sobre todo, la generosidad álmica de los que, llevando toda una vida dedicada al ejercicio de las letras, se ponen felices cuando aparece otro integrante de los locos cuerdos que se animan a escribir y a mostrar lo que escriben. Se ponen felices y les dan la mano para sostenerlos mientras comienzan a transitar el camino que ellos recorrieron y seguirán recorriendo, siempre.