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Flora autóctona: las palmeras nativas de Entre Ríos

Espacio destinado a la difusión y a la concientización de la importancia de conocer nuestra flora. Aportes de Ramón Velázquez y Enrique Germano

En Argentina existen once especies de palmeras nativas; tres corresponden a la Provincia de Entre Ríos.

En el centro y norte de la provincia se encuentra la eco región del Espinal (distrito del Ñandubay).

Al sur se encuentra la eco región del Delta y Selva Paranaense; es en esta área donde habita la más conocida de nuestras palmeras, la Pindó (Syagrus romanzoffiana).

En el Espinal, con bajas precipitaciones y vegetación xerófita coexisten las otras dos variedades.

La Palmera Yatay (Butia yatay), para cuya conservación se creó El Parque Nacional El Palmar, en la ribera del río Uruguay.

En el noroeste provincial está la famosa Selva de Montiel y en ella se encuentra la más desconocida de nuestras palmeras, la palma Caranday (Trithrinax campestris).

· La Pindó es la especie más conocida, elegida por su porte elegante y crecimiento rápido (higrófita, con alto requerimiento hídrico). Crece en las riberas siendo la que le da el nombre al Paraná de las Palmas. Tiene connotación religiosa para los guaraníes, también llamada Yva pita (frutos rojizos en guaraní). Se cultiva como ornamental y desde hace algunos años es elegida para arbolado urbano en boulevares, veredas y plazas.

· La otra especie representativa de nuestra identidad entrerriana es la Yatay; la encontramos en El Palmar de Colón.

Es una palmera de menor requerimiento hídrico, vive centurias y resiste incendios forestales. Su fruto es una drupa dulce usada en licorería; actualmente se ha puesto en valor sus propiedades gastronómicas. En la reserva Aurora del Palmar han logrado una carta con bebidas, chutney, salsas y repostería. Podríamos considerarla como palmera insigne provincial.

· La especie menos conocida y apreciada es la Palma Caranday de la Selva Montielera; su nombre significa palmera chica en guaraní (Karanda-i). Su región otrora inaccesible y sus espinas bífidas apicales que hacen necesario el uso del guardamonte para el jinete, tal vez sean responsables del poco aprecio de esta especie. No ha tenido áreas protegidas para su conservación, aunque se está gestionando un nuevo Parque Nacional y existe una modesta reserva privada El Caranday con todo el bioma Montielero.

· Las fibras extraídas de sus hojas se usan en cestería y antiguamente se usaron para las suelas de las alpargatas. Suelen crecer agrupadas dando aspecto achaparrado de color verde con tonalidad gris azulado, bajo sus hojas secas anidan aves.

Las tres especies merecen nuestro reconocimiento y cuidado.

Convendría incorporarlas como ornamentales, acorde a los nuevos paradigmas del paisajismo, basado en la naturaleza

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